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jueves, 4 de julio de 2019

De Pesca por el Curueño

El tramo alto del río Curueño junto con el del Torío esconden algunos de los mejores y más desconocidos enclaves montañosos de la Cordillera Cantábrica en León. Lagos de origen glaciar como el Isoba y el Ausente, solitarios puertos como el de Vegarada por el que transcurría una antigua calzada romana, profundas Hoces como las de Valdelugueros y Valdeteja, acompañan a grandes hayedos y robledales y a una rica fauna y flora. Un lugar para los que el viajero no encontrará, como decía Julio Llamazares 《 palabras ni en el corazón ni en la memoria más antigua de su lengua, para plasmar en su cuaderno tanta paz,tanta solemnidad, tanta grandeza 》.

El Curueño en todo su recorrido es pura canción, pero además en este tramo medio - alto, a la altura de las Hoces de Valdeteja y Valdelugueros, dentro de la Reserva de la Biosfera de los Argüellos, es una sinfonía de alegres trinos y un constante murmullo de cascadas y corrientes, donde los tonos azules de sus aguas se convierten en verdes y la transparencia en espejo, y todo enmarcado en un cuadro de atrayentes y desbordantes paisajes que le dan un carácter único.

Río Curueño, Hoces de Valdeteja 

Río Curueño 
Este es territorio del oso pardo que en los últimos tiempos ha pasado de ser una fiera a convertirse en un símbolo de la vida silvestre amenazada, y de los esfuerzos de toda una sociedad por conservar su patrimonio natural, también del lobo ibérico, del urogallo, del águila real, del buitre leonado, o del alimoche, un visitante estival que suele cruzar el estrecho de Gibraltar a principios de marzo, un asiduo de los vertederos donde se atiborra de basuras humanas, sin olvidarnos entre otros de la nutría, hábil cazadora bajo las aguas. Pero por encima de todo es edén paisajístico de gran biodiversidad. 

Enriscado de bosques y roquedos, fauna y flora endémicas de estas tierras como la lagartija serrana o el lagarto verdinegro ( Lacerta scbreiberi ), o la bella mariposa macaón, una de las mariposas más conocidas no sólo aquí, sino también en el resto de Europa, aunque en Gran Bretaña es muy escasa, y en Irlanda apenas si se encuentra. La oruga del macaón es muy llamativa por su color verde amarillento con rayas negras y puntos rojos. Para defenderse de su principal depredador como son las aves insectívoras tiene justo detrás de la cabeza un órgano de defensa, este órgano en forma de horquilla emana un olor acre y encierra un líquido tóxico cuya finalidad es impedir que dichas aves la devoren.  

La primavera convierte el suelo de estas montañas en un sueño policromado con el amarillo de los narcisos ( Narcissus asturiensis ) endémico de la Cordillera Cantábrica y montes de León, o el azul violeta de la Gentiana verna, denominada por aquí como " gitanilla menuda". Las fisuras de las paredes calizas tienen también su propia flora, en muchos casos endémicas de estas montañas como la Potentilla nivalis astúrica que pertenece a la familia de las rosáceas de flores blancas con propiedades medicinales que se la atribuyen desde antiguo, o la Saxifraga canaliculata endémica de la Cordillera Cantábrica, es decir, de distribución limitada a esta zona, de flor blanca y fuertes raíces. Acompañados por ríos y riachuelos que se enrabietan en su descenso hasta encontrar tierras más suaves. Este bello territorio de la montaña central leonesa se abre al visitante con los brazos abiertos, ideal para quienes aman el deporte de la pesca y la conexión con la naturaleza.

Mariposa macaón

Potentilla nivalis astúrica 

Saxifraga canaliculata 

Esta provincia es así, capaz de fabricar ríos tan hermosos como este y, brisas en verano que curan mejor la cecina que las heladas de invierno. 

A principios de primavera, cuando el Curueño amanece con chorros de vaho, antes de salir el sol, entre dos luces, cuando el vientecillo limpio y frío de la montaña refresca las mejillas y las manos se vuelven torpes para anudar la mosca al terminal, esa hora mágica del sereno matutino, se oyen unos chasquidos, unos chasquidos sobrecogedores que se expanden en el eco de las montañas, chac,chac,chac, como si alguien chasqueara la lengua contra el paladar, chrrec, chrrec, chrrec, toc,toc, toc,como taponazos de champán, es la voz del rey de las aves y del silencio, es la voz del urogallo que lucha por salir del grupo de especies en peligro de extinción, empieza la época de amores, el macho cesa momentáneamente su canto y espera... de repente se escuchan sones de guerra, es el chasquido de otro macho, es una contestación a su canción de guerra y amor, el se da por aludido y enardecido grifa las plumas de la garganta y despliega la cola en abanico al tiempo que eleva el pico como si rezara al cielo, y recomienza su canto, esta vez con más ardor que antes, tapándose los ojos con los párpados, concentrándose en la voz que emite, como si no quisiera perderse ninguna nota, la orquesta del bosque suena y retumba por todas las Hoces del Curueño, bella balada de amor en su más primitiva expresión. Entre tanto, sin darme cuenta, absorto escuchando la música celestial del urogallo comienzan a salir los primeros rayos de sol y de repente, escucho en la lontananza ladridos semejantes a los de un perro, son agudos y potentes, capaz de dejar ensimismado a la persona que lo escucha por primera vez, es el príncipe del bosque, es el corzo, entonces me asalta la duda, no se que hacer, si seguir escuchando las melodías del bosque o concentrarme en capturar alguna trucha, a este paso también voy a perder la postura del mediodía.

Urogallo 

Lagartija serrana 

Aquí se respira aire puro y fresco de la montaña, aquí huele a trucha y en verano también a hierba recién cortada que servirá de sustento al ganado en los fríos días de invierno que por aquí suelen ser glaciares. ¿ Qué tendrá este río para desbordar tanta belleza? Quizás la presencia constante de la piedra caliza que bordea el cauce formada hace millones de años por los caparazones de infinidad de moluscos marinos, o tal vez el conjunto de puentes romanos y medievales que componen una de las imágenes más conocidas y bellas de este río, no lo sé! Lo cierto es que aquí cuando uno práctica el deporte de la pesca se siente deportista y disfruta de toda la grandeza que ofrece este deporte. Sin embargo, el pescador que pretenda hacerse con algún buen ejemplar de trucha autóctona o simplemente pasar una exitosa jornada de pesca deberá estar en buenas condiciones físicas, además de sabiduría para engañar a las recelosas truchas y, sobre todo mucha afición, a cambio el Curueño le ofrecerá naturaleza en estado puro, pero sobre todo la desconexion del mundanal ruido.

Río Curueño 

Trucha del Curueño 

A medida que nos acercamos a su nacimiento en el puerto de Vegarada, en la llamada Vega del Coruñón, el valle se va cerrando, las corrientes se vuelven ruidosas discurriendo entre peñas cada vez más angostas repletas de curvas, vericuetos y endiduras que el Curueño sortea con habilidad hasta formar pozas profundas donde encuentran su morada las grandes truchas, estos escenarios formados por la topografía del río fueron aprovechados por los furtivos para capturar truchas ilegalmente.  

Hace algunos años, la pesca en los ríos leoneses empezó a formar parte de un sistema económico, por lo que para algunos ya no era tanto la necesidad de alimentarse como de aumentar su hacienda. Empezó a surgir por los pueblos ribereños una figura llamada " los trucheros ", que periódicamente recorrían los pueblos para comprar truchas que luego vendían en los mercados y restaurantes. Era tanta la codicia entre los pescadores para sacar unas pesetas del río que no dudaban en emplear cualquier modalidad prohibida. Surgió entonces otra nueva figura " el furtivo profesional ", que solo se dedicaba a este negocio. Todo era bueno para ganarse el jornal o en la mayoría de los casos aumentar los haberes desde el butrón, la nasa, los cables eléctricos, el trasmallo, cuerdas durmientes, el espartel, la garrafa, la oscuridad de la noche etcétera. En aquellos tiempos no muy lejanos el ingenio estaba tan agudizado que llegaban a colocar cestas debajo de los saltos naturales del río que tenían que superar las truchas en su remonte hacia los frezaderos donde tenían lugar el desove, modificando la altura del salto con ramas y piedras, de tal manera que las truchas al no poder superar dicho salto caían en la cesta que previamente habían colocado debajo. De hay que tantos pozos lleven el mismo nombre " pozo de la cesta ". Los furtivos profesionales eran personajes muy astutos, conocedores perfectamente del río donde actuaban, unos seres ingeniosos para crear todo tipo de utensilios ilegales para pescar, unos burladores de la ley y de la vigilancia, unos estrategas para conseguir sus propósitos. Tal herencia parece que en cierto modo ha pervivido hasta nuestros días, pero afortunadamente estas prácticas y otras similares se han superado. 

El Curueño recibe el aporte de varios ríos como El Pinos, El Faro o el río Labias, y de infinidad de regueros y arroyos, toda una sucesión de arterias que dan cobijo entre sus aguas a las pocas truchas autóctonas que aún nos quedan en esta provincia leonesa, truchas finas y bravas con una librea especial que solo tienen las del Curueño. 

" Pozo de la cesta " río Curueño 

El otoño aunque corto es en este tramo del Curueño una época de disfrute para los cinco sentidos. Entre las paredes rocosas, los frondosos bosques de fresnos, hayas, robles, avellanos, sauces y chopos ofrecen un espectáculo de color sin par. En esta estación el Curueño se pone el fastuoso vestido de la nostalgia, las primeras lluvias hacen aumentar poco a poco el flojo caudal que le ha dejado el estiaje del verano, la mayoría de los pescadores han recogido los aparejos hasta la próxima temporada, el Curueño se queda solo y en silencio, para los árboles ha llegado la hora de la metamorfosis cromática, las hojas van cediendo el color verde a los ocres, amarillos y vermejos, formando una variedad de tonalidades capaz de acallar la paleta del mejor pintor, mientras que los chopos, los más genuinos representantes de nuestro soto se van despojando lentamente de su vestido de oro y, cuando el viento otoñal les quita sus amarillas hojas caen estas al río provocándole la dulce sonrisa de ondulantes círculos, y se van muy lejos a servir tal vez de mantillo a otros lejanos árboles.

La Braña

Caprichos de otoño en el Curueño 

Otoño en el Curueño en todo su esplendor 

Este tramo fue vía importante de las comunicaciones romanas, los productos extraídos de estas tierras leonesas principalmente oro y plata se pasearon durante muchos años por la calzada romana que paralelamente al río todavía se puede localizar. El dificultoso paso natural de estas montañas se volvió artificial labrado por los leoneses de antaño con sudor y vidas dejadas en las rocas hasta convertir este trazado peligroso en vía accesible hacia tierras asturianas. 

El carácter montañés se exhibe aquí en que la grandiosidad del espacio natural se conjuga con los vestigios históricos. Estos pequeños pueblos de postal, fueron tierras de reyes y nobles cuyas huellas quedan hoy patentes y son fácilmente localizables en restos de castillos, monasterios y torreones, que recogen un rico patrimonio cultural y artístico como son las obras del arte religioso provenientes del románico popular leonés y, sobre todo su conjunto de puentes romanos y medievales que jalonan la calzada romana.

Puente romano sobre el Curueño 

Puente romano - medieval de Valdepielago 

Gentes de estos pueblos que tienen mucho que enseñar y ofrecer, restaurantes y casas rurales en los que degustar los platos que dan carácter a estas tierras como son la típica caldereta de cordero, el lechazo asado,el pollo de corral o el afamado cocido montañés, sin olvidarnos de la cecina entrecallada de chivo, todo pensado para facilitar el descanso y el sosiego de los visitantes.

Recreadores legionarios romanos

La Venta del Aldeano 

Estas tierras de la montaña central leonesa son sobre todo hogar de muchos hogares. Lo que palpita en medio de tanto pedestal erguido, roca y árboles, es nada menos que una serie de abarrotadas comunidades vivientes, a veces tan limitadas y cercadas como los mismos urogallos, osos y lobos que hacen de este ámbito uno de los más vivos y, por tanto jóvenes del viejo mundo, pero que al estar en la justa y digna proximidad de los humanos se convierten en el rescoldo, en la brasa bien encendida sobre la que soplar, para que el horizonte se ilumine ante nuestros ojos como si cada una de nuestras miradas fuera un nuevo amanecer. Ahora cuando el hombre ha alcanzado un nivel de desarrollo que parece poder moldear a su antojo la naturaleza, nos toca inventar fórmulas nuevas y eficaces para que eso siga siendo posible.

Un día de pesca por el río Cea.

El Cea es uno de mi ríos preferidos, lo fué antes y lo sigue siendo ahora. Las truchas de este río te sacan una docena de metros de línea en un suspiro, y como tienen tanta defensa debajo del agua, en la mayoría de los casos te quedas con cara de tonto, osea, sin trucha, sin mosca y sin parte del bajo de línea.

Cualquier " mosquero " entenderá fácilmente los momentos de tensión que se puede llegar a vivir en este escenario con truchas que superan en muchos casos el kilo de peso.

Cuando clavas un ejemplar como este en un palmo de agua, sientes la fuerza, te tira, parece como si quisiera llevarte a su morada, sueltas la línea por miedo a romper el fino terminal y el carrete canta ¡ vaya si canta ! Ni la mejor de las sinfonías nos puede producir mayor placer auditivo. 


Es cierto que este río no es fácil de pescarlo, es incomodo y aveces imposible de lanzar, pero la satisfaciones que te proporciona son imbersamente proporcionales a la dificultad.

Pescar este río con sedal pesado puede llegar a ser un auténtico desafío para el más consumado " mosquero ". Sus orillas cubiertas por infinidad arbustos entre los que se encuentran las tan temidas y odiadas zarzas, junto con otras malezas que enfajan el río, lo combierten en ocasiones en un pequeño arroyo, y este contratiempo será una de las dificultades a vencer.

En ocasiones hay que meter la mosca en sitios que a causa de la espesa vejetación de zarzas y arbustos, parece realmente imposible hacerlo, aunque los mejores ejemplares los he pescado bajo estas circunstancias. 


La situación del pescador dentro del río en constante vadeo aguas arriba, inmerso en la mayoría de los casos en un túnel vejetal, ante la imposibilidad de realizar lances frotales y laterales por el riesgo constante de enganchar la artificial, será el lance rodado el más apropiado. 

La pesca en estas condiciones puede llegar a ser desesperante para algunos aficionados un tanto nerviosos. En alguna ocasión me he visto obligado a arrodillarme dentro del agua para poder realizar un lance rodado y presentar la mosca en el lugar elegido. 

Pero no es menos desesperante trasladarse a pie fuera del cauce, cuando por razones de orografia del río o por otras causas nos vemos obligados a salir del agua, la densa vejetación que en ocasiones sobrepasa nuestra altura sin ninguna senda o camino visible que nos guíe, nos veremos obligados hacer un sobreesfuerzo para trasladarnos de un lugar a otro, que luego pagaremos en forma de calambres si no estamos físicamente bien preparados.
Sólo por el afán de superación y autodominio encontraremos la razón para intentar pescar este río.

La espesa vejetación herbácea que escoltan al río por sus dos márgenes, dificulta enormemente caminar y nos exige un esfuerzo extra. 

Ahora bien! No todo son incombenientes. Como primera compensación tendremos el goce de conseguir lances difíciles, casi imposibles, depuraremos nuestro estilo y conseguiremos la destreza necesaria para vencer tantas dificultades. 

Tendremos además otra compensación, el valor de una captura es siempre mayor cuanto mayor haya sido las dificultades y el esfuerzo empleado. Pero sin duda la mayor compensación la tendremos cuando consigamos ver uno de estos ejemplares como los de la fotografía en nuestras manos, algunos con más de un kilo de peso. Entonces todo lo vivido hasta la fecha en cuestiones de pesca serán meras anécdotas y entraremos por derecho propio en otra etapa de la pesca con mosca. 

La astucia de estas veteranas truchas para desprenderse del anzuelo no es nada común, hasta el punto de que un pescador poco experimentado difícilmente se hará con alguna de ellas. Estas truchas en su desesperada defensa utilizan mil y una tretas, siendo la más común aferrarse a las raíces sumergidas, dando una vuelta entre ellas para afianzar su resistencia facilitando la salida del anzuelo de su boca al perder este la tensión con el bajo, quedando la mosca prendida en las raíces y la trucha libre.
La tensión de nuestra línea siguirá igual, pero ahora no es la trucha la que tenemos prendida en el extremo de nuestro bajo sino alguna rama o las propias raíces. ¡Chapeau por ellas!

Otro bello ejemplar capturado con un lance rodado y una mosca del 20. La alegría que te proporcionan estas capturas en un escenario tan complejo de pescar, no tienen comparación alguna. 

Amigo pescador, si tienes la suerte de engañar un ejemplar adulto como estos, en un palmo de agua con un lance rodado, seguramente que tu corazón se te acelerará, el tiempo se precipitará, y la incertidumbre de sacar el pez de entre la maleza sumergida seguramente te hará perder los nervios y equivocarte de estrategia, pero si aciertas... si aciertas de verdad, vivirás unos momentos intensos llenos de felicidad y satisfacción por el trabajo bien hecho, porque todo habrá funcionado a la perfección, desde el nudo que habitualmente haces para unir diversos tramos de monofilamento al bajo, hasta el nudo para empatar la mosca, también el propio monofilamento habrá resistido todas las sacudidas de la trucha, y tu inseparable caña habrá respondido como esperabase de ella, sugetando bien la trucha, llevándola en todo momento a tu terreno y no por donde ella quería zafarse. 

Por todo ello amigo pescador, aunque estés solo pescando y nadie te oiga o te hayan visto, te felicitarás a ti mismo, y si eres fumador posiblemente encenderás un pitillo para calmar los nervios que aún perduran en tu cuerpo, y si no eres fumador secarás la mosca sin prisa pero sin pausa para buscar nuevas capturas que te hagan vivir nuevas experiencias, teniendo en cuenta que siempre nos quedará algo por aprender en este maravilloso mundo de la pesca con mosca.


Son truchas bonitas y robustas, pero además, lo que cautiva difinitivamente al pescador deportivo, es su forma de luchar, de defenderse, noble y franca. Sacudidas salvajes en todas direcciones, desafíos de poder a poder que no resiste cualquier bajo, ni cualquier corazón. 


En esta época de finales de primavera y principio del verano, el Cea discurre generalmente en su nivel normal de caudal, ni alto ni bajo. La pesca con sedal pesado y mosca seca tiene muchas posibilidades de ser exitosa, las truchas están cebadas a gran variedad de insectos terrestres caídos de la fronda de las orillas al agua y llevados por la corriente río abajo, además de por la propia fauna invertebrada con vida subacuática que pueblan estas aguas. 


Independientemente de pescar con imitaciones correspondientes a las emergencias del momento, puedes emplear artificiales de pequeños coleópteros, hormigas, dípteros, avispas, avejas, saltamontes, y un largo etcétera de imitaciones genéricas de insectos terrestres. En situaciones de aparente escasa actividad puedes recurrir al empleo de pequeñas ninfas o perdigones practicando una pesca al " agua ", te puede sorprender con la facilidad que en pequeñas corrientes, las truchas que aparentemente no dan signos de actividad surgen de las orillas solapadas desplazándose hasta el centro del río para tomar la artificial.  


Tratar de definir qué artificial poner puede llegar a ser aquí toda una utopía, lo mejor será la propia observación que hagamos sobre los insectos que en ese momento populan por el río, y sobre todo nuestra propia experiencia de jornadas anteriores será la que nos guíe a cada momento del día.

Una pausa para reponer fuerzas y aclarar ideas nunca biene mal, el cuerpo nos lo agradecerá y la mente también. 

Avanzada la temporada, dependiendo del año climatológicamente hablando, este río disminuye considerablemente el caudal en su recorrido natural, incrementado la temperatura del agua y disminuyendo la oxigenación.
La insolación propia de la época facilita el desarrollo de la flora subacuática, transformándose el lecho del río en una verde pradera sumergida, formada por largas y ondulantes cabelleras adornadas por su floración blanca emergente. 


Las truchas a pesar de todo siguen acumulando peso y se sitúan preferentemente entre éstas frondosas algas o ocas que las proporcionan sombra, protección y alimentos, pues dan cobijo a una variedad de fauna invertebrada como son los camarones de río, ninfas, larvas o caracolillos por citar algunos. Las truchas entonces se vuelven más esquivas y desconfiadas, siempre alertas a cualquier peligro, y se hace verdaderamente difícil capturar alguna, pero a la vez la pesca en estas condiciones se hace más interesante. 


Esta es otra dificultad más añadida a las anteriores que pone de nuevo a prueba la habilidad y precisión en nuestros lances, ya que es mucho más probable que se pose la mosca sobre las algas que en el agua. En estas circunstancias una buena concentración y coordinación de los movimientos para conseguir la precisión necesaria afín de colocar la mosca en el sitio justo, junto con una posada suave son a mi juicio las claves del éxito.

Con estas truchas se requiere experiencia, osea, paciencia y equilibrio. Al final, con un poco de suerte se puede llevar alguna a la sacadera ¡ impresionante !

Ahora bien! El pescador que tenga miedo perder alguna mosca, más vale que busque otros ríos más abiertos, aquí nadie hace un buen día de pesca sino está dispuesto a arriesgar en los lances. 
En la mayoría de los casos, el pescador estará más interesado en no perder la mosca que en posarla en el sitio extratégicamente más adecuado. Aquí estriba la gran diferencia entre hacer una pesca de truchas " juveniles " o de respetables " adultas ".

En estas posturas no valen segundos o terceros lances. Si no aciertas a la primera en el sitio justo donde posar la mosca, habremos perdido seguramente una buena oportunidad. 


Los lugares más dificultosos suelen estar virgenes de artificiales. Las truchas adultas buscan estos sitios obsesivamente y cuando los localizan se establecen en ellos, hasta que por circunstancias mayores como grandes riadas que destruya total o parcialmente la postura, o como consecuencia de sucesivas capturas por parte del pescador deportivo, los abandonan.

El río en este lugar es inmejorable, son de los pocos sitios que podemos hacer lances frontales. Ribera frondosa, orillas a media altura, con un buen equilibrio entre chorrera y tabla. Perfecto para pescar a mosca seca o ninfa. 


Vencer las abversidades, integrarse en la Naturaleza sin alterarla, respetar al resto de pescadores así como llegar incluso a amar nuestras truchas, es lo que yo entiendo por pescador deportivo, que en su evolución ha llegado a convertirse en un inveterano " mosquero ".
Para el otro pescador, para el aficionado que solo persigue una pesca serena y aveces contemplativa, pescar alguna trucha puede llegar a ser secundario, lo realmente importante para el es la integración en la Naturaleza y la paz que disfruta lejos de la sofisticada y estresante civilización.

Otras veces hay que meter la mosca en huecos que no tienen más de cincuenta centímetros de diámetro, o bajo las ramas de los árboles que casi tocan el agua . Lances laterales a ras del agua son absolutamente imprescindibles dominar si queremos tener éxito. 

Conseguir engañar estos ejemplares y vencerlos en un match deportivo, con una pequeña artificial atada a un fino nailon puede llegar a ser ¡ toda una epopeya !

DE PESCA POR EL OMAÑA.

Todos hemos soñado alguna vez con ese gran día en que desde las truchas más pequeñas a las más grandes se ponen a comer con verdadero frenesí. Muchas veces me he preguntado ¿porque hay días en que las truchas sin previo aviso no paran de subir a la mosca? Este pequeño detalle amigo pescador, es la clave de seguir temporada tras temporada detrás de ellas. Esta ilusión que se mantiene viva pase lo que pase y digan lo que digan algunos "aguafiestas", es lo que nos anima a seguir día tras día vadeando los ríos, a pesar de lo poco que se preocupan las Administraciones por ellos.

La librea de estas truchas son espectaculares, muy parecida a la librea de las truchas autóctonas que hace muchos años poblaban estas aguas.


Historia de un día de pesca por el Omaña  

Son las doce del mediodía, un sol de justicia impone su ley, mis únicos compañeros son algunos pájaros y, como no, los mosquitos, no los que pican, esos que parecen reactores cuando se aproximan a uno, me refiero a los otros, a esos que siempre vuelan en manadas alrededor de los ojos, esos que te persiguen hasta el infinito esperando que tengas un descuido para introducirse dentro del ojo ¿que buscarán ahí dentro?


El río fluye algo bajo. Ato al terminal un flor de escoba, está tan mordido que no es ni la sombra de lo que fué, prácticamente no es más que el anzuelo y algunas fibras que sustentan el tejadillo. Las del collar de flotación se cuentan con los dedos de una mano. Estas moscas con aspecto deplorable son mis favoritas, siempre recurro a ellas cuando las cosas se ponen difíciles y las  truchas están muy pescadas.  

Pruebo el primer lance al lado de una piedra grande, donde el agua golpea fuerte formando miles de burbujas, clavo la primera, el anzuelo se clava justo en la punta del morro de una hermosa trucha, al intentar meterla en la sacadera tropiezo y culera, afortunadamente no pasa nada, ni ami ni a la trucha que sigue enganchada al anzuelo, después de varios tiras y aflojas consigo meterla en la red, una pintona genuina de estas aguas, casi igual a las autóctonas que pescaba yo aquí hace cuatro décadas.


Todo el Omaña es ideal para pescarlo a mosca seca. Las posturas se suceden una tras otra y parecen no tener fin. 

Con mucho sigilo voy remontando el río por la margen derecha haciendo lances laterales de revés. Estos lances cambian los esquemas del normal empleo del brazo lanzador. Para los pescadores que no somos ambidiestros, es este un lanzado que debemos dominar con soltura, pues son multiples las situaciones en acción de pesca que nos obligan a realizarlo, especialmente en estos ríos naturales.   

A esta primera trucha le sigue alguna más, todas engañadas con la misma mosca, y devueltas al agua sin más. El reloj marca las dos, a partir de aquí comienza la fiesta. Durante las tres horas siguientes el río bulle con toda sus fuerza. Cambio el flor de escoba que a duras penas se mantiene a flote por uno nuevo, las truchas lo aceptan sin ningún recelo. 

El calor sigue aumentando de forma descarada. Todo mi cuerpo suda a grandes cantidades, continuamente bebo agua de una botella que llevo en el chaleco, está caliente pero no importa, las ansias de nuevas capturas no me dejan ponerla a enfriar, las truchas están entrando y no me dan tregua. Empapo un pañuelo con el agua del río y me lo paso por la frente y el cuello para aliviar algo este calor bochornoso. Las polarizadas se me empañan constantemente, esto es algo que me saca de mis casillas, pero tengo que seguir con ellas puestas, ya siento otra vez la escuadrilla de mosquitos sobrevolando a la altura de los ojos, se me hace que me siguen un millón de ellos, intento espantarlos con la gorra, pero no hay manera de que me dejen en paz. Busco el spray nuevo que compré en un bolsillo de mi chaleco, me embadurno cuanto puedo, aunque no demasiado, el olor me mata, es un olor a mandas podridas, una mezcla nauseabunda de basuras en descomposición.Tal vez sea un arma química de destrucción masiva. Haber si este nuevo funciona de verdad.

Sol y sombra. El pescador agradece estos pocos espacios abiertos para hacer lances largos y sorprender a las truchas. 

En mi camino me doy de frente con un pequeño salto de agua y una larga tabla. Lanzo lejos bajo las ramas de una salguera, con precisión, concentrado en lo que hago, sube un hermoso ejemplar al tricóptero, parece de buen tamaño por el tirón que siento en la muñeca, aguanto sin forzar la línea hasta que la veo. Digo para mis adentros ¡que buena es! La trucha al verme pega un tirón fuerte y me obliga a soltar línea, el freno del vivarelli hace bien su trabajo, pero está algo flojo y tengo que regular yo mismo la salida de la línea.  

El fantasma de que se suelte me ronda la cabeza, procuro traerla a mi terreno, sin prisa pero sin pausa, la tengo cerca, la caña se dobla como un arco y la trucha poco a poco va cediendo, me agacho, casi me arrodillo para no asustarla. 
Después de varios tiras y aflojas la introduzco en la sacadera, su medio kilo yace en la red. En mi rostro se nota las mieles del triunfo, solo falta colocarme una corona de laurales sobre la cabeza. La quito el anzuelo, no parece muy fatigada, no obtante la reabilito unos minutos mientras la saco una fotografía, la única foto del día a una trucha. 

La miro como si fuera la primera vez que veo una trucha, su forma aerodinámica y su librea me fascinan, concebidas para nadar y protejerse de sus enemigos. Al cabo de unos pocos minutos empieza a mover de un lado a otro la aleta caudal y noto que quiere marcharse, la suelto y sale como un obús río arriba. Entonces sonrio feliz.

Aveces, da la sensación de que el río está muerto, sin actividad alguna, sin embargo, las truchas, especialmente las adultas, buscan en estos días caninos de verano, las sombras que las proporciona los árboles de las orillas y que las protegen del sol abrasador del mediodía, pero siempre al acecho de posibles presas. 

La hora de los toros  

El reloj marca las cinco de la tarde, miro al flor de escoba, está algo deteriorado por las sucesivas tomadas, pero en perfectas condiciones para seguir pescando con el. Estos tricópteros montados con pluma Pardo Flor de Escoba de los gallos de León, si están bien montados duran una eternidad, además no necesitan engrasarlos para que floten, un par de falsos lances es suficiente para secarlos. 

El calor sigue insoportable, empiezo a notar los primeros síntomas de deshidratación, se me ensaliva la boca, un poco agotado (los años no perdonan), resbalo en una pequeña losa y una nueva " culetada ", esta con mojadura incluida, pero no me importa, parece como si estuviera deseando un chapuzón. Dudo por unos momentos si hacer una pausa o seguir pescando, de repente me acuerdo del bocadillo que traigo en el chaleco y decido sentarme a la sombra de un árbol para reponer fuerzas. 

Me pregunto cuantas truchas habrán pasado hoy por mis manos, calculo que una docena, o tal vez más, no estoy seguro, ni tampoco me importa mucho, lo realmente importante es que todas siguen en el río. Después de dar buena cuenta del bocadillo y la cerveza, recojo todos los desperdicios y los meto en una pequeña bolsa de plástico, todo de nuevo al chaleco. 

Son ya las seis de la tarde, durante más de cuatro horas no he parado de sacar truchas y el agotamiento apesar de la pausa empieza hacer mella en mi cuerpo. Estas jornadas de pesca no son ni deberían ser ya esas carreras alocadas contra reloj de antaño, lanzando y vadeando el río sin parar todo el día. La fiebre de la pesca con el tiempo se va calmando, aunque para unos antes que para otros, es evidente.

No es nada sencillo meter la mosca por debajo de las ramas de los árboles. Si calculas mal, corres el riesgo de perder la mosca y lo que es más importante, una buena oportunidad. 

La sensatez 

Entretanto las truchas han dejado de cebarse, las polarizadas ya no se empañan, y el spray que me costó un ojo de la cara parace que esta vez si a surtido efecto. Pero la sensatez se impone y decido regresar al coche que afortunadamente no está muy lejos. 

Camino por la orilla del río sin salirme de el. Muy cerca ya del coche me doy de frente con una tabla larga de aguas semiparadas, (las dos fotografías de arriba). Cerca de mi, observo una cebada debajo de las ramas de una salguera, sin dudarlo un segundo presento el flor de escoba correctamente, la trucha sube a por el, pero lo rechaza, de inmediato cambio el flor de escoba por una emergente carne del 20, con pluma clara de gallo de León. Lanzo la mosca dos metros por encima del círculo que provocó la cebada, la trucha sube con franqueza a la mosca, y esta vez no la rechaza. Con un sutil movimiento de la caña, la trucha queda prendida del anzuelo por el morro. 

Es un hermoso ejemplar, el mayor que he tenido hoy en mis manos. La quito el anzuelo y la suelto sin más, sale disparada, no quiero perder tiempo y decido cambiar de estrategia y pescar esta tabla de aguas semiparadas con discreción, presentando la pequeña emergente debajo de las ramas de los árboles que prácticamente tocan el agua. 

Los lances se suceden uno tras otro, son algo complicados, pero la fina línea con la que estoy pescando y el bajo no muy largo, me facilitan las cosas. Las capturas se suceden, no paro de clavar ejemplares respetables, están todas apostadas a la sombra que las proporciona la fronda de las orillas, ¡vendita nueva Ley de Pesca pienso! Esto ya se va pareciendo más a los ochenta. Lo de la mañana fué una broma comparado con esto.

Hay muchos lugares del río donde los árboles nos protegen del sol abrasador del verano, formando una especie de toldo con sus ramas entrelazadas de orilla a orilla. 

¡Ahora sí!

Vuelvo a mirar el reloj, son las ocho de la tarde, el tiempo se ha pasado sin darme cuenta, de repente el cansancio parece haber desaparecido. 
A unos metros del final de la tabla de aguas someras, una trucha me rompe el bajo de línea  llevándose la mosca, ni siquiera me dió tiempo a ver por donde se fué. De repente, todos mis pensamientos empezaron a girar en torno a esa trucha ¿algo habrá fallado me pregunto? Quizás algún nudo de viento en el bajo, o tal vez me precipitara al clavarla, a estas alturas después de una intensa jornada de pesca todo es posible. Espero que la trucha se las apañe bien para desprenderse de la mosca, estos anzuelos sin muerte se sueltan con bastante facilidad.  

Ahora sí, ahora doy a la palanca del vivarelli y recojo la línea y lo que queda del bajo.Trepo como puedo por una corta pero empinada cuesta llena de rocas punzantes y de ortigas, las voy sorteando como puedo con alguna dificultad, algunas ortigas llegan a rozarme los brazos y me producen un pequeño escozor ¡malas hierbas exclamo! Por fin el coche aparece a la vista, debajo de una frondosa palera, tal como lo dejé por la mañana, pero ahora a la sombra que le proporciona la vieja palera. En este momento lo que más deseo es una cerveza fría con gaseosa, espero que El Corral de Sandalio esté abierto.

De regreso  

Mientras saboreaba la cerveza con gaseosa apoyado en la barra del bar, donde antaño las cuadrillas de pescadores se reunían para contar las anécdotas de la jornada y refrescar las resecas gargantas, mi vista se desvío hacia unas botellas de licores antiguas con algo de polvo que reposaban en la estantería, junto a las botellas también había algunas cuerdas de ahogadas algo marchitas y deslucidas por el tiempo. Entonces, todos mis recuerdos se comprimieron en ese momento y pensé que la vida de un pescador pasa muy rápida, y que es demasiado bella para vivirla solamente una vez.

Me acordé de algunos pescadores que conocí en este río y de otros muchos que ya no están con nosotros y que se fueron para gozar eternamente en los maravillosos ríos de aguas puras y cristalinas llenos de hermosas truchas que sin duda Dios tiene dispuesto en el Cielo para premiar a todos los pescadores buenos y sencillos como fueron ellos. Me acordé también de las maravillosas pescatas que mi hermano y yo hicimos en este río y de los ratos inolvidables que pasamos juntos, de las largas y fructíferas jornadas de pesca, vadeando y lanzando todo el día sin parar.

Mientras mis pensamientos vagaban erráticos en busca de recuerdos acumulados a través de una vida intensamente vivida, alguien que estaba a mi lado me preguntó, 

-¿como se dió? 

-Alguna moví. 

-¿pero enganchó alguna? 
-
-Si hombre, alguna pesqué. 

-Si es que ya no se repueblan los ríos, me dice. Antes si que había truchas, que de mozo bien que cogiamos buenos mendrugos a gusarapin, y con el verano entrado a mano debajo de las piedras. 

-¿y se repoblaban los ríos antes? 

-No hacia falta, que había muchas, me dice. 

-¿que pasó entonces? 

-Pues eso, que ya no se repueblan.

-¿y si los repoblaran? Le pregunto. 

-pues podría pescar usted más truchas. 

-si, tal vez podría pescar más truchas. ¿y que haría después?

-después podría venderlas, regalarlas o hacer lo que quisiera. 

-¿y qué piensa usted que estoy haciendo ahora? 

-Lo que usted me dice lo hice durante muchos años, pescar muchas truchas, ganar más, gastar más, y total ¿para que? Para nada. Un hombre realmente tiene muy pocas necesidades verdaderas, pero hay que llegar a mayor para darse cuenta de ello. 

-Le digo sinceramente que me basta con pescar un par de truchas de vez en cuando, de disfrutar de estos ratos de tertulia, saborear una buena cerveza fresca, disfrutar del sol, de la lluvia y de la belleza de estos pueblos, y porque no, de una buena jornada de pesca como la de hoy, y lamentar el no haberme dado cuenta antes de que la vida es mucho más simple de lo que la gente cree. 

El hombre no contesto, solo apareció en su rostro una pequeña sonrisa. En realidad no tenía nada que decir.   
  
Ya dentro del coche de regreso a casa, seguía pensando... soy un afortunado de ser pescador y doy gracias a Dios de haberme permitido conocer este maravilloso mundo de la pesca con mosca y de unirme muy fuerte a la naturaleza. 

Las Truchas del Órbigo.

Ver subir una trucha de un par de kilos a por la mosca, es una de las mayores satisfaciones para un " mosquero ", sí además te la coje, será sin duda un placer especial entre los placeres. Si a todo esto añades que has creado tu mismo la mosca, entonces habrás conseguido sobrepasar límites de satisfacción inimaginables. Si con todo, esa mosca es una pequeña artificial que a duras penas puedes seguir su deriva entre dos corrientes diferentes, entonces amigo pescador estarás ante uno de los más exigentes retos que un " mosquero " se le puede presentar.

La protagonista

El miércoles pasado me tocó pescar el E.D.S. de Villanueva de Carrizo en el río Órbigo. La mañana la pasé visitando un familiar en Espinosa de la Ribera, un pueblo próximo a este escenario. Después de comer me presenté en el río a las tres de la tarde.

El tramo a pescar ya lo tenia decidido de antemano, así que aparqué el coche a la sombra de unos árboles, muy cerca del río, al lado mismo del puente de hierro, antiguo límite superior.

El río bajaba bien de caudal, quizás algo bajo, pero ideal para pescarlo a mosca seca. Algunas cebadas intermitentes era el panorama a primera vista, nada que hiciera presagiar un buen día de pesca, nada de eclosiones masivas, nada de nubes de tricópteros, nada de exhuvias vacías flotando en el agua,  tan solo algunas efímeras sueltas de tonos claros. 

Até al terminal un flor de escoba. Estas moscas son las mejores para tantear el ambiente, después con el transcurso de los acontecimientos Dios proveerá como decía un buen amigo mio. 

Las subidas se sucedían con bastante frecuencia, pero con desigual efectividad, mientras la mayoría de las truchas rechazaban el tricóptero, otras sin embargo lo tomaba sin mayor recelo. Pronto me di cuenta que había mucha trucha, mi posición dentro del río junto con la posición del sol en esos momentos, me favorecían para ver con toda claridad las truchas apostadas una detrás de otra.

En estas condiciones pescar a pez visto representa una gran ventaja para el " mosquero ". No me refiero a ver el círculo que produce la cebada de una trucha en la superficie del agua, me refiero a ver a la propia trucha, ver su evolución cuando la presentamos la mosca, ver sus movimientos de un lado a otro, de arriba abajo, porque con poca agua, casi nunca están quietas en el mismo sitio.

La rasera

A la media hora de comenzar, veo una silueta grande y oscura en medio de la rasera, a unos cien metros  agua arriba del puente de Carrizo, ¿tal vez una trucha grande pensé?  Al acercarme sigilosamente pude comprobar que se trataba de un hermoso ejemplar de dos kilos, o quizás más, atento  a todo lo que transportaba la corriente.  

El cerebro de un " mosquero " en estas circunstancias, sea cual sea su tensión sanguínea, pone a la trucha sobre una báscula imaginaria y la pesa, y procura no equivocarse demasiado para luego, en caso de capturarla, no llevarse una desilusión. 

La trucha había elegido una postura difícil para presentar la mosca entre dos corrientes diferentes, pensé que por algo estaba allí.
Con el primer lance intenté presentar el flor de escoba como mejor podía, pasó  al lado pero demasiado rápido, ni siquiera se fijó en el, al segundo intento pasó por encima de ella más o menos correctamente y solo lo miró, ni siquiera hizo  amago de subir.
Entre tanto la trucha se desplazó un par de metros aguas arriba, entonces cambié el flor de escoba por una emergente carne en CDC del 20. Tenia  serios problemas para introducir el naylon del 12 por el ojal del anzuelo ¿ los nervios ? Tal vez, no siempre se presenta una oportunidad como esta, y más en los tiempos que corren. 

Lancé por encima de la trucha con suma delicadeza, concentrado en lo que hacía,  la línea voló por el aire y la mosca se posó con esa deliciosa dulzura que la proporciona las fibras de cul de canart, con extremada delicadeza, como lo hacen los copos blancos de polen cuando son liberados de sus ramas por una suave brisa.
Sin embargo, no calculé  bien la distancia y la línea se posó  en la corriente más fuerte, provocando al instante el dragado de la mosca.
Dejé la línea derivar con la corriente sin levantarla hasta haber sobrepasado seis u ocho metros la postura de la trucha para no asustarla. 

Una de las cualidades inherentes a un pescador con mosca es la fe, creer en lo que haces, y a partir de esta fe, que para algunos es virtud, se origina un verdadero culto hacia una determinada forma de pescar, hacia una determinada mosca. Resulta difícil pescar sin fe, sin convinción en lo que haces. Sin la confianza de uno mismo, la pesca con mosca resulta completamente inútil. 

Volví a intentarlo por sexta vez, de repente casi me da un " patatús ", la trucha subió  lentamente a por la mosca, y la clavé como hay que clavar estas truchas, con serenidad y templanza, dando un toque sutil a la caña hacia arriba décimas antes de que  tome la mosca.

Entoces todo sucedió muy rapido, la trucha al verse prendida por el anzuelo salió rabiosa del agua, pegando un salto por lo menos de dos metros, retorciéndose en el aire como si volara, todo lo que pude hacer en ese momento era sujetar la caña mientras la trucha arrancaba como una locomotora río arriba mostrándome su poderío, como diciendo esto solo acaba de comenzar. 

Haciendo alarde de su increíble fuerza, me sacó casi toda la línea de la bobina. En esta primera embestida se fué más de vente metros aguas arriba, el backing ya era visible en la bobina. De nuevo otro salto fuera del agua, daba la sensación de estar viendo algún video de pesca del salmón atlántico, al caer daba tremendos coletazos que provocaban una explosión de espuma. Cada pocos metros de línea que recuperaba, los volvía a perder enseguida. 

Estos primeros diez minutos de tanteo, de lucha de poder a poder no tiene comparación alguna, es un espectáculo apasionante lleno de incertidumbres. Para quienes no hayan tenido la fortuna de experimentar estas sensaciones, les sugiero que visiten este escenario del río Órbigo. 

Entre tanto la trucha seguía tirando de una manera endiablada. mis brazos empezaban a sentir la fatiga producida por la tensión de los músculos, de repente, inesperadamente se dejó descolgar río abajo en dirección a mi posición, entonces empecé a recoger línea a toda velocidad, como si no hubiera hecho otra cosa en mi vida. A ocho metros de donde me encontraba, la trucha se paró y de nuevo la línea se volvió a tensar,  respiré aliviado, supuse que se había parado al verme por primera vez. 

Las sensaciones empezaban a ser positivas, la tenia bien controlada, la trucha desesperada, en su afán de supervivencia, buscaba algo a que aferrarse, pero no lo encontraba, todo estaba limpio a su alrededor, la única escapatoria posible era meterse en la corriente, pero ni siquiera eso seria suficiente para romper el bajo, el agua apenas me llegaba por las rodillas y me golpeaba con poca fuerza.

Noté  por unos torpes movimientos que ella también está fatigada, pero no quería  precipitarme, no quería  cometer ningún error que luego me tubiera que arrepentir, pero lo cometí, actué como un principiante, las ansias de meterla antes de tiempo en la sacadera me cuesta otros doce metros de línea fuera de la bobina, ¡idiota de mí exclamé! El mundo se me vino  encima. 

Los científicos hablan del agujero negro, del origen del universo y la inmensidad del cosmos, pero somos nosotros, los pescadores con mosca los que experimentamos la eternidad comprimida en unos pocos minutos. De pronto, todo el universo es una trucha, y ha estado a punto de marcharse. No tendría perdón de Dios, si por mi torpeza malograra esta captura. 

Entonces hice lo que hay que hacer en estos casos, primero serenarse, y luego cansarla hasta que prácticamente ella sola entre en la sacadera.
Cuando por fin la vi atrapada en la red exclamé, ¡Gracias a Dios! Es hermosa, es una trucha como las de antes.
Mientras la reabilitaba, a duras penas podía hacerla una foto, tuve que salir casi fuera del río, no quería causarla más estrés del que ya tenía, yo también necesitaba un descanso, los dos habíamos terminado agotados. 

En este juego de estrategias, al final siempre suele ganar el más inteligente.
Cuando note que quería marcharse la solté y se fué río arriba, se fué despacio, como resignada por haber perdido la partida, triste por haber sucumbido al engaño de una mosca artificial, pero esperanzada por verse de nuevo libre, pensando que la próxima vez, el pescador que quiera  engañarla va a tener que esforzarse mucho más que en esta ocasión. 

Posiblemente las truchas no hablen, pero en su instinto de supervivencia quedará gravado por mucho tiempo esta desafortunada equivocación que tuvo hoy.

La mosca

Después de este episodio, lo que sucedió posteriormente fueron pequeñas anécdotas, hasta que la sombra de los árboles se adueñaron del río, entonces las grandes de verdad dejaron su morada protectora para pasar a posicionarse sin ningún recelo en las mejores posturas del río.

De nuevo cambié la pequeña mosca por el flor de escoba, ahora sí, ahora lo tomaban sin ninguna precaución.  El carrete cantaba una y otra vez, yo le dejaba que cantara todo lo que quisiera, eran melodías cortas, pero sonaban a gloria, parecía que estaba clavando siempre la misma trucha, pero no, eran truchas diferentes, truchas kileras en su mayoría ¡ increíble!

El reloj marcaba las ocho y media, cada vez tenia más dificultades para ver la trayectoria del tricóptero, al tiempo se levantó algo de viento que rizada el agua, las truchas dejaron de cebarse, al menos con la intensidad que lo habían hecho hasta entonces. 
En ese momento decidí dejar de pescar, ya estaba bien, el Órbigo me había regalado un buen día de pesca, y recompensado con creces muchas horas infructuosas a pie de este hermoso río.

La de la sombra 

Ya en el coche mientras me cambiaba, pensaba que estos escenarios, no sólo nos ofrecen la posibilidad de pasar un buen día de pesca a poco que se muevan las truchas, también estimulan las reuniones de grupos de pescadores, desarrollando encuentros deportivos, competiciones oficiales etcétera, que contribuyen a fortalecer el deporte de la pesca, a que no quede relegada a un mero pasatiempo, e incluso a la desaparición. 

Todos los años, las competiciones incorporan nuevos jóvenes valores, con nuevas ideas y nuevos métodos de pesca, y contribuyen a que el resto de pescadores nos conozcan y nos visiten. Sólo hace falta que el resto de los tramos de los diferentes ríos leoneses, vuelvan a presentar poblaciones de truchas eceptables, aunque no sean como las conocidas hace décadas. 

Antes de arrancar el coche me acerqué a ver por última vez la rasera que había estado pescando. Las truchas seguían cebándose, entonces recordé que aún me quedaba otro permiso para este escenario. Espero tener suerte y poderlo visitar de nuevo esta temporada, no me gusta repetir tramo del mismo río en la misma temporada, pero visto lo visto, quien sabe.

domingo, 27 de noviembre de 2016

De Pesca por la Ribera Baja del Torío

Cuando los pescadores hablamos o escribimos sobre este río, casi siempre nos referimos al tramo medio y alto, olvidándonos a menudo que existe otro tramo, quizás más humilde, menos conocido, pero no por ello menos interesante para la pesca deportiva y la naturaleza.

El Torío desde el puente de Villanueva del Árbol. 

Por esta razón te sugiero que me acompañes para juntos vadear, observar y conocer cada palmo de esta parte baja del río Torío y de paso si me permites, enseñarte mi tierra, colarnos por sus bosques, sus pueblos, costumbres, historia y tradiciones. Quizás mañana esto que te voy a contar no sea lo mismo y no deberías perder esta oportunidad de conocer este tramo bajo del Torío.

Vista parcial de la vega baja del Torío. Al fondo, Villaverde de Abajo.  

Lo primero que te sorprenderá de esta ribera es su monte tupido de roble. En Villanueva del Árbol donde comienza nuestra andadura, es monte de viejas tierras de centeno con grandes calvas en sus laderas, lo mismo sucede en Villasinta, San Feliz del Torío o Villaverde, sin embargo, a la altura de Garrafe y Manzaneda, es todo un bosque de respeto. Así es este paisaje por arriba, pero en la vega, el praderio es lo que manda.

Antes de seguir te diré que la vega de los ríos han sido zonas tradicionalmente muy utilizadas por el hombre para sus actividades agrarias y ganaderas, esto no es casual, ya que albergan terrenos especialmente ricos debido al progresivo depósito de materiales por parte del río en sus crecidas, sin embargo, la cercanía al cauce no está libre de problemas y cada cierto tiempo el río se cobra su tributo ocupando de nuevo lugares que el hombre poco a poco le ha ido arrebatando.

Ahora entenderás por que la cultura popular conocedora de estas cuestiones, ha tratado de contrarrestarlo construyendo un entramado de sebes a modo de diques hechos con sauces, paleras y zarzas, que además de su utilidad para delimitar la propiedad, sirve también para frenar el ímpetu del río durante las crecidas y dar a la vez cobijo a muchas colonias de pájaros y pequeños mamíferos y hasta frutos silvestres como las moras y los brunos.

El praderio y las sebes. Al fondo el monte.  

Verás pueblos a uno y otro lado del río, todos muy cerca del agua, menos Villasinta, Valderilla y Fontanos, que han preferido subirse al monte, quizás por precaución o tal vez para tomar más el sol. El color ocre de la arcilla, es el color predominante de las casas que siempre han estado sujetas a los materiales de la zona y aquí querido amigo, hay poco más que arcilla y canto. 

El verde es el color del verano, para recibir al invierno, el monte y la arboleda eligen su capa parda y tostada y en cualquier caso se percibe que la vida estalla o se contiene, pero siempre se nota.

 El roble es la especie forestal dominante.



El matorral mediterráneo forma parte de estos montes.

Ya sabes que es roble casi todo lo que ves del monte y aun más allá donde no te alcanza la vista, aunque aveces tengas la sensación de estar contemplando un monte apolillado con algunos remiendos como viejos cultivos de cereales, laderas repobladas de pinos raros, calveras, torrenteras acarcavadas en los lomos del monte por lluvias y temporales, pues tiene mucha vida como veras más adelante.

Típica cárcava de este lugar en terreno arcilloso causada por el agua de las lluvias. 

El tojo

Compartiendo con el roble esta tierra pedregosa, se extienden unas plantas que llegarán a serte familiar, son las escobas, las urces y las zarzas o majuelos y una gran variedad de plantas menudas y hierbas como el tojo, con su flor amarilla y ramas espinosas, el tomillo, la achicoria dulce y un largo etcétera que podrás descubrir si tienes la mirada curiosa. 

Este será el cuadro vegetal que podrás contemplar a simple vista practicando la pesca, pero si estas interesado en algo más, entonces tendrás que dejar la caña y adentrarte en el bosque y verás torrenteras acarcavadas donde se refugian una vegetación profusa como los rosales silvestres o rosa canina, conocida por aquí como "agavanzos" que florece de mayo a julio y produce frutos al final del verano de color rojo intenso llamado "tapaculos" o "escaramujos" y es comestible en crudo tras quitar las semillas, también se usa para confeccionar mermeladas, confituras y jaleas. El nombre de rosa canina es un epíteto que se le fue dado por la forma de los aguijones o espinos similares a los caninos de un perro.

También podrás ver escardamulas o "amor de hortelano" de flor color rojo púrpura intenso, el fruto de esta planta es una bola con muchos garfios que se adhieren a los animales para su difusión y cuando se secan se vuelven de color pardo. 

Los majuelos y su fruto los "majolinos" que se pueden comer y también se usan para hacer licor de orujo. El tojo espinoso, la zarzamora, la madreselva o "pata de cabra", la gayuba o "uva de oso" con el fruto de color rojo vivo, la menta silvestre, también llamada "hortelana del perro", es una hierba típica de humedales y es que estas laderas brota agua de numerosos manantiales que en muchos casos no se ven, no afloran a la superficie y solo empapan la tierra.

La alfombra final la componen musgos, tomillos, achicoria, cardos, brezos rastreros, el gordolobo y cientos de hierbas más.

Flor de rosa silvestre de color rosa pálido 

Fruto de la rosa silvestre, " tapaculo "o "escaramujo "

Rodeando los pueblos están los huertos que complementan un recurso básico para muchas familias, en ellos se cultivan preferentemente cebollas, berzas, pimientos, tomates, patatas, guisantes y otras hortalizas. Los árboles frutales son manzanos y perales, pero hay también nogales, ciruelos y alguna higuera. 

Ya en el soto del río veras plantas de viva flor, plantas salvajes que medran a sus anchas como la boca del dragón, la viborera o "lengua de vaca" de color púrpura cuando está en capullo, cambiando a violeta o azul cuando florece. La menta de agua, cola de caballo y muchísimas más que seguro colmarán tu interés por la botánica. 

Si a todas estas plantas que puedes ver añades las setas y hongos, comprenderás el inmenso cosmos vegetal que puede encerrar esta humilde tierra.

Escardamulas o " amor de hortelano "

La huerta

En el praderio podrás observar que hay arboleda suficiente para albergar colonias de cernícalos, urracas, estorninos o "tordos", grajos, cuervos, zorzales, pájaro carpintero o "relinchón", milanos que anidan en los chopos más altos y más difíciles de trepar y las precavidas torcaces. 

En los huertos que te cruces podrás contemplar al petirrojo o "pimentero", un pájaro muy sociable, atrevido y curioso que acostumbra a salir del bosque para instalarse en los huertos donde marca su territorio y si presiente algún peligro o invaden su parcela emite una voz de alerta, chip - chip - chip parecida al del ruiseñor. También podrás ver verderones, verdefinos, jilgueros, carboneras, pinzones y hasta cincuenta especies más. 

Dentro de los pueblos, si te da por visitar alguno, veras golondrinas, vencejos y muchos, muchos gorriones, amén de palomas caseras y quizás entre ellas alguna tórtola. En los tejados abubillas, lechuzas nunca faltan, y en los atardeceres veraniegos muchos murciélagos.

Cernícalo
 

Petirrojo o " pimentero " 

Los mamíferos salvajes quedan prácticamente reducidos a las inmediaciones del lecho fluvial, aunque cuando el río lame la ladera del monte como sucede en Matueca, es buen sitio para el tejón y hasta el propio jabalí baja hasta los huertos y cultivos a hozar en busca de tubérculos y otras presas.

El jabalí " solitario " encuentra en estos montes su palacio. Feo y repulsivo, de orejas rectas y pequeñas, cabeza enorme y desproporcionada, con un cuerpo al que sostienen cuatro patas muy cortas, tiene el olfato y el oído muy finos y la vista de poco alcance, y como su pescuezo carece de juego, no puede girar a un lado ni a otro su enorme cabeza, esta es la razón por la que embiste siempre de frente.

Gusta mucho este animal de hacer un habitáculo en los lugares más recónditos del monte porque detesta el ruido y la vecindad del resto de animales.
Errante siempre, persigue a la hembra con ardor, y con sus eróticas andanzas se le erizan las cerdas sobre el cuello como el penacho de un sombrero tirolés, y va regando la tierra con la blanca espuma que sus dientes destilan. 

Su salvaje y fiera condición, y su valor para hacer frente a su enemigo, hacen de él un feroz y temible adversario, sobre todo desde la edad de los tres a cinco años cuando aún sus colmillos no se han debilitado ni retorcido. Sus costumbres son tan ásperas y duras como su piel, y en cambio tan finos sus sentidos del olfato y el oído que hay que sorprenderle cara al viento en la noche, y en el más absoluto silencio, porque las emanaciones las percibe a gran distancia haciéndole cambiar momentáneamente de ruta.

Al llegar la primavera y el verano con sus radiantes campos de trigo y amapolas, el "solitario" saliendo hosco de su guarida, con su aspecto repulsivo, su gran cabezota y la mirada de sus ojos cerdosos y pequeños fijos siempre en la tierra, se acerca a los cultivos y tal destrozo hace en ellos con sus temibles colmillos que en breve tiempo convierte el lugar en el más desolado del campo.

Es pues el javali un puerco salvaje, un feroz animal libre e indómito, que no ha sido ni será jamás esclavo ni amigo del hombre. Sin embargo, no es el javali una bestia feroz, sus anhelos son tres : el primero encaramarse plácidamente durante el día en lo más recóndito del monte, el segundo, que no le hostiguen cuando al llegar la noche sale a buscar su alimento cotidiano basado fundamentalmente en raíces, castañas, bellotas, frutos y granos de toda especie, y saciar luego su sed en charcas y regatos, la tercera es perpetuar la especie como cualquier otro animal con el más absoluto respeto.

También algunos ejemplares de oso pardo se acercan hasta esta zona atraídos por las colmenas, algunos no dudan en acercarse a pocos metros de las poblaciones ribereñas para zamparse la miel, una de sus pasiones alimenticias. Son animales muy astutos y cautelosos por lo que resulta difícil sorprenderles, salvo que les esperemos de noche y siempre contra el viento. 

Seria imposible relatarte el mundo de los insectos terrestres, solo decirte que son una parte imprescindible de la vida, sin ellos no verías ni pájaros ni peces en el río, ni plantas florecer en primavera, ni otras vidas.

Manto de Oro ( Lycaena virgaureae )

Este monte que ves a tu alrededor, como todo monte leonés, tiene inquilinos permanentes entre los que destaca el lobo, el corzo y el raposo, hay también liebres y conejos silvestres y una larga lista de fauna menor entre hurones, ardillas, musarañas, lirones, ratones, topillos y alguna culebra de escalera.

La ardilla no se contenta con tener una sola casa o nido, sino que se permite el lujo de tener varios, lujo o picardía, lo cierto es que tiene varias casas y con dos puertas : una la principal, orientada al mediodía para tomar el sol y la otra de escape y con mucho confor, con musgo y brozas finas que recoge con esmero y también con plumas de los nidos de los pájaros que roba con astucia. 

Son tan sensibles a los cambios atmosféricos como las aves acuáticas, a la primera señal de mal tiempo cada ardilla se introduce en su nido, una vez allí, tapan los agujeros por donde penetra el viento y a dormir hasta que pasa el temporal, aveces se reúnen varias en el mismo nido para ir conllevando el miedo. Cuando huye de un peligro, trepa siempre por el lado del árbol opuesto a donde cree que está su enemigo, se oculta bien y no saca más que la cabecita para enterarse de lo que pasa. Se alimenta con granos, frutas, bayas retoños y especialmente con piñas.

Es cosa muy agradable y entretenida verlas comer, singularmente piñas, se sientan graciosamente en una rama echando la cola sobre la cabeza, sujetan la piña con las patitas delanteras y después de darla muchas vueltas y mirarla y remirarla, la arrancan las escamas una a una y van sacando los piñones que roen con lentitud y comen con delicadeza de refinado sibarita. En años de mucha nieve que no pueden almacenar provisiones, suelen morir muchas en los nidos. 

Podrás ver también al arrendajo común o "gayo" con su plumaje muy llamativo y un obispillo blanco encima de la cola, se trata de un pájaro muy ruidoso y poco sociable, se pasa media vida escondiendo y almacenando bellotas de los robles y las que roba de otros animales como las de la ardilla para consumir en invierno. 

También podrás ver a la lechuza y algún milano real en vuelo de observación. Alcotanes, búhos, aguiluchos y otros cincuenta pájaros más vuelan y anidan en esta fronda. 

Las perdices frecuentan las tierras de labor, si presienten algún peligro, en vez de apeonar como lo hacen en Tierra de Campos, emprenden un vuelo rasante todo el bando hacia el monte donde se sienten seguras. 

Si andas con sigilo, en más de una ocasión te sorprenderá el aleteo explosivo  y ruidoso de las torcaces sesteando a la sombra que las proporciona los robles y si el paseo es en otoño o invierno, posiblemente te tropieces con alguna becada o choca perdiz, pues esta ave tiene en estos montes su hábitat preferido. 
Te resultará difícil distinguirla entre la hojarasca gracias al camuflaje perfecto de su plumaje, aunque es muy raro que a tu paso aguante posada, tan solo aguanta cuando se siente acosada por el perro del cazador. Durante el día permanece escondida, solo al anochecer sale a alimentarse principalmente de lombrices hundiendo su largo y fino pico en la tierra.

Becada o choca perdiz  (pitorra).

El río

El Torío nace montañero en Piedrafita, se hace callejón en las Hoces de Vegacervera y se convierte en pura ribera antes de llegar a la ciudad de León donde cada temporada se debate entre las crecidas y el estiaje, pero sigue siendo un río natural en esta ribera baja, y como tal te encontrarás con raseras y corrientes más o menos rápidas, separadas por pozos y tablas de aguas más someras, algunos tramos en escalera, caleños, remansos, tablas profundas, algún puerto y canal de riego.  

El fondo está compuesto de canto rodado y en algunas partes podrás observar una especie de roca de tonos ocre, que no es otra cosa que un conglomerado de materiales que se han erosionado con el tiempo formando pequeños pozos y cavidades donde se refugian las truchas cuando comienza el estiaje que por aquí suele ser muy severo. 

La vegetación subacuática es escasa, debido entre otras causas a las fuertes crecidas que tiene que soportar este río casi todos los años, incrementando la velocidad del agua desde que los gobernantes se empeñaran en canalizarlo, osea hacerlo recto en algunos tramos, empleando un modelo memo e ingenieril de alicatado a base de grandes piedras y hormigón, provocando que el resultado final sea un caudal perfecto pero que origina cambios radicales en todo el ecosistema del río. 

Tan solo veras las piedras tapizadas de un alga verde un poco resbaladiza que en ocasiones te hará perder el equilibrio y bailar por unos momentos el charlestón, pero que tiende a desaparecer a medida que transcurre la temporada de pesca. 

Para algunos gobernantes, esta parte baja del Torío no ha sido más que un montón de agua que había que doblegar y encauzar hasta la extenuación y el estiaje.
Debes saber querido amigo, que en poco o nada se parece este río a lo que un día fue. Es tal la transformación que ha sufrido, que será prácticamente imposible que algún día llege a recuperar su pasado esplendor. Sin embargo, a pesar del maltrato que a diario tiene que soportar, el Torío siempre se ha caracterizado por la capacidad regeneradora de vida, por eso sigue siendo un río truchero de renombre y lleno de vida.

Encauzamiento del río en algunos tramos. 



El Torío a principios de temporada, (puente de Manzaneda).

A mediados de temporada, (mismo lugar).

Con las truchas conviven barbos, escallos, bogas y bermejuelas, cuya pesca ha sido diversión de pequeños y no tan pequeños. Todos estos peces tienen una aleta dorsal y no poseen dientes en la boca como las truchas, pero si los tienen en la garganta con los que trituran el alimento. 

Es frecuente ver a las hembras de los sapos en primavera portando y depositando los huevos fecundados, "la sapina". Tienen mala fama entre los pescadores por que se les achaca el amedrentar a las truchas que dejan de moverse y se refugian en los pozos. 

También la colmilleja tiene aquí su hábitat. Es el más humilde y pequeño de nuestros peces, solo mide tres o cuatro centímetros, vive en el fondo del río y se pasa el día rebuscando su alimento en las graveras y arenas del lecho fluvial. Tiene tres pares de barbillones al rededor de la boca y una espina debajo del ojo alojada en una foseta que puede erguir como elemento defensivo. 

Carente de interés como especie deportiva por su escasisíma talla, la colmilleja cumple un inestimable papel ecológico consistente en la retirada de material orgánico del río, contribuyendo al mantenimiento de la pureza de las aguas. En todos aquellos remansos limosos donde pueda hozar con sus pequeños barbillones, ella rebuscará desde el crepúsculo hasta el alba diminutas partículas detríticas orgánicas y las transformará en carne de si misma, que un día cualquiera será alimento de la culebra de collar, de la urbana cigüeña, de la garza real, o del martín pescador que siempre presuroso sobrevuela rasante el río, actuando así como almacén temporal del material orgánico que pudriria el agua si se acumulase. 

Por eso la colmilleja no sólo ha de tener el respeto que toda criatura viva merece, sino aumentado en el más alto grado por ser un eficiente auxiliar en la limpieza de los ríos y que los pescadores siempre hemos valorado como la sociedad en su conjunto comienza a valorar, por las recurrentes y persistentes sequías que nos flagelan y que seguirán presentes en nuestras vidas, pues son fruto peculiar de nuestro clima agravado por el cambio climático.

La colmilleja 

En los árboles de las orillas que enfajan el río siempre hay una buena pajarada en espera pacienzuda de que los subimagos despierten de su letargo. Zarceros, mosquiteros, lavanderas y algún pinzón no paran de saltar nerviosos de rama en rama en espera de que comience el festín diario. 

Cerca del agua anda siempre el avetorillo que además de alimentarse de insectos y crustáceos, también lo hace de pequeños peces a los que captura con un picotazo rápido y preciso. 

Apeonando incansable por los rabiones anda  el mirlo acuático en busca de larvas de insectos. Si tienes surte también podrás ver al chorlito chico sacando adelante la pollada entre los guijarros de las orillas, al policromado abejaruco, incansable cazador de insectos alados, la urbana cigüeña, la garza real de plumaje gris azulado y de aspecto elegante y pausado vuelo, la flecha cobalto y roja del martín pescador en vuelo rapidísimo, especialista en arponear en picado alevines de bermejuelas, el ánade real y las pollas de agua son también asiduos de esta ribera. 

El principal concierto pajaril audible lo compone el silbido de la oropéndula, visitante estival de esta parte baja del Torío, la flauta del ruiseñor, la estrofa explosiva del ruiseñor bastardo, denominado por aquí como chiquili-chiquili, el relincho del pájaro carpintero y otros tantos pájaros más ligados al cauce.

El abejaruco 

El martín pescador en vuelo rapidísimo.  

Dos serpientes frecuentan esta ribera: la culebra de collar y la viperina, llamadas también culebras de agua, la más común es la viperina de dorso rojizo y negro, es depredadora de pequeños peces, su actitud de defensa es aplastar el cuerpo y hacer ademán de morder como si fuera una víbora. 

También la inofensiva culebra de collar de tono verde oliva con el collar amarillo anaranjado, al no producir veneno su defensa más frecuente es expeler un fluido de olor fétido, otras veces cuando se siente acosada fingir que esta muerta.

Culebra viperina. 

Culebra de collar. 

Un sinfín de pequeños animales deambulan entre las piedras del fondo como larvas de insectos, moluscos, crustáceos y algunos más. De este conjunto los más interesantes para ti son los insectos acuáticos como los Ephemerópteros, los Pérlidos, las Friganeas y los mosquitos. 

El ciclo biológico de estos insectos incluye metamorfosis que implica como seguramente tu bien sabes profundos cambios hasta llegar a la false adulta o imago. Si la metamorfosis es completa como sucede con las Friganeas o mosquitos, las formas juveniles se llaman larvas que son activas y pupas normalmente inactivas.

Si la metamorfosis es incompleta como las efímeras o los pérlidos, toda la etapa juvenil es activa, algunos pescadores las llaman ninfas, mientras otros prefieren reservar este nombre para los individuos que ya tienen esbozos de alas, osea que el saco alar lo tienen más o menos desarrollado y oscurecidos y utilizando el término de larva para los estados previos que carecen de dicho esbozo.

Cangrejo de río autóctono. En la actualidad con medidas especiales de protección. 

Cómo ya te dije al referirme a los insectos terrestres, seria imposible describir cada especie de estos insectos acuáticos, además te resultaría aburrido, solo decirte que necesitarás varios días si quieres conocer y pescar todo esta parte baja del Torío. 

Los tramos o sectores de esta parte baja del río son más o menos todos iguales. Personalmente, me gusta el tramo que va desde el puente que da acceso al pueblo de Manzaneda hasta el siguiente puente a la altura de la finca experimental de plantas de la Junta de Castilla y León, perteneciente al pueblo de Manzaneda. 

Aguas arriba de este puente hay otro tramo muy interesante hasta el pueblo de Matueca. Antes de la nueva ley de pesca, era uno de los más visitados por los pescadores locales. También desde Matueca hasta el antiguo tramo sin muerte de Pedrún es interesante pescarlo. El tramo que va de Garrafe hasta el puente colgante de La Flecha y aguas arriba de este puente colgante, también son muy buenos, aunque en verano, esta parte baja queda muy mermada de agua. 

El primer tercio de la temporada te encontrarás con poca actividad en superficie, si acaso alguna ceba esporádica a pardones y olivas de principios de temporada. 
Antes, hace algunos años, a mediados del mes de marzo que se iniciaba la desveda, era habitual ver cebarse las truchas al mediodía con verdadero frenesí. Algo más adelante, en el mes de abril,  comenzaba a salir la Brachycentrus subnubilis "la sarnosa" que llamamos aquí, era una mosca que daba mucha trucha. 

También la mosca de mayo o mosca de la piedra daba las mayores truchas del río, pero por una razón u otra, estos dos insectos acuáticos han dejado de emerger y prácticamente apenas se ven, siendo irrelevantes para la dieta de las truchas.  

La verdad es que hecho mucho de menos estos dos insectos, como también hecho de menos a los cientos de pescadores que abarrotaban este ribera baja del Torío con todo tipo de cañas y señuelos, pero sobre todo hecho de menos la cantidad y calidad de las truchas que tenía esta parte baja del Torío. Esta es la razón por la cual solo lo pesco un par de veces en toda la temporada. 

Nunca pensé que llegaría a pescar este tramo bajo del Torío con la técnica de pesca al "hilo", pero hay que adaptarse a las nuevas circunstancias y la verdad es que me sorprendió gratamente la eficacia de esta técnica cuando la use por primera vez hace unos años y no dejo de practicarla cuando las circunstancias lo requieren. 
Si no la conoces y estás interesado en conocerla, en este mismo blog puedes consultar una entrada dedicada a este método de pesca, solo tienes que ir a etiquetas y hacer clic en " literatura de pesca ". 

En cuanto a los perdigones pesca bien el "púrpura" con bufanda roja, papo anaranjado y de cresta una lágrima de barniz negro. Avanzada la temporada y en ausencia de cebas, lo que más truchas mueve en aguas rápidas son los tricópteros flor de escoba de los números 16 y 18. Para aguas más someras alguna emergente, preferentemente con pluma clara de los números 18-20. Aquí te dejo un enlace para que hechos un vistazo a esta mosca que aquí es muy efectiva, la Serratella ignita. la "oliva".

También da buenos resultados a partir del segundo tercio de la temporada, una hormiga en tamaño pequeño (18-20) montada en parachute con el poste bien visible y presentada  por debajo de las ramas de las salgueras que rozan la superficie del agua. 

La pesca en general, pero especialmente en estos escenarios, debe ser pausada y ordenada y siempre rodeada de discreción. 
El fracaso del pescador muchas veces se atribuye a los señuelos mal elegidos o mal utilizados, a una técnica inadecuada, al tiempo o a la mala suerte, sin embargo, la razón suele ser en la mayoría de los casos una mala aproximación al pez que se asusta y huye antes de que se le pueda tentar. 

Al río y a la postura hay que llegar lo más discretamente posible aprovechando la vegetación u otro obstáculo para no ser visto, evitando hacer movimientos bruscos y ruido al andar y que los cantos del fondo no choquen unos con otros. En aguas lentas procurar no hacer olas y si es inevitable esperar quietos a que desaparezcan. Pero seguramente tu eres un gran pescador y no necesitas de estos consejos.

Perdigón púrpura 

Tricóptero flor de escoba 

Este recorrido por mi tierra no estaría completo si no te hablara de la gente, de nuestra historia y nuestras costumbres. No se sabe quién pudo ser el primer poblador de esta ribera baja del Torío, desde luego no fue gente muy establecida porque han dejado escasas huellas.

Quienes si dejaron rastro fueron los astures, pobladores mayoritarios de estas tierras antes de la colonización romana. Los astures como otras tribus Hispanas, eran descendientes de antiguos invasores hace unos cuatro mil quinientos años. Aquellos invasores venidos de muy lejos eran mongoles y esteparios euroasiáticos, aquí se plantaron exterminando a todo varón y librando a las mujeres para seguir pariendo con la semilla del invasor. De aquellas gentes mongolas descendieron los pueblos ibéricos de la Hispania descrita por Roma.

Los astures vivían en castros construidos sobre estos cerros que ves a tu alrededor, su agricultura era elemental y se les daba mejor la caza y el pastoreo que la pesca. Eran gentes indómitas guerreras que causaron mucho dolor a los romanos que conocieron esta tierra cincuenta años a.d.C.  Roma se dejó notar por estos parajes después de que se construyera el campamento militar por la Legio VII Gemina, en lo que posteriormente seria la ciudad de León en el año 68. 

Toda esta zona fue territorio abandonado, no se instalaron en ella ni árabes ni cristianos, solo a partir de la Reconquista comenzaron a levantarse monasterios, poblados y caseríos. Los dueños de las tierras eran de todo tipo, abades, algún noble con señorío, ciudadanos libres y hasta las hijas del rey ya que toda esta ribera fue infantado del Torío. 

Como te darás cuenta no es tierra esta de monumentos, se nota que no hubo aquí más señorío que el eclesiástico y algún lugareño enriquecido. Los monumentos más destacados son las iglesias, alguna casona blasonada y quizás las ruinas de anteriores poblados y monasterios como el de Abellar en Canaleja del Torío, uno de los más importantes de la cultura astur-leonesa. Las iglesias son construcciones del siglo XVII y XVIII con continuas restauraciones, en su mayoría son iglesias humildes como la de Villarrodrigo de las Regueras donde me bautizaron hace hace ya muchos años.

Iglesia de Villarrodrigo de las Regueras. 

Anteriores en el tiempo son las ermitas o lo que queda de ellas, hay casi una en cada pueblo como la de Villamoros de las Regueras del siglo X, pero la más popular es la de Boínas, último vestigio del antiguo poblado medieval de Godinas, se encuentra escondida en un rincón del valle que divide las dos laderas del monte, justo al lado del río Torío, rodeada de prados y bosques, como si no quisiera enseñar a nadie su belleza, como si quisiera esconderse de miradas curiosas, desde luego, ni San Francisco de Asís hubiera elegido mejor lugar para la oración y el sosiego. Del que no queda ni las ruinas es del monasterio de San Julián cerca de Ruiforco del Torío, fundado por el caballero Runforco a quien le fue encomendado por parte del Rey Alfonso III la repoblación de parte de esta ribera. 

Si tienes interés en el arte religioso, lo más destacado lo puedes encontrar en el santuario de Manzaneda que formó parte de un antiguo cenobio fundado por los monjes mozarabes provenientes del califato de Córdoba a los que el Rey Alfonso III ordenó instalarse en estas tierras para colonizarlas y repoblarlas. Este santuario bien merece una visita. Si te decides a visitarlo, te sorprenderá el colorido de la bóveda y el impresionante retablo del templo.

Ermita de Boínas. 

Santuario de Manzaneda. 

Pero la historia real, la historia de cada día fue y es, aunque en menor medida, la de gentes trabajando de sol a sol la subsistencia, gentes adiestradas en el trabajo duro. 

Tienes que saber que estás recorriendo con migo la patria del ganado y el azadón, la del hocil al cinto y podadera al hombro. Vivir aquí ha requerido no poco esfuerzo de las familias, gentes austeras en sus costumbres, aunque no poco alegres en sus fiestas patronales y romerías y se les nota una vieja hidalguía que da el saberse libre de señoríos desde hace siglos. Tendrán lo justo, pero han sido dueños de su presente y lo notarás en el talante abierto y digno con que te recibirán. 

Como todas las gentes leonesas somos el resultado de cruces y repoblaciones, como las mismas truchas que te deseo pesques muchas. Que nadie te hable de truchas autóctonas o de gentes dominantes, ni descendientes de astures, somos gentes descendientes de varias razas y colonizadores, lo mismo que un perro callejero, pues tenemos en nuestra sangre algo de romano mediterráneo, de godo europeo, algo de judío, y mucho de moro africano. Somos hombres y mujeres nacidos de aquellos pueblos que un día se inventaron en la Reconquista, emparentados con gentes de otras riberas y latitudes.

Aperos agrícolas 

Cuando se instalaron los primeros repobladores medievales, aquellos que inventaron estos pueblos que ahora ves, tuvieron que vivir fundamentalmente del ganado para los que reservaban los mejores pastos y todo ese praderio que tan familiar no son a los pescadores que llaman comunes, son de todos y todos los vecinos pueden mandar a ellos sus vacas o caballos. 

En este escenario, el calendario rural estaba marcado por un invierno desde noviembre hasta abril en que las actividades se reducían al pastoreo, limpieza de prados, cuidado de las cuadras, la matanza y las reparaciones o elaboración de utensilios y aperos agrícolas y todo el material necesario para la temporada agraria que comenzaba en noviembre con la preparación de las tierras de secano, en marzo con el sembrado y en julio y agosto con la siega del cereal. Antes en junio se le daba el primer corte a la hierba de los prados para secarla al sol y guardarla luego en el pajar, el segundo corte se le daba y se sigue dando en septiembre y octubre con la otoñada. 

Como comprenderás, en una población eminentemente agrícola y ganadera, veras poca industria. El arte popular ha sido aquí el nacido de la fragua y la construcción. Cuando se tiene que vivir de los recursos más inmediatos, el ingenio se afila para no tener que pagar lo que uno mismo puede hacer. Hasta no hace mucho, cada hombre de esta ribera sabia algo de carpintería, fontanería, albañilería, electricidad y hasta curtición del cuero, amén de la infinidad de trabajos y manualidades de las mujeres que han sido de siempre más artesanas que los hombres, ellas eran las encargadas de lavar, cardar y tejer la lana, casi todas las tareas de la casa y del corral tenían a la mujer como protagonista, ellas amasaban el pan, adobaban la matanza o hacían mermeladas y conservas, además de cuidar de los hijos. 

Pero el arte popular por excelencia de esta tierra ha sido la construcción, el arte de hacer adobes y tapial, de cantear los cantos del río o de aplomar muros, que prácticamente ha desaparecido.

Típica construcción de adobe y piedra 

Una cultura como esta solo ha podido sobrevivir aferrada a un sistema de tradiciones, de normas comunes y hereditarias, de costumbres que han ido perdiéndose en el tiempo. 

Las tradiciones establecidas fueron las relacionadas con la vida cotidiana y los recursos que ofrecía la tierra como la "vecera" o turno de vecinos para cuidar los ganados del pueblo, los "cotos" o zonas reservadas a pastos de temporada, el "concejo" aun hoy vigente y del que forman parte todos los vecinos cabeza de familia y mayores de edad que vivan solos o en compañía. 

En estos concejos, la mujer mucho antes que en el resto de Europa, podía participar con voz y voto. El toque de "rebato" o repique de campanas, para alertar a los vecinos de incendios, tormentas o cualquiera otra desgracia, la "hacendera" o trabajos comunitarios que debían acudir todos los vecinos por ser de utilidad común, aunque no siempre era así, el "rebusque" que toleraba que un vecino atropara las patatas o espigas después de haber sido cosechada la finca por el propietario. 

Como costumbre social destacó en su día la "filandera" o "filandón" una especie de velada de cháchara y cotilleo en la que se comentaba la vida del pueblo, se tejia, se remendaban calcetines, se apalabraban negocios o simplemente se hilaba una historia con otra.

También se pasaba de un vecino a otro "el palo de los pobres" para atender por turnos a los necesitados que llegaran al pueblo o la "derrota", costumbre de abrir todas las cercas de los prados para que el ganado de los más pobres del pueblo pudieran aprovechar desde otoño la hierba de la vega. Las tradiciones religiosas han aguantado mejor el paso del tiempo como las fiestas patronales, aunque como el cine, ya no es lo mismo.

Filandón, cuadro de 1872, Luis Álvarez Catalá

El modo de vida de estos pueblos castigados por la despoblación ha cambiado radicalmente. Ya no verás tantas tierras de centeno por las laderas del monte como antes, ni parvas en las eras de los pueblos antes de separar el grano. Hoy el principal recurso es la ganadería vacuna cumplimentado con los productos de la huerta y el monte, también los recursos sociales de pensiones y trabajos que algunos vecinos pueden hacer en la ciudad de León. 

Querido amigo pescador o no, si te decides a venir y conocer esta humilde tierra de la ribera baja del Torío, seguramente habrá cosas que te llamen la atención, informaciones que te de la gente con la que te cruces, quizás oigas alguna canción popular, o tal vez te llame la atención una planta rara o un simple insecto que ha despertado tu curiosidad, sea lo que fuere, eso lo tendrás que escribir tu mismo en tu memoria para que algún día puedas contárselo a tus amigos o a tus hijos.

Mi madre con mi hermano Luís y yo en Villamoros de las Regueras, río Torío.