BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

sábado, 16 de julio de 2016

Las Truchas del Órbigo.

Ver subir una trucha de un par de kilos a por la mosca, es una de las mayores satisfaciones para un " mosquero ", sí además te la coje, será sin duda un placer especial entre los placeres. Si a todo esto añades que has creado tu mismo la mosca, entonces habrás conseguido sobrepasar límites de satisfacción inimaginables. Si con todo, esa mosca es una pequeña artificial que a duras penas puedes seguir su deriva entre dos corrientes diferentes, entonces amigo pescador estarás ante uno de los más exigentes retos que un " mosquero " se le puede presentar.

La protagonista
El miércoles pasado día 13 me tocó pescar el E.D.S. de Villanueva de Carrizo en el río Órbigo. La mañana la pasé visitando un familiar en Espinosa de la Ribera, un pueblo próximo a este escenario. Después de comer me presenté en el río a las tres de la tarde. 
El tramo a pescar ya lo tenia decidido de antemano, así que aparqué el coche a la sombra de unos árboles, muy cerca del río, al lado mismo del puente de hierro, antiguo límite superior. 
El río bajaba bien de caudal, quizás algo bajo, pero ideal para pescarlo a mosca seca. Algunas cebadas intermitentes era el panorama a primera vista, nada que hiciera presagiar un buen día de pesca, nada de eclosiones masivas, nada de nubes de tricópteros, nada de exhuvias vacías flotando en el agua,  tan solo algunas efímeras sueltas de tonos claros. 
Até al terminal un flor de escoba. Estas moscas son las mejores para tantear el ambiente, después con el transcurso de los acontecimientos Dios proveerá como decía un buen amigo mio. 
Las subidas se sucedían con bastante frecuencia, pero con desigual efectividad, mientras la mayoría de las truchas rechazaban el tricóptero, otras sin embargo lo tomaba sin mayor recelo. Pronto me di cuenta que había mucha trucha, mi posición dentro del río junto con la posición del sol en esos momentos, me favorecían para  ver con toda claridad las truchas apostadas una detrás de otra. En estas condiciones pescar a pez visto representa una gran ventaja para el " mosquero ". No me refiero a ver el círculo que produce la cebada de una trucha en la superficie del agua, me refiero a ver a la propia trucha, ver su evolución cuando la presentamos la mosca, ver sus movimientos de un lado a otro, de arriba abajo, porque con poca agua, casi nunca están quietas en el mismo sitio.

La rasera
A la hora de comenzar más o menos, veo una silueta grande y oscura en medio de la rasera que precede al puente, unos cien metros aguas arriba del mismo ¿tal vez una trucha grande pensé?  Al acercarme sigilosamente pude comprobar que se trataba de un hermoso ejemplar de dos kilos, o quizás más, atento  a todo lo que transportaba la corriente.  
El cerebro de un " mosquero " en estas circunstancias, sea cual sea su tensión sanguínea, pone a la trucha sobre una báscula imaginaria y la pesa, y procura no equivocarse demasiado para luego, en caso de capturarla, no llevarse una desilusión. 
La trucha había elegido una postura difícil para presentar la mosca entre dos corrientes diferentes, pensé que por algo estaba allí. Con el primer lance intenté  presentar el flor de escoba como mejor podía, pasó  al lado pero demasiado rápido, ni siquiera se fijó en el, al segundo intento pasó por encima de ella más o menos correctamente y solo lo miró, ni siquiera hizo  amago de subir. Entre tanto la trucha se desplazó un par de metros aguas arriba, entonces cambié el flor de escoba por una emergente carne en CDC del 20, tenia  serios problemas para introducir el naylon del 12 por el ojal del anzuelo ¿ los nervios ? Tal vez, no siempre se presenta una oportunidad como esta, y más en los tiempos que corren. 
Lancé por encima de la trucha con suma delicadeza, concentrado en lo que hacía,  la línea voló por el aire y la mosca se posó con esa deliciosa dulzura que la proporciona las fibras de cul de canart, con extremada delicadeza, como lo hacen los copos blancos de polen cuando son liberados de sus ramas por una suave brisa. Sin embargo no calculé  bien y la línea se posó  en la corriente más fuerte, provocando el dragado de la mosca. La dejé  pasar y no la levanté hasta haber sobrepasado seis u ocho metros la postura de la trucha para no asustarla. 
Una de las cualidades inherentes a un pescador con mosca es la fe, creer en lo que haces, y a partir de esta fe, que para algunos es virtud, se origina un verdadero culto hacia una determinada forma de pescar, hacia una determinada mosca. Resulta difícil pescar sin fe, sin convinción en lo que haces. Sin la confianza de uno mismo, la pesca con mosca resulta completamente inútil. 
Vuelvo a intentarlo por sexta vez, de repente casi me da un " patatús ", la trucha sube lentamente a por la mosca, y la clavo como hay que clavar estas truchas, con serenidad y templanza, dando un toque sutil a la caña hacia arriba décimas antes de que  tome la mosca.  Entoces todo sucedió muy rapido, la trucha al verse prendida por el anzuelo salió rabiosa del agua, pegando un salto por lo menos de dos metros, retorciéndose en el aire como si volara, todo lo que pude hacer en ese momento era sujetar la caña mientras la trucha arrancaba como una locomotora río arriba mostrándome su poderío, como diciendo esto solo acaba de comenzar. 
Haciendo alarde de su increíble fuerza, me sacó casi toda la línea de la bobina. En esta primera embestida se fué más de vente metros aguas arriba, el backing ya era visible en la bobina. De nuevo otro salto fuera del agua, daba la sensación de estar viendo algún video de pesca del salmón atlántico, al caer daba tremendos coletazos que provocaban una explosión de espuma. Cada pocos metros de línea que recuperaba, los volvía a perder enseguida. 
Estos primeros diez minutos de tanteo, de lucha de poder a poder no tiene comparación alguna, es un espectáculo apasionante lleno de incertidumbres. Para quienes no hayan tenido la fortuna de experimentar estas sensaciones, les sugiero que visiten este escenario del río Órbigo. 
Entre tanto la trucha seguía tirando de una manera endiablada. mis brazos empezaban a sentir la fatiga producida por la tensión de los músculos, de repente, inesperadamente se dejó descolgar río abajo en dirección a mi posición, entonces empecé a recoger línea a toda velocidad, como si no hubiera hecho otra cosa en mi vida. A ocho metros de donde me encontraba, la trucha se paró y de nuevo la línea se volvió a tensar,  respiré aliviado, supuse que se había parado al verme por primera vez. 
Las sensaciones empezaban a ser positivas, la tenia bien controlada, la trucha desesperada, en su afán de supervivencia, buscaba algo a que aferrarse, pero no lo encontraba, todo estaba limpio a su alrededor, la única escapatoria posible era meterse en la corriente, pero ni siquiera eso seria suficiente para romper el bajo, el agua apenas me llegaba por las rodillas y me golpeaba con poca fuerza. Noté  por unos torpes movimientos que ella también está fatigada, pero no quería  precipitarme, no quería  cometer ningún error que luego me tubiera que arrepentir, pero lo cometí, actué como un principiante, las ansias de meterla antes de tiempo en la sacadera me cuesta otros doce metros de línea fuera de la bobina, ¡idiota de mí exclamé! El mundo se me vino  encima. 
Los científicos hablan del agujero negro, del origen del universo y la inmensidad del cosmos, pero somos nosotros, los pescadores con mosca los que experimentamos la eternidad comprimida en unos pocos minutos. De pronto, todo el universo es una trucha, y ha estado a punto de marcharse. No tendría perdón de Dios, si por mi torpeza malograra esta captura. 
Entonces hice lo que hay que hacer en estos casos, primero serenarse, y luego cansarla hasta que prácticamente ella sola entre en la sacadera. Cuando por fin la vi atrapada en la red exclamé! Gracias a Dios, es hermosa, es una trucha como las de antes. Mientras la reabilitaba, a duras penas podía hacerla una foto, tuve que salir casi fuera del río, no quería causarla más estrés del que ya tenía, yo también necesitaba un descanso, los dos habíamos terminado agotados. 
En este juego de estrategias, al final siempre suele ganar el más inteligente. Cuando note que quería marcharse la solté y se fué río arriba, se fué despacio, como resignada por haber perdido la partida, triste por haber sucumbido al engaño de una mosca artificial, pero esperanzada por verse de nuevo libre, pensando que la próxima vez, el pescador que quiera  engañarla va a tener que esforzarse mucho más que en esta ocasión. 
Posiblemente las truchas no hablen, pero en su instinto de supervivencia quedará gravado por mucho tiempo esta desafortunada equivocación que tuvo hoy.

La mosca
Después de este episodio, lo que sucedió posteriormente fueron pequeñas anécdotas, hasta que la sombra de los árboles se adueñaron del río, entonces las grandes de verdad dejaron su morada protectora para pasar a posicionarse sin ningún recelo en las mejores posturas del río. De nuevo cambié la pequeña mosca por el flor de escoba, ahora sí, ahora lo tomaban sin ninguna precaución.  El carrete cantaba una y otra vez, yo le dejaba que cantara todo lo que quisiera, eran melodías cortas, pero sonaban a gloria, parecía que estaba clavando siempre la misma trucha, pero no, eran truchas diferentes, truchas kileras en su mayoría ¡ increíble! El reloj marcaba las ocho y media, cada vez tenia más dificultades para ver la trayectoria del tricóptero, al tiempo se levantó algo de viento que rizada el agua, las truchas dejaron de cebarse, al menos con la intensidad que lo habían hecho momentos antes. 
En ese momento decidí dejar de pescar, ya estaba bien, el Órbigo me había regalado un buen día de pesca, y recompensado con creces muchas horas infructuosas a pie de este hermoso río. 

La de la sombra 
Ya en el coche mientras me cambiaba, pensaba que estos escenarios, no sólo nos ofrecen la posibilidad de pasar un buen día de pesca a poco que se muevan las truchas, también estimulan las reuniones de grupos de pescadores, desarrollando encuentros deportivos, competiciones oficiales etcétera, que contribuyen a fortalecer el deporte de la pesca, a que no quede relegada a un mero pasatiempo, e incluso a la desaparición. 
Todos los años, las competiciones incorporan nuevos jóvenes valores, con nuevas ideas y nuevos métodos de pesca, y contribuyen a que el resto de pescadores nos conozcan y nos visiten. Sólo hace falta que el resto de los tramos de los diferentes ríos leoneses, vuelvan a presentar poblaciones de truchas eceptables, aunque no sean como las conocidas hace décadas. 
Antes de arrancar el coche me acerqué a ver por última vez la rasera que había estado pescando, las truchas seguían cebándose, entonces recordé que aún me quedaba otro permiso para este escenario. Espero tener suerte y poderlo visitar de nuevo esta temporada, no me gusta repetir tramo del mismo río en la misma temporada, pero visto lo visto, quien sabe.

sábado, 9 de julio de 2016

La Magia del Omaña.

Todos hemos soñado alguna vez con ese gran día en que desde las pequeñas a las grandes se ponen con verdaderas ganas a comer. Muchas veces me he preguntado ¿ porqué hay días que las truchas sin previo aviso, se emborrachan de subir a la mosca? Este pequeño detalle amigo pescador es la clave de seguir día a día detrás de ellas. Esta ilusión que se mantiene viva pase lo que pase, y digan lo que digan algunos " aguafiestas ", es lo que nos anima a seguir temporada tras temporada.

La librea de estas truchas son espectaculares, muy parecida a la librea de las truchas autóctonas que hace muchos años poblaban estas aguas. 

Son las doce del mediodía, un sol de justicia impone su ley, mis únicos compañeros son algunos pájaros y, como no los mosquitos, no los que pican, esos que parecen reactores cuando se aproximan, me refiero a los otros, a esos que siempre vuelan en manadas alrededor de los ojos, esos que te persiguen hasta el infinito esperando que tengas un descuido para introducirse dentro del ojo ¿ que buscarán ? Debo decir que no me disgusta la soledad. En ocasiones la disfruto como ninguna otra sensación.  
El río ni alto ni bajo. Ato al terminal un flor de escoba, está tan mordido que no es ni la sombra de lo que fué, prácticamente no es más que el anzuelo y algunas fibras que sustentan el tejadillo, las fibras del collar de flotación se cuentan con los dedos de una mano. Estas moscas con aspecto deplorable son mis favoritas, siempre recurro a ellas cuando las truchas están muy pescadas.  
Pruebo el primer lance al lado de una piedra grande, donde el agua golpea fuerte formando miles de burbujas, clavo la primera, el diminuto anzuelo se clava justo en la punta del morro de una hermosa trucha, al intentar meterla en la sacadera tropiezo y culera, afortunadamente no pasa nada, ni ami ni a la trucha que sigue enganchada al anzuelo, después de varios tiras y aflojas consigo meterla en la red, una pintora genuina de estas aguas,casi igual a las autóctonas que pescaba yo aquí hace casi cuarenta años.

Todo el Omaña es ideal para pescarlo a mosca seca. Las posturas se suceden una tras otra y parecen no tener fin. 

Voy remontando el río por la margen derecha, haciendo lances laterales de revés, estos lances cambian los esquemas del normal empleo del brazo lanzador. Para los pescadores que no somos ambidiestros, es este un lanzado que debemos dominar con sutura, pues son multiples las situaciones en acción de pesca que nos obligan a realizarlo.  
A esta primera trucha le sigue alguna más, todas engañadas con la misma mosca, y devueltas al agua sin más. El reloj marca las dos, a partir de aquí comienza la fiesta. Durante las tres horas siguientes el río bulle con toda sus fuerza. Cambio el flor de escoba que a duras penas se mantiene a flote por uno nuevo, las truchas lo aceptan sin ningún recelo. 
El calor sigue aumentando de forma descarada. Todo mi cuerpo suda a grandes cantidades, continuamente bebo agua de una botella que llevo en el chaleco, está caliente pero no importa, las ansias de nuevas capturas no me dejan ponerla a enfriar, las truchas están entrando y no me dan tregua. Empapo un pañuelo con el agua del río y me lo paso por la frente y el cuello para aliviar algo este calor bochornoso. Las polarizadas se me empañan constantemente, esto es algo que me saca de mis casillas, pero tengo que seguir con ellas puestas, ya siento otra vez la es cuadrilla de mosquitos sobrevolando a la altura de los ojos, se me hace que me siguen un millón de ellos, vusco el spray en un bolsillo de mi chaleco, me embadurno cuanto puedo, aunque no demasiado, el olor me mata, haber si este nuevo funciona de verdad.

Sol y sombra. El pescador agradece estos pocos espacios abiertos para hacer lances largos y sorprender a las esquivas truchas. 

En mi camino me doy de frente con un pequeño salto de agua y una larga tabla. Lanzo lejos bajo las ramas de una salguera, con precisión, concentrado en lo que hago, sube un hermoso ejemplar al tricóptero, parece de buen tamaño por el tirón que siento en la muñeca, aguanto sin forzar la línea hasta que la veo. Digo para mis adentros ¡ que buena es! La trucha al verme pega un tirón fuerte y me obliga a soltar línea, el freno del vivarelli hace bien su trabajo, pero lo tengo algo flojo y tengo que regular yo mismo la salida. 
El fantasma de que se suelte me ronda la cabeza, procuro traerla a mi terreno, sin prisa pero sin pausa, la tengo cerca, la caña se dobla como un arco y la trucha poco a poco va cediendo, me agacho, casi me arrodillo para no asustarla. 
Después de varios tiras y aflojas la introduzco en la sacadera, su medio kilo yace en la red. En mi rostro se nota las mieles del triunfo, solo falta colocarme una corona de laurales sobre la cabeza. La quito el anzuelo, no parece muy fatigada, no obtante la reabilito unos minutos mientras la saco una fotografía, la única foto del día a una trucha. 
La miro como si fuera la primera vez que veo una trucha, su forma aerodinámica y su librea me fascinan, concebidas para nadar y protejerse de sus enemigos. Al cabo de unos pocos minutos empieza a mover de un lado a otro la aleta caudal y noto que quiere marcharse, la suelto y sale como un obús río arriba. Entonces sonrio feliz.

Aveces da la sensación de estar el río muerto, sin aparente actividad alguna, sin embargo las truchas, especialmente las adultas, buscan en estos días soleados la sombra que las proporciona la fronda de las orillas, siempre al acecho de posibles presas. 

El reloj marca las cinco de la tarde, la hora de los toros. Miro al flor de escoba, está algo deteriorado por las sucesivas tomadas, pero en perfectas condiciones para seguir pescando con el. 
Estos tricópteros con pluma de gallo de León, si están bien montados duran una eternidad, además no necesitan engrasarlos para que floten, un par de falsos lances es suficiente para secarlos. 
 El calor sigue insoportable, empiezo a notar los primeros síntomas de deshidratación, se me ensaliva la boca, un poco agotado resbalo en una pequeña losa y una nueva " culetada ", esta con mojadura incluida, pero no me importa, parece como si estuviera deseando un chapuzón. Dudo por unos momentos si hacer una pausa o seguir pescando, de repente me acuerdo del bocadillo que traigo en el chaleco y decido sentarme a la sombra de un árbol para reponer fuerzas. 
Me pregunto cuantas truchas habrán pasado hoy por mis manos, calculo que unas dieciséis, o tal vez vente, no estoy seguro, ni tampoco me importa mucho, lo realmente importante es que todas siguen en el río. Después de dar buena cuenta del bocadillo y la cerveza, recojo todos los desperdicios y los meto en una pequeña bolsa de plástico, todo de nuevo al chaleco. 
Son ya las seis de la tarde, durante más de cuatro horas no he parado de sacar truchas y el agotamiento apesar de la pausa empieza hacer mella en mi cuerpo. Estas jornadas de pesca no son ya, o no deberían ser esas carreras alocadas contra reloj de antaño, lanzando y vadeando el río sin parar todo el día. Esta fiebre con el tiempo se va calmando, aunque para unos antes que para otros, es evidente. 

No es nada sencillo meter la mosca por debajo de las ramas de los árboles. Si calculamos mal, corremos el riesgo de perder una buena oportunidad. 

Entretanto las truchas han dejado de cebarse, las polarizadas ya no se empañan, y el spray que me costó un ojo de la cara parace que esta vez si a surtido efecto. Pero la sensatez se impone y decido regresar al coche que afortunadamente no está muy lejos. 
Camino por la orilla del río, sin salirme de el. Muy cerca ya del coche me doy de frente con una tablada larga de aguas semiparadas, ( las dos fotografías de arriba ). Cerca de mi observo una cebada debajo de las ramas de una salguera, sin dudarlo un segundo presento el flor de escoba correctamente, la trucha sube, pero lo rechaza, de inmediato cambio el flor de escoba por un carne del 20 con pluma clara. 
Lanzo la mosca dos metros por encima del círculo que provocó la cebada, la trucha sube por la mosca, y esta vez no la rechaza, con un sutil movimiento de la caña, la trucha queda prendida del anzuelo por el morro. 
Es un hermoso ejemplar, el mayor que he tenido hoy en mis manos. La quito el anzuelo y la suelto sin más, sale disparada, no quiero perder tiempo y decido pescar esta tabla al " agua ", con discreción, presentando la pequeña mosca debajo de las ramas de los árboles que prácticamente tocan el agua. 
Los lances son algo complicados, pero la fina paralela me facilita la lavor. Las capturas se suceden, no paro de clavar ejemplares respetables, están todas apostadas a la sombra que las proporciona la fronda de las orillas ¡ vendita nueva Ley de Pesca pienso! Esto ya se va pareciendo más a los ochenta. Lo de la mañana fué una broma comparado con esto.

Hay muchos lugares donde los árboles de las orillas nos protegen del sol abrasador, formando una especie de toldo con sus ramas entrelazadas. 

Vuelvo a mirar el reloj, son las ocho, el tiempo se ha pasado sin darme cuenta, de repente el cansancio parece haber desaparecido. 
A unos metros del final de la tabla una trucha me rompe el bajo llevándose la mosca, ni siquiera me dió tiempo a ver por donde se fué, de repente todos mis pensamientos empiezan a girar en torno a esa trucha ¿ algo habrá fallado me pregunto? Quizás algún nudo de viento en el bajo, o tal vez me precipitara al clavarla, a estas alturas después de una intensa jornada de pesca todo es posible. 
Espero que la trucha se las apañe bien para desprenderse de la mosca, estos anzuelos sin muerte se sueltan con bastante facilidad.  
Ahora sí, ahora doy a la palanca del vivarelli y recojo la línea y lo que queda del bajo. Trepo como puedo por una empinada cuesta llena de ortigas, las voy sorteando con alguna dificultad, algunas llegan a rozarme los brazos y me producen un pequeño escozor ¡ malas hierbas estas exclamo  ! Por fin el coche aparece a la sombra de un frondoso árbol, tal como lo dejé por la mañana. Ahora lo que más deseo es una cerveza fría con gaseosa, espero que el corral del sandalio o como se llame ahora esté abierto.