BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Pensamientos de un Pescador a Mosca.

Hay ocasiones en las que un hombre logra alcanzar la plenitud de su parco ser, logra entender un poco más de toda aquella amalgama incomprensible de estímulos que le rodea, consiguiendo que se pierda el sentido, haciendo que se vuelva algo más de lo que era, evolucionando, creciendo y a cada paso, sintiéndose más humano, es difícil de entender, mas puede uno estar seguro de que es así, de que las sombras del pensamiento se aferran a su ser y de que perderá toda forma espiritual de su interior, si no consigue al menos dar fe de la mágica situación. 


Es un poderoso estimulante, una fuerte droga, un tacto que envuelve el alma haciéndola enloquecer y aun así no sabemos lo que quiere decir, ni de donde viene, y eso, la ignorancia, la incomprensión, exactamente lo mismo que ha hecho al hombre aferrarse a las religiones, eso mismo convierte ese desconocido hecho en algo tan maravilloso, pues el ser humano no puede más que temer y amar al mismo tiempo aquello que desconoce, y son pocos los que han encontrado ese estímulo, esa droga tan necesitada que te permite seguir un día más, y no perderse en la incrédula ignorancia, ese necesario empuje que ayuda al hombre otorgándole fantásticos pequeños momentos que hacen dichosa una vida y que la permiten desvanecerse, disipándose de entre los demás mortales que aún viviendo felices, distan mucho de conocer la existencia de tan necesaria " sustancia ".  

Y ni siquiera se puede calificar a esos pocos de afortunados, no hay motivo por el que se pudiesen llegar a sentir más dichosos que aquellos que no han encontrado la " sustancia ", porque estos últimos no pueden apreciar el valor, ni echar de menos algo que ni siquiera conocen, algo que no saben lo que es. Sin embargo aquellos que si lo conocen sufren el miedo, el temor de perderlo, y aún más grave, la comprensión del hecho en sí y de su interdependencia.


En el caso de los pescadores con mosca, o al menos aquellos a los que se considera como tales, aquellos pocos que viven para, por, y con la pesca a mosca, la " sustancia "es la pesca con mosca en todas sus etapas : las charlas con los hermanos pescadores, las reflexiones sobre la vida misma y sobre los ríos, o sobre un buen libro, los pensamientos que se llevan las aguas, el montaje de artificiales, los lances, las suaves posadas y las duras peleas con las truchas, así como su devolución a las aguas.  

Todo ello forma parte de aquello que el hombre, en este caso el pescador con mosca, necesita y de lo que depende, encontrando así el meollo de la cuestión. Dicha necesidad y dependencia de una forma de vida, de un arte que le otorga todo cuanto quiere el hombre para su felicidad, sea bueno o malo, consciente o inconsciente.  

Un hombre puede poseer una familia fantástica, una casa preciosa, una buena mujer que le quiera y a quien querer, un par de hijos, haber plantado un árbol, soñar todas las noches y leer tranquilo ante el fuego, y aún así no conseguirá todo cuanto un hombre necesita, hasta que no encuentre esa " sustancia ", ese gusanillo, esa fibra que le duele, esa forma de vida.  

Pero incluso conseguida esa forma de vida, esa felicidad interna que apacigua, ese desasosiego de saber que algo te falta sin conocerlo, aún teniéndola, falta evolucionar, crecer,alcanzar lo que podríamos llamar el " sumun " y llegar a la máxima expresión de esa forma de vida pasando por las etapas necesarias para ello, alcanzar una ficticia perfección, obtener esa paz interior, ese brillo en los ojos, la tranquilidad del alma, y si el camino elegido es la pesca con mosca, entonces adelante a por ello, hay que recorrerlo y hay que hacerlo hasta el final, no valen medias tintas y por supuesto, no hay cabida para el arrepentimiento, es necesario llegar.


En un primer momento, el hombre no es más que un manojo de nervios e ilusiones lejanas que se ven como utopías, pues se hace difícil imaginarse con una misteriosa cuerda silbando entre aire y agua mientras la corriente golpea la cintura, dando por sentado que eso es cosa de magos, y de consumados hechiceros que un entramado de pelos y plumas logre parecerse a una pequeña parte de la naturaleza. Y en realidad, lo único, lo único que le lleva a seguir adelante es el hecho de encontrarse atrapado en una especie de conjuro que le obliga a pensar que es mejor el ridículo que luego el arrepentimiento.  

Más tarde, cuando uno queda atrapado en el conjuro, se ve envuelto en un torbellino de ideas que solo pueden calificarse como esperanza e ilusión, uno quiere saber, saber de todo lo que le rodea, sin comprender nada, pero sin importarle, necesita más, seguir adelante, sin miedo a nada, excepto al fracaso en una empresa que ni siquiera conoce.  

Es el momento en el que uno se da cuenta de que lo que necesita es la " sustancia " y sus amigos los ríos, y sus hermanos los compañeros. Y las emociones hierven en su interior, de forma que es incapaz de tranquilizarse, de no pensar en lo que no sea el narcótico del que ha quedado enganchado.  

Y ahora sin entender porque, uno se vuelve un tanto melancólico, comienzan los razonamientos, los deseos de clasicismo, el convertirse en un radical impacientado que no desea otra cosa que estar con su arte, pero aún no sabe por qué, no alcanza a comprenderlo, eso sí, ahora ya hay razones más poderosas que las propias fácilmente entendibles de la pesca con mosca, ahora uno se da cuenta que en esa " sustancia " hay más que líneas y peces, y ahí comienza el cambio que uno acepta preocupado, pues no puede controlarlo, y uno no sabe si se está volviendo loco.


Entonces nos plantamos en el justo instante en que uno procura olvidar un poco las ideas que le agolpan prestando más atención a líneas y peces, y queriendo dejar los razonamientos, ahí, un poco apartados, como para después, pero sin olvidarlos, son el sabroso postre.  

Pero ahora las cosas cambian. Uno se da cuenta que se engañaba, que no puede apartarlos ni siquiera ese poco que envuelven su ser y que laten al ritmo de su corazón, olvidándose ya de los temas superficiales, uno busca en la profundidad de los pensamientos, pero no encuentra la respuesta, no está preparado, aún falta mucho, pero al menos ya puede comprenderlo.  

Las cosas se asientan, uno logra disfrutar de la profundidad de esos endiablados razonamientos que le llevan a apartarse de los que no logran entenderlo, siempre de buena fe, y se encuentra rodeado de personas que piensan como él, y al mismo tiempo puede divertirse con las líneas y los peces, sin que lo primero estropee lo segundo. Pero siempre con moderación y respeto y,sobre todo, paciencia, ya que sabe un poquito más, disfruta de sus hermanos y de su patria : los ríos...


Ya uno es paciente, gusta de los buenos textos, los calmados amaneceres, la buena compañía, los saludables razonamientos y las tardes de pesca,al tiempo que procura ayudar a aquellos que no han encontrado su propia " sustancia ", y también a aquellos que ya la tienen y están empezando, llega la labor de maestro. Aún uno no comprende todo lo que quisiera, pero como buenamente puede y,dentro de sus posibilidades encarrilará a aquellos que se le acerquen, dándoles su apoyo y ayuda en todos los aspectos posibles : razonamientos, líneas, peces, ríos, moscas, literatura de pesca... y sobre todo, honor y amistad.  

Espera paciente que llege el momento, y disfruta de las justas tardes de pesca para calmar su alma y de los suficientes paseos por los ríos, así como de la bella pesca sin caña. Ya uno le ha tomado tanto cariño a las truchas que las molesta lo menos posible permitiéndose el lujo de eso sí, observarlas a menudo, ya uno ha visto puro y cristalino el río de su interior, ya uno es un PESCADOR CON MOSCA.