BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

viernes, 11 de julio de 2014

HISTORIA DE UN DÍA DE PESCA EN EL OMAÑA.

La más pequeña e insignificante cosa del río siempre excitó mi admiración y mi curiosidad. De niño cuando mi madre me preguntaba ¿ donde has estado todo el día ? Yo la contestaba .... por ahí, por los praos a ranas y nidos, nunca la dije que había estado en el río.  Con el tiempo la pesca me ha permitido conocer mejor los animales y las plantas y unirme de forma muy fuerte a ellos.
El Omaña es un río truchero de renombre,  y uno de los más hermosos de la provincia Leonesa, gracias a que sigue conservando gran parte de su privilegiada riqueza natural al no estar regulado en cabezera, manteniendo en sus márgenes algunas de las más bellas alisedas y bosque de ribera.
En su curso medio-alto, a la altura de los cotos El Castillo y la Omañuela, su discurrir es sereno, al ritmo de las crecidas y estiajes que marcan las estaciones.  Aquí el Omaña empieza a perder pendiente y poco a poco va apaciguado su energía y depositando los materiales que aguas arriba sustrajo a la montaña, entonces el río adquiere todo el protagonismo, y vértebra este territorio haciéndose siempre visible por la densa vegetación de ribera,  que serpentea junto a su cauce divagante entre suaves meandros.  Sus aguas cristalinas desfilan escoltadas por una doble guardia de alisos y sauces, que en invierno están firmes como soldados presentando las armas de sus ramas desnudas, y en verano flexibles se extienden como toldos formando auténticas galerias de sombras,  llegando en ocasiones a tocarse las dos orillas.  Las numerosas y robustas raíces sumergidas en el agua y frecuentemente visibles,  abrazan con fuerza el talud de las márgenes evitando que la fértil tierra sobre la que viven sea arrastrada por el agua, y controlando la erosión en épocas de crecidas.

Pedreros de cantos blancos quemados por el sol, se disponen en los ribazos desplazándose con cada nueva crecida, son refugio de lagartijas y de las inonfensivas culebras de agua, que al calor del sol de verano activan su sangre fría y hacen sus nidos,  sabedores de que cerca del agua siempre ha estado la vida.  No muy lejos anda el mirlo acuático,  rechoncho y negro con babero blanco,  bucea apeonando por los rabiones en busca de larvas de insectos acuáticos.  La señora lavandera, muy frágil ella, de vientre amarillo limón, dorso cenizo y larga cola blanquinegra persiguiendo activamente las efémeras que eclosionan. En los canturriales despegando con alas en arco reside el andarrios, que si tiene cerca el nido simula el hacerse el herido piando y arrastrándose ante el intruso. Las pasadas rastreras de golondrinas y vencejos,  animan la tablada y ponen en alerta al avispado pescador. El croar de la rana verde o ranita de San Antón y sus saltos de huida entre las ocas. El simpático desmán o topo de agua,  muy discreto el, parece una pequeña rata, de pelaje gris acero con su curiosa trompa plana y ojos ratoniles, se mueve agilmente en los remolinos removiendo cantos con el hocico en busca de gusarapas y maraballos, al incorporar al pelo burbujas de agua parece una bola plateada. Los sapos, reconocibles por su color marrón y piel berrugosa, tienen mala fama entre los pescadores porque dicen que cuando empieza el desove " la sapina " amedrentan a las truchas que dejan de tomar cualquier alimento y se refujian en los pozos. Galerias de la rata de agua entre los juncos y sus tallos comidos delatan la presencia de este roedor anfibio, reconocible por su librea parda, hocico chato, cortas orejas y pequeño rabo. La buena situación de este río también se manifiesta con la presencia de uno de los mamíferos más cautelosos y un voraz consumidor de truchas, la nutria, fácil de rastrear por sus excrementos pero difícil de sorprender. 

Nutrias y truchas así como otros depredadores como la garza real de plumaje gris azulado, no prosperarian sin la existencia de otras muchas formas vivas en el agua y que en su mayoría pasan desapercibidas a los pocos observadores. La comunidad de invertebrados en el río Omaña es muy variada y cambia en los distintos tramos del río en función de las condiciones del agua,  temperatura,  cantidad de oxígeno o de materia orgánica disuelta, la adaptación a estas condiciones es tan precisa para algunos de estos seres, que grupos como algunas familias de tricópteros y efemerópteros, coleópteros ( escarabajos acuáticos ), odonatos ( libélulas y caballitos de río ) y especialmente algunos plecópteros estan considerados por los biólogos como indicadores de la calidad del agua. 

Este río además por sus características peculiares permite albergar una flora rica y diversa que desempeña un papel fundamental en el ecosistema.  Para algunas plantas acuáticas no resulta sencillo vivir en el agua,  para soportar las fuertes corrientes algunas de ellas como la hierba de San Antonio, los junquillos,  o la oca ( ranúmculos ) desarrollan raices largas y flexibles,  así como tallos y hojas que lejos de ofrecer resistencia a la corriente se mecen con ella. En primavera verano cuando florecen sobre el caudal resulta todo un espectáculo,  entonces si que nada hay tan hermoso en cuanto pueden ver ojos humanos,  un sinfin de pequeños animales viven entre ellas, insectos,  moluscos y crustaceos, todos contribuyen a engrosar la variada dieta de las truchas y otros seres vivos.

Al alejarnos de la orilla, los alisos y sauces son sustituidos por choperas, fresnos, olmos y multitud de arbustos favorecidos por la fértil tierra y un ambiente fresco y húmedo que se mantiene incluso en el rigor del verano.  Antaño estas riberas eran aprovechadas para el cultivo de linares para la obtención del lino con el que se tejia la ropa, también huertos que ofrecían productos para el consumo de la casa, o prados de siega en los que recoger la hierba que alimentaba el ganado, ahora sustituidos por otros cultivos forestales como las choperas, una nueva forma de rentabilizar unas tierras que el despoblamiento condena al abandono.

Todavía hoy entre los campos y fincas se insinúan algunos linderos de sebes o muros de piedras como se conoce aquí en León a los setos vivos que delimitan la propiedad, un entremallado de mimbres y varales junto con zarzas y rosales silvestres entre troncos de paleras que la destreza de la mano del hombre iba perfeccionando con años de podas sucesivas. Son los últimos reductos de esos bosques de ribera que han cumplido su función con un destacado papel ecológico y económico,  protegiendo las fincas del viento,  aportando alimento y sombra para el ganado y leña para el hogar, así como pequeños frutos, setas, moras, majolinos, brunos etc. La sabiduría de la vida rural supo conjugar en tiempos de escasez multitud de pequeñas actividades para complementar la economía familiar y garantizar la supervivencia. 

El pescador que frecuenta estos parajes tiene ante si, no solo la posibilidad de disfrutar de su afición favorita,  sino también de observar la comunidad faunistica asociada a estos bosques de ribera.  La calma, la soledad y el silencio que en determinadas horas del día reinan en el río,  proporcionan el ambiente adecuado para concederse el placer de recrear la vista y el oído.  Entre la maraña de mimbres y troncos encuentran cobijo y alimento multitud de pequeños mamíferos como los topillos campesinos, ratones y lirones, especializados en su captura están las comadrejas de cuerpo tubular, dorso canela y vientre blanco, los armiños y el turón, consumidor de ranas, culebras y ratones. Multitud de pajarillos frecuentan estos ambientes, el diminuto chochin, el ruiseñor o el mirlo, también jilgueros y verdefinos, todos fáciles de identificar y que con sus cantos nos regalan una constante y variada melodía antiestrés,  natural y ecológica,  todo favorecido por el grano que encuentran en las fincas, los frutos silvestres, así como por la comunidad de insectos y otros pequeños imbertebrados que garantizan los ciclos de vida en estos lugares, caracoles, babosas, arañas, todos constituyen lo que los técnicos denominan cadena trófica y que aquí en este río se manifiesta de una manera especial. 

Este entramado de fincas, bosquetes y prados, que por desgracia van desapareciendo por el desuso, son de un enorme atractivo paisajistico y de incalculable valor ecológico y cultural. Asociado a esta riqueza biológica se encuentra un interesante patrimonio cultural, que refleja una forma ancestral de trabajo y de relación con el entorno, un ejemplo lo tenemos en el sistema de riego que en muchos casos remonta sus orígenes a estructuras agrarias medievales promovidas por los monasterios que iniciaron la repoblación de estas tierras tras la reconquista. Una vasta red de presas, acequias y regueros llevaban el agua a los rincones más alegados del cauce, las presas tomaban el agua a través de un puerto preparado en el río con troncos, cantos y ramas que a modo de dique permitía derivar el agua.  Todavía hoy en el ejercicio de la pesca no es difícil tropezarse con alguno de estos puertos.

El abandono del medio rural y sus formas de vida, la despoblación y el progresivo envejecimiento de las gentes que siguen aferradas a su tierra, está condicionado un radical cambio en los paisajes tradicionales,  los campos sin labor ni pastoreo están dando paso a una naturaleza prodiga, que empieza a cobrar lo que le fué arrebatado durante años, tierras antes de centeno y trigo se van paulatinamente cubriendo de matorrales de escoba, piornos y urces que en primavera generan una impresionante riqueza cromática y paisajistica, vuelven a aparecer los robles que una vez fueron talados para obtener tierras de cultivo y pastos. Es el ciclo de la vida que el hombre sigue empeñado en seguir jugando un destacado papel en el manejo del entorno con nuevas construcciones,  pistas, torres, repetidores y la amenazante sombra de los parques eólicos que si nadie lo remedia sembraran con aerogeneradores algunos de los cordeles más bellos de esta comarca Omañesa declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera.

Me biene a la memoria tantos recuerdos y añoranzas de este río,  que no puedo por menos que dejar de mencionar al entrañable guarda de esta zona que fué Paulino. Personaje de patillas de hacha, bigotes bien poblados, sonrisa blanca y elocución expansiva, así lo describió nuestro querido y desaparecido D. Miguel Delibes. Paulino fué un guarda de leyenda, más que un simple vigilante fué una especie de dios que todo lo ve, un espejo en el que mirarse algunos guardas de hoy, los frezaderos los rodeaba con alambre de espino y los cubría con el mismo material, de el todos aprendimos como hay que trabajar estas aguas con la ahogada, cuando una trucha grande rechazaba algún mosquito de la cuerda exclamaba ¡ oste que trucha ! Las muy zorras las saben todas, y de inmediato cambiaba el mosquito por otro. Estoy seguro que todos los discípulos de Paulino yo incluido, jamás podremos pescar ni conocer el río con la exactitud y seguridad que lo hacia el.

La semana pasada me acerqué a pescar este tramo del río Omaña, al final resultó ser un buen día sobre todo en cantidad,  pero también en calidad ya que algunas truchas superaron los trenta cm. De regreso a casa me paré a tomar una cerveza en el bar de "sandalio " donde antaño las cuadrillas de pescadores se reunian para contar las anécdotas de la jornada y refrescar las resecas gargantas,  mientras tomaba la cerveza apoyado en la barra, mi vista se desvió hacia unas botellas antiguas con algo de polvo que reposaban en la estantería, entonces todos mis recuerdos se comprimieron en un instante y pensé que la vida de un pescador pasa muy rápida y que es demasiado bella para vivirla solamente una vez, me acordé de mis padres y de algunos pescadores que conocí en este río y de otros muchos que ya no están con nosotros y que se fueron para, gozar eternamente en los maravillosos ríos de aguas puras y cristalinas llenos de truchas que sin duda Dios tiene dispuesto en el Cielo para premiar a todos los pescadores buenos y sencillos como fueron ellos.Ya dentro del coche, prosiguiendo mi regreso a casa seguía pensando ...soy un afortunado por ser pescador, y doy gracias a Dios por haberme permitido conocer este mundo místico. 

Tunel vejetal en el Omaña
Las robustas raices de los alisos

La huerta y sus frutos



La trucha del Omaña

Los bosques de ribera y el cervatillo
El río Omaña.