BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

jueves, 5 de noviembre de 2015

REFLEXIONES SOBRE LA ÉTICA EN LA PESCA.

Los viejos y ancestrales atavismos no impiden que la pesca bien entendida tenga como todas las actividades del hombre, una cierta ética y necesite de un mínimo de educación que pueden y deben irse perfeccionando con el tiempo.

El Pescador y su Mundo. 

Capturar un pez, no tiene por si solo un significado o una justificación, se puede ejercer la pesca como actividad deportiva o como esparcimiento, pero siempre tiene que existir una razón que lo justifique y un principio ético que lo avale.  

Para el auténtico pescador esta raíz ética se basa en la inmersión que la pesca supone en la naturaleza, fundiéndose con ella, sin alterarla, como si fuera una pieza más en el equilibrio ecológico, y nunca un elemento perturbador, convirtiéndose así en un elemento más del medio ambiente.  

En la unión con lo natural es donde está la profunda vivencia de ésta actividad. Fundirse con el paisaje, conocer los hábitos y querencias de los animales que habitualmente nos encontramos en los lugares de pesca que frecuentamos, captar el más mínimo ruido y, sobre todo, mirar, mirar y mirar. Alguien dijo que este continuo mirar centra la principal atención del pescador, esta forma que tiene de mirar discrepa bastante de la forma usual que tenemos los hombres de observar las cosas. 

El pescador tiene que captar y retener en la retina la totalidad del paisaje que abarcan sus ojos y prestar una continua atención a la más mínima variación que se produzca para centrar entonces en ella la observación puntual, rápida y lo más detallada posible de la causa de esa modificación. Esta es por otra parte, la forma de mirar que tienen los peces, especialmente nuestras truchas, ellas ven más el movimiento que las figuras, y a la menor alerta, al menor cambio, ponen en juego su mecanismo de defensa, generalmente de huida.


El pescador se funde así con el pez en el ejercicio de sus sentidos y cautelas y pasa a ser una especie de predador, pero un predador autorizado éticamente por la necesidad objetiva de controlar lo que sucede a su alrededor y de sentir la vivencia de lo natural. 

La pesca, además de respeto e incluso cariño hacia los peces, es también esfuerzo y sacrificio. Muchos se confunden cuando suponen que el pescador es un tipo comodón, que deja pasar las horas bajo la sombra protectora de algún árbol en espera pacienzuda de que los peces acudan a su engaño. Pues bien, si la gente supiera lo que es pescar truchas seguramente modificarian tales criterios y nos admirarían en el justo valor que tenemos.


Sin espíritu de sacrificio no existe el verdadero pescador. La pesca es tesón y paciencia, y es conformidad plena con el resultado, tanto si ha sido positivo como negativo, porque es este y no el pez en si lo que justifica la afición. Se puede decir que es en esta conformidad posterior y no en el número de piezas capturadas donde se manifiesta la verdadera afición. 

La pesca también es educativa y es educación y respeto hacia los demás. Entre los auténticos pescadores reina siempre la camaradería, y en ella se basan muchos de los encantos de la pesca. 

La pesca también tiene una vertiente claramente educativa en el autodominio, pescar es en resumen practicar el autodominio, dominarse al lanzar nuestra mosca precipitadamente, clavar antes de tiempo etcétera. No es nada fácil para el principiante por toda la gran carga emotiva que ello supone resistirse a la tentación de clavar, incluso antes de que la trucha haya tomado la artificial, pues desconoce lo que es " dejar cumplir a la trucha ", a la que sin embargo hay que clavar en el momento justo, pues todos sabemos la facilidad que tiene para expulsar el engaño. Es clavando y clavando muchas truchas como el neófito llega a comprender la dinámica y estrategia del clavado. Al final todo llega a ser una costumbre o un hábito, pero para ello es preciso un aprendizaje en el autodominio.


Todas estas enseñanzas y pautas de comportamiento son menores al lado de las que podemos recibir de la propia Naturaleza. Conocer los hábitos y las costumbres de los animales y sus querencias es como leer un gran libro abierto a sabias enseñanzas. Ver una trucha mimetizarse con el entorno en su medio generalmente hostil como es el río, la astucia, la sensibilidad y la sabiduría primitivas de unos instintos mucho más complejos y perfectos que la tan ponderada inteligencia.  

La pesca además de esfuerzo, de sacrificio, de respeto, de caballerosidad, de nobleza, de autocontrol y autodominio, es ante todo, conocimiento y vivencia de la naturaleza, y tiene multitud de enseñanzas para nosotros. Tiene una ética, y el pescador que no la tenga es porque no es un verdadero pescador y no ha comprendido la misión educativa de la pesca.

sábado, 10 de octubre de 2015

El Otoño y los Ríos Leoneses.

Dicen que en León solo hay dos estaciones : el invierno y la del tren, pero lo cierto es que el otoño, aunque corto, es en esta tierra una época de disfrute para los cinco sentidos, lo sabe bien el pescador cuando su nariz se llena de frondosidad de ribera, de líquenes, de hongos, de madera verde y hojas secas recién caídas.

Río Esla

En esta estación, los ríos se ponen el fastuoso vestido de la nostalgia y fluyen en suaves murmullos de risas y lágrimas, transmitiéndonos un sentimiento de añoranza hacia tiempos pasados, a la vez que nos invitan a recoger los aparejos que tantas satisfacciones nos han proporcionado a lo largo de la temporada.

Para los árboles ha llegado la hora de la metamorfosis cromática, sus hojas ceden el color verde a los ocres, amarillos y vermejos, formando una variedad de tonalidades capaz de acallar la paleta del mejor pintor, mientras que los chopos, los más genuinos representantes de nuestro soto, se van despojando lentamente de su vestido de oro y,cuando el viento otoñal les quita sus amarillas hojas, caen estas al río provocándole la dulce sonrisa de ondulantes círculos, y se van muy lejos, muy lejos de la paterna rama, a servir tal vez de mantillo a otros lejanos árboles de la misma orilla, o perderse en el mar lo más seguro.

Tan sólo turba la serena marcha del río algún ave, que rozándole con el ala mientras vuela por el aire, pica de paso el pellejo de las aguas, o algún pez que desde el sereno líquido en que nada, suve a picar también el pellejo del río, mientras el tímido sol riela las aguas que el viento al acariciarlas riza, y le saca plateados reflejos provocándole candenciosa danza de luminosas lentejuelas, diríase que el río, larga serpiente multicolor, dormita en la ribera y tiembla con escalofríos de gozo al calor que el sol le presta, y hace brillar así sus escamas de plata.

Río Porma

Vemos en las aguas el reflejo tembloroso de los árboles marginales, fijos al terreno que nacieron, y cuando el río se serena y está quieto, vemos retratado el cielo, entonces parece que la azul inmensidad continua debajo de el, y que es la tierra firme verde capa tendida en los celestes campos.

Cruzan las nubes por encima y por debajo de ella y, suele suceder entonces que va poco a poco convirtiéndose nuestra quietud en aparente marcha opuesta a la del curso fluvial, lo sabe bien el mosquero que tiene a la mosca por hito de su mirada, y es como si remáramos en una isla flotante sobre el mar azul del cielo, aprendiendo así la quietud que sustenta el curso de la vida, por agitada que esta sea.

Penetrar en este misterio de la naturaleza, no es solamente un placer para los sentidos, sino también para el espíritu, que se enriquece por la paz y la serenidad al olvidarnos por completo del mundo exterior.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Pensamientos de un Pescador a Mosca.

Hay ocasiones en las que un hombre logra alcanzar la plenitud de su parco ser, logra entender un poco más de toda aquella amalgama incomprensible de estímulos que le rodea, consiguiendo que se pierda el sentido, haciendo que se vuelva algo más de lo que era, evolucionando, creciendo y a cada paso, sintiéndose más humano, es difícil de entender, mas puede uno estar seguro de que es así, de que las sombras del pensamiento se aferran a su ser y de que perderá toda forma espiritual de su interior, si no consigue al menos dar fe de la mágica situación. 


Es un poderoso estimulante, una fuerte droga, un tacto que envuelve el alma haciéndola enloquecer y aun así no sabemos lo que quiere decir, ni de donde viene, y eso, la ignorancia, la incomprensión, exactamente lo mismo que ha hecho al hombre aferrarse a las religiones, eso mismo convierte ese desconocido hecho en algo tan maravilloso, pues el ser humano no puede más que temer y amar al mismo tiempo aquello que desconoce, y son pocos los que han encontrado ese estímulo, esa droga tan necesitada que te permite seguir un día más, y no perderse en la incrédula ignorancia, ese necesario empuje que ayuda al hombre otorgándole fantásticos pequeños momentos que hacen dichosa una vida y que la permiten desvanecerse, disipándose de entre los demás mortales que aún viviendo felices, distan mucho de conocer la existencia de tan necesaria " sustancia ".  

Y ni siquiera se puede calificar a esos pocos de afortunados, no hay motivo por el que se pudiesen llegar a sentir más dichosos que aquellos que no han encontrado la " sustancia ", porque estos últimos no pueden apreciar el valor, ni echar de menos algo que ni siquiera conocen, algo que no saben lo que es. Sin embargo aquellos que si lo conocen sufren el miedo, el temor de perderlo, y aún más grave, la comprensión del hecho en sí y de su interdependencia.


En el caso de los pescadores con mosca, o al menos aquellos a los que se considera como tales, aquellos pocos que viven para, por, y con la pesca a mosca, la " sustancia "es la pesca con mosca en todas sus etapas : las charlas con los hermanos pescadores, las reflexiones sobre la vida misma y sobre los ríos, o sobre un buen libro, los pensamientos que se llevan las aguas, el montaje de artificiales, los lances, las suaves posadas y las duras peleas con las truchas, así como su devolución a las aguas.  

Todo ello forma parte de aquello que el hombre, en este caso el pescador con mosca, necesita y de lo que depende, encontrando así el meollo de la cuestión. Dicha necesidad y dependencia de una forma de vida, de un arte que le otorga todo cuanto quiere el hombre para su felicidad, sea bueno o malo, consciente o inconsciente.  

Un hombre puede poseer una familia fantástica, una casa preciosa, una buena mujer que le quiera y a quien querer, un par de hijos, haber plantado un árbol, soñar todas las noches y leer tranquilo ante el fuego, y aún así no conseguirá todo cuanto un hombre necesita, hasta que no encuentre esa " sustancia ", ese gusanillo, esa fibra que le duele, esa forma de vida.  

Pero incluso conseguida esa forma de vida, esa felicidad interna que apacigua, ese desasosiego de saber que algo te falta sin conocerlo, aún teniéndola, falta evolucionar, crecer,alcanzar lo que podríamos llamar el " sumun " y llegar a la máxima expresión de esa forma de vida pasando por las etapas necesarias para ello, alcanzar una ficticia perfección, obtener esa paz interior, ese brillo en los ojos, la tranquilidad del alma, y si el camino elegido es la pesca con mosca, entonces adelante a por ello, hay que recorrerlo y hay que hacerlo hasta el final, no valen medias tintas y por supuesto, no hay cabida para el arrepentimiento, es necesario llegar.


En un primer momento, el hombre no es más que un manojo de nervios e ilusiones lejanas que se ven como utopías, pues se hace difícil imaginarse con una misteriosa cuerda silbando entre aire y agua mientras la corriente golpea la cintura, dando por sentado que eso es cosa de magos, y de consumados hechiceros que un entramado de pelos y plumas logre parecerse a una pequeña parte de la naturaleza. Y en realidad, lo único, lo único que le lleva a seguir adelante es el hecho de encontrarse atrapado en una especie de conjuro que le obliga a pensar que es mejor el ridículo que luego el arrepentimiento.  

Más tarde, cuando uno queda atrapado en el conjuro, se ve envuelto en un torbellino de ideas que solo pueden calificarse como esperanza e ilusión, uno quiere saber, saber de todo lo que le rodea, sin comprender nada, pero sin importarle, necesita más, seguir adelante, sin miedo a nada, excepto al fracaso en una empresa que ni siquiera conoce.  

Es el momento en el que uno se da cuenta de que lo que necesita es la " sustancia " y sus amigos los ríos, y sus hermanos los compañeros. Y las emociones hierven en su interior, de forma que es incapaz de tranquilizarse, de no pensar en lo que no sea el narcótico del que ha quedado enganchado.  

Y ahora sin entender porque, uno se vuelve un tanto melancólico, comienzan los razonamientos, los deseos de clasicismo, el convertirse en un radical impacientado que no desea otra cosa que estar con su arte, pero aún no sabe por qué, no alcanza a comprenderlo, eso sí, ahora ya hay razones más poderosas que las propias fácilmente entendibles de la pesca con mosca, ahora uno se da cuenta que en esa " sustancia " hay más que líneas y peces, y ahí comienza el cambio que uno acepta preocupado, pues no puede controlarlo, y uno no sabe si se está volviendo loco.


Entonces nos plantamos en el justo instante en que uno procura olvidar un poco las ideas que le agolpan prestando más atención a líneas y peces, y queriendo dejar los razonamientos, ahí, un poco apartados, como para después, pero sin olvidarlos, son el sabroso postre.  

Pero ahora las cosas cambian. Uno se da cuenta que se engañaba, que no puede apartarlos ni siquiera ese poco que envuelven su ser y que laten al ritmo de su corazón, olvidándose ya de los temas superficiales, uno busca en la profundidad de los pensamientos, pero no encuentra la respuesta, no está preparado, aún falta mucho, pero al menos ya puede comprenderlo.  

Las cosas se asientan, uno logra disfrutar de la profundidad de esos endiablados razonamientos que le llevan a apartarse de los que no logran entenderlo, siempre de buena fe, y se encuentra rodeado de personas que piensan como él, y al mismo tiempo puede divertirse con las líneas y los peces, sin que lo primero estropee lo segundo. Pero siempre con moderación y respeto y,sobre todo, paciencia, ya que sabe un poquito más, disfruta de sus hermanos y de su patria : los ríos...


Ya uno es paciente, gusta de los buenos textos, los calmados amaneceres, la buena compañía, los saludables razonamientos y las tardes de pesca,al tiempo que procura ayudar a aquellos que no han encontrado su propia " sustancia ", y también a aquellos que ya la tienen y están empezando, llega la labor de maestro. Aún uno no comprende todo lo que quisiera, pero como buenamente puede y,dentro de sus posibilidades encarrilará a aquellos que se le acerquen, dándoles su apoyo y ayuda en todos los aspectos posibles : razonamientos, líneas, peces, ríos, moscas, literatura de pesca... y sobre todo, honor y amistad.  

Espera paciente que llege el momento, y disfruta de las justas tardes de pesca para calmar su alma y de los suficientes paseos por los ríos, así como de la bella pesca sin caña. Ya uno le ha tomado tanto cariño a las truchas que las molesta lo menos posible permitiéndose el lujo de eso sí, observarlas a menudo, ya uno ha visto puro y cristalino el río de su interior, ya uno es un PESCADOR CON MOSCA.

jueves, 14 de mayo de 2015

LA PESCA AL HILO CON PERDIGONES.

.... La vida cambia, nuestras técnicas de pesca también cambian para adaptarlas a las nuevas circunstancias, pero las personas no cambian, solo sacan y pulen su lado bueno con el devenir de los años.
Las técnicas de pesca están cambiando año tras año, pero en ningún campo ha evolucionado tanto como en la pesca con ninfa, especialmente en las denominadas " microninfas " y " perdigones ". 
Las primeras generaciones de pescadores con mosca provenimos indiscutiblemente de la pesca con mosca seca, es decir, somos pescadores de seca que nos hemos adaptado o nos estamos adaptando a la pesca con ninfa en mayor o menor medida. No sucede lo mismo con las nuevas generaciones de pescadores que conscientes de la gran efectividad de la pesca con ninfa, encuentran en la mosca seca algo complicado y poco efectivo. Un claro referente es el mundo de la competición, precursor directo de este tipo de pesca " al hilo ", siempre en busca de un único parámetro, la efectividad.

Pesca con ninfa " al hilo "

León siempre ha sido y sigue siendo, aunque en menor medida, un paraíso para la práctica de la pesca a mosca seca, y esto es debido en gran medida a su ubicación geográfica, lo suficientemente nórdica, pero a la vez lo suficientemente cálida como para diferenciarla del resto de las regiones europeas. Nuestro clima en combinación con lo accidentado del territorio y la altitud de las montañas que la rodean, con más de tres mil kilómetros de ríos trucheros, hacen de esta provincia leonesa un lugar idílico para la pesca en superficie, estilo que junto con la mosca ahogada han marcado nuestros comienzos. 
En cuanto a la pesca con ninfa, primero empezamos importando técnicas foráneas como fue la pesca a la " polaca " con grandes ninfas, también importamos técnicas americanas, pescando igualmente con grandes ninfas aguas a bajo. Pero nuestros ríos leoneses tienen la peculiaridad de ser muy transparentes, especialmente los ríos naturales, y pronto entran en estiaje al desaparecer los neveros generalmente a finales de primavera, el resto de ríos, exceptuando los meses de desembalse, también presentan el mismo problema de gran luminosidad y poca agua, esto nos obliga a pescar con gran finura buena parte de la temporada, echando por tierra todos los argumentos que justifican los estilos antes citados en sus países de origen. 
Utilizando aquellas técnicas importadas, la pesca con ninfa terminaba con las últimas lluvias de primavera y de nuevo volvíamos a lo que más nos gustaba, osea la mosca seca.

Pesca con ninfa y línea ( cola de rara  )

Pero la mosca seca todos sabemos que es muy limitada, tanto en el tiempo como en las condiciones ambientales, y esto fue lo que dio origen a una evolución muy personal de la pesca bajo la superficie con " microninfas y " perdigones ". 
Enseguida los más experimentados pescadores se dieron cuenta de que las mismas truchas que rechazaban sistemáticamente nuestros grandes y elaborados montajes de ninfas, tomaban sin recelo, incluso con más facilidad las " microninfas " y " perdigones " que la mosca seca, y además durante prácticamente toda la jornada de pesca, en muchos casos en condiciones ambientales muy adversas. 
Estos pescadores experimentados no eran otros que los participantes en la alta competición, que necesitaban técnicas efectivas a cualquier hora del día, era imprescindible pescar abundantemente tanto al mediodía como al atardecer si se quería hacer un papel relevante en el mundo de la competición. Pero la pesca con pequeñas ninfas planteaba una serie de inconvenientes como era el control del hundimiento en función de la distancia de pesca y la detección de la picada. 
En cuanto al control del hundimiento, en un principio el lastrado del cuerpo de la ninfa con hilo de plomo no era suficiente, incluso acompañado de cabezas doradas de latón y anzuelos gruesos, con todo ello no era posible superar los 0,09 gramos sobre un anzuelo del 16. Existía la posibilidad de añadir plomado en la cabeza de la ninfa para alcanzar los 0,11 gramos, pero la normativa en competición no permitía que ningún lastre a excepción de la cabeza dorada quedara sin recubrir, y recubriendo todo aumentaba de nuevo el volumen de la artificial. 
La aparición del tungsteno solucionó en gran medida este problema, un anzuelo del 16 sin plomar, montado solo con una cabeza de tungsteno ranurado del 2,4 alcanza los 0,15 gramos, esto permitía como mínimo a igual silueta un setenta por ciento más de hundimiento que antes. En conclusión, se puede afirmar que el tungsteno ha sido una de las grandes revoluciones de la pesca con ninfa en los últimos años.

Perdigón Holográfico 2,8 #14, HS-03

En cuanto al rozamiento, hay que tener en cuenta que una ninfa no se hunde sola, debe arrastrar al bajo - ninfa, por tanto cuanto más fino sea este, menos rozamiento con el agua producirá y consecuentemente el hundimiento será mayor y más rápido. Hoy en día, un diámetro del 0,10 o del 0,12, es capaz de obtener grandes capturas, máxime si lo acompañamos de una caña larga de por ejemplo 11 pies #4 de acción especial para ninfa y por supuesto de nuestra experiencia. 
Ateniendonos al rozamiento contra el agua, aquellas ninfas peludas y voluminosas que acostumbrabamos a montar de gran absorción, reducían considerablemente el hundimiento respecto a las modernas " microninfas ", y sobre todo de los modernos " perdigones ", confeccionados con finos y atractivos tinseles y barnizados, quedando unos cuerpos lisos, aerodinámicos y resistentes, aunque un poco a costa de reducir el realismo tan necesario en nuestras imitaciones de ninfas, por ello debemos buscar siempre un equilibrio en este aspecto. Una silueta fina bien barnizada, hundirá mejor que una gruesa a igual peso, de nuevo el rozamiento es la clave, además una silueta fina proporcionará un aspecto de la artificial más realista y atractivo para nuestras esquivas truchas.

Perdigón mate 2,8 # 14, Heptagénidos 

La forma de hundir el conjunto, osea el bajo - ninfa, es algo que está directamente relacionado con esta técnica de pesca. El ángulo de entrada de este conjunto puede proporcionarnos un considerable aumento del hundimiento. La ninfa o ninfas deben entrar siempre en primer lugar, lo más perpendicular posible a la superficie del agua. Si presentamos el conjunto de forma contraria, osea primero el bajo - ninfa y luego las ninfas, estas tendrán que provocar la rotura de la tensión superficial del hilo que las sujeta, osea del bajo - ninfa desde el primer momento, y consecuentemente reduciendo el hundimiento y acarreando el rozamiento de un ángulo tendido, incluso por debajo del agua durante toda la deriva. 
Nuestros ríos como ya se ha dicho, al ser tan claros, exceptuando cuando vienen crecidos, nos obliga a guardar una distancia mínima de pesca, superior a la que nos permiten técnicas de corta distancia que triunfan en otros países. Sin duda la cuestión del ángulo de entrada del conjunto ( bajo - ninfa ), tiene mucho que ver con la distancia de pesca. La pregunta que los expertos pescadores de competición se hicieron en su día fue ¿ Cómo presentar nuestras ninfas a una distancia superior a la longitud de nuestra caña de forma perpendicular a la superficie del agua, y que las ninfas profundicen y deriven de forma natural por el lecho del río sin dragar? En muchas ocasiones, cuatro o cinco metros sumados a la longitud de la caña de más o menos tres metros, más nuestro brazo extendido, son suficientes para no alterar a nuestras asustadizas truchas. 
Ahora bien, si queremos buscar la máxima efectividad, es tan importante no acercarnos demasiado a los peces como pescar de largo, aunque la pesca en largo dificulta la detección de la picada, retarda el clavado o "cachete " y la recuperación del pez, por tanto, siempre que sea posible deberemos pescar a punta de caña, y aquí empiezan los problemas con las " microninfas " y " perdigones ". 
Si queremos pescar a punta de caña con una línea tradicional ( cola de rata ), cuatro o cinco metros por delante de la caña, estamos obligados a levantarla para aumentar la longitud del bajo de línea en el aire, disminuyendo así el ángulo de presentación, para evitar que este ( el bajo línea ) apoye en la superficie del agua, haciendo trabajar en exceso a las ninfas durante el descenso. Pero cuanto más línea ( cola de rata ) tengamos en el aire, el peso de la misma producirá un efecto " comba " que tira de las ninfas hacia nosotros, alterando la deriva natural de las ninfas.

Perdigón mate, cuerpo ancho, Heptagénidos 

Solo existe hasta el momento una forma de evitar este problema, y es utilizando bajos muy largos y finos prohibidos en competición, o bien, olvidarnos de pescar con la línea tradicional, osea la " cola de rata " y pescar con la técnica de pesca " al hilo ", también prohibida en competición, ( longitud máxima del bajo, no debe superar en ningún caso dos veces la longitud de la caña ). El aparejo para pescar " al hilo " consiste básicamente en añadir un bajo a la vieja " cola de rata " o al backing que tengamos en la bobina del carrete. Este bajo no es el habitual que todos conocemos de monofilamento cónico, sino que se trata de un trozo de monofilamento o hilo especial de color, de vente o más metros de largo del mismo diámetro en toda su longitud, generalmente del 0,20 si tenemos la necesidad de pescar con ninfas de mayor peso, como por ejemplo los grandes pozos de los ríos regulados, para ríos más pequeños se suele usar diámetros más pequeños de hasta el 0,14. A este trozo de hilo que será el encargado de lanzar las ninfas, podemos unir un trozo de hilo de cincuenta o sesenta centímetros de largo, de diámetro igual o un número inferior, pero de color vistoso, que será el que nos indique la profundidad a la que derivan las ninfas, también nos servirá  de ayuda para ver mejor por donde derivan especialmente los días encapotados. A partir de aquí uniremos lo que se ha venido en llamar el " bajo - ninfa ". La confección de este " bajo - ninfa " es muy personal de cada pescador. Yo pesco con un bajo - ninfa generalmente  de 1,5 metros de longitud para los ríos más grandes, en dos tramos, uno de 1 metro de largo del 0,14 y otro de 50 centímetros del 0,12, y en el empalme dejo una hijuela de siete u ocho centímetros para la segunda ninfa, generalmente más pequeña. En los ríos naturales todo suele ser más corto y fino. Existe una fórmula ( no matemática ) según algunos pescadores para calcular el largo del bajo - ninfa, que consiste en multiplicar por 1,5 la profundidad donde pesquemos.

Aparejo para pescar " al hilo " 

Pescando " al hilo ", como no tenemos una línea o cola de rata que nos ayude a lanzar nuestras ninfas, debemos de mantener siempre la tensión del hilo y las ninfas con el agua para así poder lanzar de forma correcta, porque es el peso de las propias ninfas las que aran las veces de línea o cola de rata. Por tanto, debemos aprender a lanzar las ninfas utilizando el único peso con el que contamos. Pescando "al hilo ", la pesca más efectiva sin duda que conozco para pescar a ninfa nuestros ríos, debemos calcular perfectamente las pausas del lanzado, de manera que sean las propias ninfas quienes tiren del hilo y este las proyecte hacia el agua. La verdad es que esta técnica contradice los principios de la pesca con línea, pero nadie nos obliga ( de momento ) a ser convencionales pescando.


Perdigón mate de cuerpo alargado, 2,3 # 16, Bétidos 



Últimamente están apareciendo en el mercado líneas sintéticas paralelas especiales para esta técnica de pesca " al hilo ". En fin, un mundo este en constante evolución. A los más veteranos nos ha costado un poco adaptarnos a esta nueva técnica de pesca y nuevos montajes, pero realmente debo confesar que ami personalmente me ha venido Dios a ver. Me encuentro en esta nueva temporada como si fuera la primera, con renovadas ilusiones y ganas de aprender, y presentar mis perdigones allí donde las grandes truchas están esperando pacientes que alguien las presente correctamente algo atractivo. Un aliciente más para seguir a pie de río, y un reto más como lo fue en su día la pesca con mosca seca.

Microninfas 2,0 # 20

En cuanto a la detección de picada, baste decir que esta técnica de pesca " al hilo ", como la pesca con mosca ahogada estilo leonés, está más indicada para aguas rápidas, y si son profundas mejor, por tanto mi corta experiencia me dice que la mayoría de las truchas se clavan prácticamente solas, basta para ello no perder en ningún momento el contacto con el hilo para dar el " cachete ", teniendo solo la precaución de que las ninfas deriven a la misma velocidad que la corriente por el lecho del río. Para aguas más remansadas se suele utilizar el clásico muelle, osea un indicador de picada. 
La clave del éxito de esta técnica de pesca " al hilo ", no sólo está en la perfecta deriva que consiguen  las ninfas y la profundidad que alcanzan en un corto espacio de tiempo, sino también en las propias ninfas, y más concretamente en las ninfas - perdigones. Su menor tamaño con respecto a las ninfas tradicionales, su forma aerodinámica producto del barnizado y los tinseles, permiten una mejor penetración en el agua y consecuentemente bajar a profundidades mayores y en menor tiempo, por esta razón son capaces de seducir a peces recelosos, desde pozos a tablas de aguas tranquilas y profundas, hasta corrientes de intensidad diferente. Sin embargo con el transcurso de la temporada de pesca, las truchas aprenden latín y empiezan a relacionar los diferentes brillos y colores de  los " perdigones " con peligro y estrés, es por tanto el momento de cambiar a otros tonos menos llamativos como son los colores neutros o mates. En cualquier caso, es la experiencia y las truchas quien nos irán marcando el camino a seguir en este apasionante mundo de la pesca " AL HILO CON PERDIGONES ".



Trucha capturada esta temporada 2015 en el río Órbigo  "al hilo " 
Para finalizar una reflexión más : La pesca " al hilo " es sin duda una modalidad más de las múltiples posibilidades que nos ofrece la pesca a mosca, y debería ser practicada o al menos conocida por todos los pescadores de mosca que quieran o precisen dar respuesta a todas las situaciones que nos podamos encontrar en una jornada de pesca, independientemente del río y las condiciones ambientales que encontremos. 
Todos los pescadores de mosca seca sabemos que su eficacia queda limitada a que las truchas se ceben en superficie, o en ausencia de cebas a que alguna se mantenga en su puesto de caza viendo lo que la corriente arrastra, ¿ Y que hace el pescador de mosca seca cuando esto no sucede ? En la mayoría de los casos sentarse sobre una piedra y dejarse vivir en suave baño de resignada dejadez mirando correr las aguas. Y suele suceder entonces que se pone a pescar a ninfa como último recurso. He oído a muchos pescadores decir que utilizan la ninfa solo para evitar irse a casa de vacío. Un triste argumento sin duda. 
Es natural que un pescador de mosca seca que quiera aprender a pescar a ninfa con esta técnica de pesca " al hilo " se sienta desorientado al abandonar la superficie para atravesar el espejo de las cebadas que le tienen deslumbrado. Es el paso de lo visible a lo invisible, la superficie del agua es una frontera que separa dos dimensiones, una puramente aérea de donde no se hacen patentes más que unos limitados aspectos de la vida acuática. La otra, la verdadera dimensión suba cuántica está hecha para ser traspasada por los más despabilados e inquietos pescadores, que saben apreciar un inacabable mundo de vida, que nos permite practicar nuestros vicios más inconfesables, y me refiero que la pesca "al hilo con perdigones " nos permite experimentar con nuestros montajes más atrevidos, el único requisito invariable que hemos de cumplir es que el " perdigón " resulte hidrodinámico, formas, tamaños, colores, peso, etcétera, y que derive de forma natural a la misma velocidad que lo hace la corriente. Discreción en el lance para no despertar la desconfianza en el pez, para seducirlo con nuestra artificial en su propio elemento. Esa delicadeza y esa habilidad son dignas de ser conocidas por todos los mosqueros.