BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

viernes, 14 de julio de 2017

La Trucha de Sardonedo y Yo.

Con la sonrisa en el pecho y la ilusión del niño que sale a jugar al recreo, y con la secreta esperanza de que alguna trucha tomara la "zanahoria", vadeé el río hasta alcanzar la cabecera de la tablada que había estado observando mientras me cambiaba. Me aproximé con sigilo a un pozo alimentado por una torrentera y me dispuse a estudiar la situación.

La mayoría de los pescadores que practicamos abitualmente esta técnica de pesca " al hilo ", tenemos una fascinación, una especie de atracción mística por los pozos y aguas profundas, intuimos que allí, en las profundidades, puede estar oculta la trucha de nuestra vida, por eso cuándo hoy entré al río, después de percatarme de que no había ningún pescador a la vista, me fuí derecho al pozo, a ese oscuro objeto del deseo.

Coto de Sardonedo. 
El monótono rugir de la torrentera, junto con el oscilante verde follaje de la orilla, el silvar pausado de las hojas de los árboles, y todo un mar de ramajes que cimbreaba a impulsos de la brisa, imperaban en la atmósfera de una mañana fresca y ventosa saturada por los aromas de las matas silvestres.  Iluminándolo todo, un sol receloso que empezaba a entonarse entre nubes blancas que iban apareciendo en el mar azul del cielo en cuya inmensidad flotaban algunas estrellas rezagadas, como esas hermosas mujeres que después de una noche de orgía se dirigen soñolientas al hogar, con el vestido deslucido, las flores marchitas y los ojos empañados por el desvelo.

En realidad más que un pozo era un tramo largo de aguas profundas,  protegidas por una exhuverante vejetación, así que puse especial cuidado en no enredar en las ramas el aparejo de dos perdigones, una zanahoria en punta, y un plátano más arriba.
Estos lances con un hilo tan fino y dos bolas de tungsteno, no te permiten rectificar en el aire como una mosca seca y una línea convencional, si calculas mal y el lance te sale largo, lo más probable es que los perdigones terminen enredados en alguna rama de la orilla.

La postura y la torrentera al fondo. 
La zona cubierta por la vejetación era la más profunda, por lo que decidí que los perdigones deberían pasar rozando el ramaje semisumergido. El lance fué preciso y perfecto, yendo a parar a la cabecera de la torrentera, haciendo que los perdigones ganasen profundidad a medida que derivaban hacia la postura elegida.
Al llegar los perdigones a mi altura, sentí un toque muy suave, casi imperceptible que me hizo pensar que las truchas no estaban ni por las frutas ni por las hortalizas, volví de nuevo a lanzar al mismo sitio y esta vez noté un tirón fuerte y seco al final del recorrido, justo cuando los perdigones comenzaban a ascender a la superficie por el efecto de la presión que egercia la corriente sobre ellos.

El hilo quedó entonces fijo en un punto del lecho del río, sin moverse en ninguna dirección, levanté la caña casi en vertical y apreté con fuerza el hilo contra el corcho de la empuñadura, el puntal se arqueó como una vilorta, parecía un penitente sediento de clemencia. Ya la tengo pensé... sin duda debe ser grande; pero seguía sin haber ninguna reacción, destensé y volví a tensar un par de veces, el hilo silvaba al cortar el agua pero todo seguía igual, pensé que quizás había enganchado en alguna rama sumergida, volví a tensar y destensar varias veces más inclinando ligeramente la caña hacia uno y otro lado con el fin de recuperar los perdigones o perderlos definitivamente.

Al cabo de un rato, mientras pensaba como salir mejor de aquella situación, noté una leve vibración en la mano que sujetaba la caña, una especie de traqueteo que me resultó familiar, fué entonces cuando supe que tenía clavada una trucha, y mi semblante cambió de repente, pero el hilo seguía fijo bajo la vena gruesa de la corriente que empujaba con fuerza en aquel tramo profundo, y no había forma de moverla, había allí algo mitad mío que tiraba con furia sin doblegarse en lo más hondo del agua, era consciente de que un movimiento violento de la trucha o de lo que fuera, sería suficiente para romper el fino terminal, así que procuré no hacer nada extraño que la asustara.

Coto de pesca de Sardonedo. 
Quieto como una estatua, intentaba recuperar algo de hilo para probocar que se moviera, pero no podía, la tensión hacía que continuamente se resbalara de entre mis dedos, aveces, ni siquiera sabía dónde lo tenía, pensé para consolarme que seguramente era el precio que había que pagar por pescar con hilos tan finos, sí pescara con hilos más gruesos, no me pasaría esto, pero entonces no sería igual, esta técnica perdería parte de su efectividad.

Después de cinco o tal vez diez interminables minutos empezó a moverse. De repente todo sucedió muy rápido, no se como, pero en décimas de segundo se llevó quince o vente metros de hilo, haciendo alarde de una increíble fuerza, fué maravilloso verla descolgarse aguas abajo a toda velocidad, al son de la ronca sinfonía como de tela rasgada que entonaba el vivarelli, regalándome al final del viaje una expectacular cabriola en el aire decorada con un gran aro de espuma que recordaré por mucho tiempo.

Ahora estaba seguro de que la vista no me engañaba, de que se trataba de un hermoso ejemplar de trucha. La dirección del hilo indicaba que todo seguía su curso normal, pero inesperadamente se volvió a clavar en el fondo como una roca, y eran inútiles cuantos esfuerzos hacia para moverla. De nuevo otra vez el hilo zigzagueaba en el agua, y otra vez volvía a resbalarse de entre mis dedos, parecía que el mismísimo diablo disfrazado de trucha tirase desde las profundidades, empezaba a sentirme algo excitado, pero aún podía mantener firme mi brazo, me acordaba en ese momento de MacLean y sus pozos del tiempo, pero no era capaz de saber si estaba entrando en uno de ellos o simplemente estaba inmerso en un fugaz estallido de la vida.

Pasaba el tiempo y los segundos se hacían interminables, el hilo seguía tenso y el puntal arqueado, empezaba a dudar si la trucha seguiría clavada o se habría liberado del anzuelo enredando el bajo en alguna de las raíces sumergidas, ahora si empezaba a sentir el brazo agarrotado y la mano algo entumecida, como si me faltaran fuerzas para seguir manteniendo el hilo en tensión, y como en tantas ocasiones me vino a la memoria los recuerdos de mi juventud, de aquellos años locos lanzando y vadeando el río todo el día sin parar, saltando cercas y torrenteras acarcavadas, descrestando peñas por riberas encañonadas y barrancos profundos, avanzando entre juncos y espadañas, caminando por sendas y atajos separando las traicioneras zarzas rastreras y mil herbazales que se agarraban al vadeador como lapas, cruzando praderios y maizales interminables, y cientos de pequeños arroyos,  bajo la lluvia y el sol, entre tormentas y heladas, entre el fango y el barro, entre ilusiones y ensoñaciones pueriles, ¡Dios mío! ¡que tiempos aquellos!

Coto de Sardonedo. 
Siempre recurro a la  melancolía para  relajarme, los recuerdos del pasado se aferran a uno como si formaran parte del cuerpo, pero no puedo permitir que se transforme en un vicio, no me ha llegado aún ese triste periodo de la vida de los recuerdos, en que el hombre pasa largas horas con la mirada puesta en el ocaso, pensando lo que hizo y no volvería a hacer, si bien es verdad que el pescador por viejo que sea, siempre tiene algún resto de esperanza en el santuario de su corazón, para disculpar su decadencia y rechazar la jubilación que el despiadado tiempo le presenta.
Pero... ¡que le vamos hacer! El hombre es débil, vive siempre soñando con la perfección humana que no consigue jamás, llega a la vejez y se irrita contra las anomalías y caprichos de la naturaleza, busca excusa a sus debilidades, a sus torpezas y a sus chocheces, sin poderse explicar por qué a manera que se caen los pelos de la cabeza dejándola semicalva, crecen con más fuerza y vigor los de las cejas, cuando tan poca distancia hay entre ellos. ¡ay amigo pescador si yo le contara! Esos pelos rebeldes, cuantos disgustos han causado y causan a los pescadores mayores. Yo por mí se decir que cuando en la superficie del agua veo varias moscas juntas flotando, no se cual es la mía, y cualquier sombra sospechosa me parece una trucha, los pelos de las cejas me desconciertan y la vista me engaña. Muchas veces he estado a punto de afeitarme las cejas, pero la pícara vanidad me ha hecho dejar las tijeras en el estuche, pues reconozco que estaría más feo de lo que soy con las cejas rapadas.

La Trucha.
Mientras me sentía enfrascado en estos pensamientos, el pequeño milagro ocurrió, la trucha empezó a moverse y sentí de nuevo un gran alivio. Entonces la vi por primera vez a pocos centímetros de la superficie, su cuerpo totalmente aerodinámico, me pareció un obús con aletas, me fijé en su cola que era tan grande como la palma de mi mano, casi no lo podía creer, era la trucha más grande que había visto en mucho tiempo, y me sentía feliz.
Después de algunas cortas carreras y coletazos, fué perdiendo vigor en su porfiria por desprenderse del traicionero perdigón que prendía de su boca, sus movimientos empezaban a volverse lentos y torpes y, poco a poco pude acercarla a la orilla para poder sacarla por la cola, pensé que así sufriría menos su cuerpo y, sobre todo su piel que con la red.

La emoción del momento me embargaba, apenas podía manipular el teléfono para inmortalizar con una fotografía el instante tan maravilloso que estaba viviendo, ni fuerzas me quedaban para levantarla.
Mientras la observaba boquiabierto como si fuera la primera vez que veía una trucha, bendije el día que vino al mundo un animal tan bello, era como una llama expuesta a los rayos del sol, en la que sobresalía una librea dorada de color amarillo ámbar florecida de rubíes, con escamas centellantes que parecían pequeñas pepitas de oro incrustadas en su resbaladiza piel, ocelada de pintas rojas y negras, ribeteadas de un aro blanco pálido.
¡Que grande es la Naturaleza! que se emplea a fondo para protegerlas, facilitándolas el engaño con los disfraces de formas y colores tan diversos  como el propio lecho del río donde viven. Así son las truchas de Sardonedo, por que así lo ha dispuesto sabiamente la Naturaleza, fuertes y bonitas.

La "Zanahoria"
Me dispuse a devolverla la libertad en la soledad más sublime y pasmosa, más admirable y epléndida, sin más testigos que la propia conciencia ni más jueces que Dios, tan solo la cámara de fotos del teléfono como notario de excepción.
Ya dentro del agua, muy cerca de la orilla donde la corriente perdía fuerza, la retuve cuidadosamente entre mis manos, y empecé a moverla hacia adelante y hacia atrás para que el agua hiciera su trabajo.
La trucha al principio parecía no racionar, como si no quisiera luchar por conservar la existencia, como si estuviera cansada de soportar tantos desengaños sufridos a lo largo de los años, pero la realidad era distinta, el esfuerzo por liberarse del falso alimento no había sido poca cosa y estaba agotada, tanto como lo estaba yo que tuve que arrodillarme para poder seguir reabilitándola, pero no la iba a dejar a su suerte, estaría todo el tiempo necesario hasta que notara que ya estaba lo suficientemente fuerte para soltarla.
Después de cinco o tal vez diez minutos empezó a mover languidamente su cuerpo, al principio eran sólo tímidos movimientos, pero pronto fueron incrementándose y las branquias empezaron a bombear, hasta que noté que quería marcharse, entonces la solté para que se recuperara definitivamente en las profundidades del río donde tenía su morada.

Para el pescador deportivo, hay pocas situaciones que le proporcionen tanta satisfacción como ver a la trucha que ha tenido entre sus manos alejarse desde la orilla resignada pero con nobleza y dignidad, después de haber luchado hasta la estenuación por conservar su libertad. Nada puede compararse, entonces es cuando comprendemos que el pez en si mismo no es el objetivo de nuestra pasión, ni un trofeo de pesca, ni una captura para medir nuestra vanidad, para el pescador deportivo, el pez es su amigo, capaz de brindarle recuerdos y momentos que guardará para siempre en su memoria. Es aquí cuando el espíritu deportivo del pescador alcanza su máxima expresión, que no en balde el hombre siente su superioridad sobre los demás animales, no cuando los mata, sino cuando una vez dominados es capaz de conservarles la vida. El pescador entonces se eleva sobre si mismo y se convierte un poco en aprendiz de los dioses, o tal vez de ese mismo y único Dios creador.

El "plátano"
Mientras la contemplaba alejarse, pensaba la suerte que había tenido ese día, en otras circunstancias lo más probable es que hubiera terminado en la cesta de algún pescador y luego en algún contenedor. Pienso que es injusta la vida con estas truchas, porque su único pecado ha sido tener la mala suerte de vivir y crecer en un determinado tramo del río, a muy pocos metros del límite que separa la vida de la muerte.

La emoción se reflejaba en mi rostro, había conseguido engañarla con una "zanahoria" en su propio medio, allí donde ella se setía segura y, vencerla en su estrategia de defensa, y la había devuelto su libertad para que de nuevo se convirtiera en un desafío para otro pescador, y poder soñar como yo, porque en la pesca participan pescador y pez, y si no hay pez no puede haber pescador.

¿Quién me iba a decir después de tantos años pescando el Órbigo que estaría engañando a las truchas de Sardonedo con una "zanahoria"? ¿ Quién iba a pensar que aquellas enormes truchas, invulnerables entonces se las podía engañar con esta mortífera mostacilla? Cuanto tiempo perdido haciendo la "garita", y cuanto tiempo malgastado dedicado a montar complicadas imitaciones de rancajos, gusarapines y frailucos. Sin embargo sigo pensando que no existe más arte en la pesca con mosca que montar en el torno varios gusarapines con pelos y plumas, y luego pescar con ellos en torrenteras y aguas agitadas de nuestros ríos, pero justo es reconocer que estos artilugios son muy efectivos, casi tanto como el propio gusarapin natural.

No me entraba en el cuerpo tanta alegría, me sentía como un torero dando la vuelta al ruedo con una oreja en cada mano, un hecho tan simple como capturar una hermosa trucha, es capaz de crearme un estado de ánimo particular, una especie de estado de gracia, ¡cuántas enfermedades se curarian si pudieran someterse los hombres al tratamiento de la pesca! De repente se olvidan de un plumazo tantos y tantos sinsabores, tantos días de acabar con el brazo roto y la espalda deshecha, tantas frustraciones y tantos esfuerzos. Es increíble que a estas alturas de la vida, uno todavía siga disfrutando de estas cosas, tratando de engañar un pez que luego devolvemos al agua. ¡Pero es que en el seno de esta naturaleza el hombre es otro! ¡olvida las penas! ¡se cree que está en otro mundo!

Con el brazo aún caliente y los recientes recuerdos de la lucha con la trucha, me senté en la orilla y respiré con avidez el aire puro y fresco de la mañana, seguido de un instante que me pareció eterno, en el que nada necesitaba ni nada añoraba, el Órbigo de nuevo me había regalado unos minutos únicos, de esos que todos los pescadores soñamos tener alguna vez. Me sentía a gusto y dueño del tiempo, como si tubiera toda la eternidad por delante para disfrutar de momentos como este, al fin y al cabo, quien más quien menos en alguna ocasión se ha sentido un poco niño por la ilusión de capturar una hermosa trucha, y un poco Dios por la grandeza infinita de devolverla la libertad.

Acaso sea aquí, en la soledad del río donde me sienta más vivo, la ciudad me quita el humor y me arrebata los placeres de la pesca y de la Naturaleza. Cada vez más, necesito oír la solemne sencillez del rugir de la torrentera y el silvido de las hojas de los árboles, y hallo en cada captura una nueva historia que contar, y en cada salida de pesca una nueva aventura para recordar, esto hace que mis pensamientos se desligen de las inquietudes cotidianas por agitadas que estas sean.

Seria estupendo que la Junta gestionara este tramo como sin muerte, es uno de los últimos reductos que nos queda para recordar viejas glorias, si no, muy pronto solo nos quedará esa mirada fría y hueca para recordarnos lo mucho que hemos perdido. De la misma manera que un día alguien eligió pescar y devolver en lugar de pescar y matar, debemos continuar evolucionando, es a mi juicio el único modo de seguir creciendo en la educación de una pesca deportiva, el único modo de asegurar y transmitir a las nuevas generaciones nuestra pasión por la pesca.

sábado, 25 de marzo de 2017

Consideraciones sobre la Mosca Ahogada con Sedal Pesado.

La pesca con mosca seca no es la única modalidad que se puede practicar con sedal pesado, tenemos además la ahogada y la ninfa, tres componentes que se complementan en la pesca con mosca y que hacen de un aficionado un pescador completo.
La experiencia junto con la estrategia a seguír en un determinado día y lugar del río, hacen que el pescador que desee capturar el mayor número de piezas opte por una, por dos, o por las tres soluciones en una misma jornada de pesca.
No se acaba de comprender bien como algunos pescadores pueden empeñarse en una modalidad determinada, dejándose guiar por los gustos personales sin tener en cuenta las circunstancias dictadas por la época, día, hora y lugar, factores todos que permiten que la acción de pescar sea un acto presidido por la razón.
Ninfa leonesa (sin lastrar).
Un pescador amante de la mosca ahogada, tanto en la modalidad de "pesca a la leonesa" con buldó como con sedal pesado y capaz de aceptar sus reglas y ponerlas adecuadamente en juego, no puede quedar indiferente frente a sus numerosos detractores, no puede más que indignarse al ver su especialidad tan poco practicada e ignorada de forma tan manifiesta.
La "Ahogada", esa modalidad de pesca tan denigrada, practicada cada vez por menos aficionados, pesca difícil y a la vez considerada fácil. ¿Necesita acaso una rehabilitación? No lo creo, esta modalidad tiene las más depuradas normas de nobleza. Nuestros antepasados como se pone de manifiesto en el Manuscrito de Astorga y otros documentos antiguos ya pescaban así, habiendo cambiado con el paso del tiempo solo los materiales.
Nuestros pescadores mayores, grandes especialistas en el arte de mojar bien las moscas, han actuado de la misma manera que sus predecesores, y los montajes de estas tradicionales moscas ahogadas o "mosquitos" leoneses están inspirados en la labor de ellos, porque ellos han sido durante generaciones la base incontestable de este tipo de pesca.
Mosca ahogada para sedal pesado. 
Las leyes que regulan la pesca con mosca ahogada y sedal pesado derivan de dos constataciones conocidas por cualquier pescador con un poco de experiencia, o simplemente que sea un poco observador. La primera concierne a los insectos de los que se alimentan las truchas, y la segunda al comportamiento de las moscas o "mosquitos"en el agua. Y esto es lógico, pues se trata de pescar con artificiales destinadas a imitar perfectamente los insectos de los que se alimentan los peces dentro del agua, y a confundir en su propio medio en este caso a las recelosas truchas.
La trucha al igual que la mayoría de los peces ve perfectamente bajo el agua, su medio natural de vida, por esto es mucho más capaz de apreciar los detalles de una mosca ahogada que de una flotante, es decir, inmersa en el aire.
De estas dos realidades derivan las dos reglas fundamentales de la pesca con mosca ahogada, con imperativa necesidad de alcanzar el más alto grado de calidad en la confección de las artificiales, especialmente en lo referente a la silueta, tamaño, colorido, y sobre todo a la calidad de las  plumas  que nos servirán tanto para imitar las alas del insecto, como los cercos y las patas.
Es preciso señalar que una mosca ahogada mal confeccionada pero bien trabajada por una mano experta, tomará más truchas que la mosca mejor concebida pero mal trabajada. No hay pues que descuidar la segunda regla que se refiere a la técnica a emplear

Moscas ahogadas leonesas. 
En el agua, las moscas artificiales deben moverse a la velocidad de la corriente en deriva muerta. Este es el gran secreto del éxito en la pesca con mosca ahogada y sedad pesado. Esta necesidad de una buena deriva dentro del agua condiciona de por sí la calidad de los materiales a emplear en el montaje de las artificiales.
La labor del pescador en esta modalidad de pesca con mosca ahogada y sedal pesado, al contrario que sucede en la pesca con buldó, donde el pescador tiene que ir recogiendo con la caña alta para que la línea no toque el agua, sino sólo el tramo donde están los "mosquitos", moviendo arriba y abajo el puntal para que la mosca bailarina navege por la superficie y se levante y se pose a intervalos, como lo hacen algunos hembras de Imagos al depositar los huevos sobre la superficie del agua, en esta modalidad de pesca  con mosca ahogada y sedal pesado, el pescador no tiene la necesidad de hacer vivir la mosca mediante el adecuado juego de tirones y descensos de la línea. Cada mosca, merced a los juegos de luz de la pluma y movimientos de la corriente debe dar su propia sensación de vida, como sucede con la pesca con mosca del salmón. El brillo, la testura y los tonos de la pluma, así como la adecuada posición de las fibras harán que la mosca derive sin dificultad. Silueta, vida, estabilidad, movilidad, buena deriva, etcétera, son pues las propiedades de una buena imitación de una mosca ahogada. El resto se complementa con los conocimientos hijos de la experiencia que permiten al pescador emplazarse en los mejores sitios, lanzar con precisión y sigilo, calcular la corriente, etcétera.
Pero ¿Y si no hay corrientes? ¿Y si nos encontramos con aguas paradas o semiparadas? Todo pescador de esta modalidad sabe que estos lugares no son los más indicados para la mosca ahogada, aunque son raras las aguas trucheras lentas o paradas, a lo sumo algún tramo. En cualquier caso siempre nos quedará la posibilidad de pescar estos escenarios con la seca, o bien buscar otros tramos más propicios si pescamos a "la leonesa con buldó.
A pie de río, junto al agua, se aprecia fácilmente que la mayoría de pescadores que emplean la ahogada con sedal pesado, son pescadores de seca o de ninfa puestos ocasionalmente a practicar esta modalidad. Han rastreado sus moscas colocándolas al extremo de una línea tensa con la caña alta, sin saber que la trucha en esta modalidad de pesca se clava sola, teniendo solamente la precaución de tener la punta de la caña baja, casi al ras del agua. Con la práctica de estos pescadores, una mosca ahogada parece equivaler a una ninfa plomeada. En estos casos, capturar alguna honrosa trucha es casi un acidente que tiene lugar por una afortunada conjunción de circunstancias, la trucha simplemente ha querido clavarse sola. Estos pescadores hacen precisamente todo lo que no hay que hacer. Esta inadecuada forma de pescar es lo que ha ocasionado el descrédito de esta modalidad de pesca entre muchos jóvenes pescadores, pesca de alevines, pesca fácil, etcétera. Estos pescadores practican la pesca al "toque" con una mosca ahogada, algo anormal completamente.

Hilos y sedas para la confección de los tradicionales "mosquitos leoneses"
Y ¿Que es un toque? Y ¿Que significa eso de que las truchas se clavan solas? Primero aclarar que los "toques" son las sacudidas que percibe en la mano un pescador que sostiene la caña en acción de pesca y que se relaciona inequívocamente con los movimientos que produce el pez al atacar un cebo. Pescando con mosca ahogada con el puntal de la caña alto y la línea tensa se puede afirmar que son precisos muchos "toques" para clavar un par de truchas, pues cuando se aprecia el "toque" es  ya demasiado tarde para dar el "cachete". Vemos pues que en esta modalidad de pesca hay que dejar que la trucha se clave totalmente sola, como sucede con la pesca con mosca del salmón, técnica basada precisamente en la mosca ahogada.  Pescar al "toque" es pues un error de manejo de las artificiales.
Una trucha que desea tomar una mosca ahogada abre la boca y aspira un buen volumen de agua que sale seguidamente por los opérculos, cuando el insecto en este caso la mosca artificial toca su garganta es retenida y analizada por la trucha antes de tragárla o expulsarla. Una línea tensa no permite o dificulta la aspiración correcta de la artificial por la trucha, esto explica que no menos del ochenta por ciento de ellas  se pierdan pescando así.
Por otro lado tenemos que los "toques"serán más apreciables cuando las moscas ahogadas deriven por la corriente aguas abajo, entonces el "cachete" de la mano del pescador solamente servirá para acabar de sacar la artificial de la boca de la trucha. Por tanto los "toques" con esta técnica pueden ser muy numerosos pero inefectivos, y como respuesta a esto los pescadores poco experimentados se limitan a sustituir sus moscas por otras más pequeñas.
Pescando aguas arriba, es decir, dejando que las moscas ahogadas deriven hacia abajo y utilizando esta técnica, están condenados a pescar rematadamente mal un río.
Clásico "mosquito leonés"
Pero en la pesca con mosca ahogada y sedal pesado, lógicamente en algún momento hay que dar el "cachete"para que profundice el anzuelo en la boca de la trucha y quede bien clavada, ese  momento depende de una correcta apreciación de la línea, y varía de una trucha a otra, de un río a otro, de la época, de la temperatura del agua, o de los diferentes insectos que en ese momento estén eclosionado o insectos arrastrados por la corriente muertos o emergiendo, también es diferente si se pesca aguas arriba o aguas abajo.
El "cachete"exige una buena vista, absoluto control de las emociones, buenos reflejos, una mano dulce, y algunos aspectos secundarios más. Esto lo saben bien los pescadores de mosca seca cuando se les acelera el corazón viendo subir una hermosa trucha a su mosca.
Un pescador con gran experiencia en este tipo de pesca ve como alrededor de un cuarenta por ciento de sus potenciales capturas recobran la libertad sin llegar ni tan siquiera a percibir el"toque". Una parada en la deriva de la línea o un cambio de dirección, son todos signos difíciles de definir y cuya adecuada comprensión pertenece al reino de lo que se entiende por "sentido del agua"por parte del pescador. Solamente la práctica es capaz de dar al aficionado la necesaria experiencia, esta especie de sexto sentido que hace que los pescadores que lo poseen claven trucha tras trucha, mientras que un neófilo seria incapaz de apreciar el menor de los signos, o un pescador poco experimentado diría que la mosca no ha sido tomada bien por la trucha.
Emergente montada en anzuelo del 20.
El mejor consejo para los que deseen aprender bien este arte es que se dediquen un día a acompañar a un experto. Si tienen la suerte de poder observar a un maestro, y aquí en esta maravillosa tierra hay muchos, verán encenderse dentro de ellos una lucecita que con un poco de practica crecerá hasta permitirles ser buenos y grandes pescadores de ahogada.
En más de una ocasión y habiéndome encontrado en el río con alguno de estos maestros, me he olvidado de pescar con la seca para observar a mis anchas sus sensacionales movimientos.
La elegancia, la desenvoltura, la simplicidad y economía de sus gestos me hizo una vez fijarme en un viejo gitano, una lluviosa mañana de abril en el río Esla, sin una sola perdida, clavó y sacó del agua treta y seis truchas (36) en poco rato, bien es cierto que eran otros tiempos, pero así todo se trataba de un maestro de la mosca ahogada. Vino hacia mí que le observaba embobado, y simplemente me dijo 《mañana hará buen tiempo》. Entonces yo era muy joven y comprendí lo mucho que tenia que aprender en pesca, entreviendo el maravilloso mundo que se me ofrecía ante mí, y al que después he dedicado gran parte de mi vida. Fue sin duda una inmensa suerte para mi poder observar a este hombre cuya silueta pasaba siempre desapercibida entre la maleza que le rodeaba. Su caja de moscas de hojalata, casi tan grandes como su cesta, me dejó boquiabierto cuando me la enseñó, sus modelos de moscas ahogadas y algunas ninfas confeccionadas con sedas y plumas de riñonada de los gallos de León, eran verdaderas maravillas de exactitud y realismo. Este hombre había adquirido la suficiente confianza en sí mismo para poder afirmar sin petulancia, 《pescar una trucha es solamente saber que se la va a pescar》, como se mentalizan los grandes campeones de nuestros días  antes de una competición, o como pienso yo cada vez que salgo en busca de la brava pintona.
Clásica cuerda de mosca ahogada leonesa.
 ¿Como debemos entonces presentar nuestras moscas ahogadas? No hay ninguna Ley, reglamento o norma que nos impida el empleo de ninfas estilo leonés, osea ninfas sin lastrar, o imitaciones de emergentes, subimagos o imagos muertos arrastrados por la corriente.
Es raro que las truchas muestren preferencia concreta por alguno de los tres estados salvo por las emergentes. Por todo esto se puede estimar que el empleo de una imitación de ninfa siempre sin lastrar, bien sea en periodo de actividad o de muda, merece toda la confianza del pescador en cuanto a efectividad. Este es el método que se conoce como "pesca a la ninfa", y la técnica es la misma que con la mosca ahogada.

Vasto es también el apartado concerniente a las "emergentes", cuyas imitaciones deben utilizarse con la temporada bastante avanzada hasta el final de la misma. Esos días de auténtico frenesí por parte de las truchas, con infinidad de cebas  y aros en la superficie del agua, pero que nos las vemos y deseamos para capturar alguna con la mosca seca  y se nos va el tiempo en cambiar una mosca por otra, esos días son ideales para poner en juego esta técnica de pesca con mosca ahogada y sedal pesado.
Ninfa emergente (sin lastrar), Nr. 18
A diferencia de la pesca con mosca del salmón donde generalmente se practica en rios grandes y caudalosos, y se precisa de lances largos aguas abajo, para que el salmón no note nuestra presencia dejando la mosca en deriva muerta, la ahogada rentable con sedal pesado no requiere lanzamientos de competición, la precisión importa infinitamente más que la longitud, teniendo en cuenta que nuestros ríos ni son grandes ni caudalosos, y casi siempre vadeables.
Para conducir mejor las moscas y que ofrezcan menos resistencia a las corrientes, e incluso marquen mejor los "toques", hay un tipo de línea a elegir, es la más fina que podamos manejar y que además nos sirva para pescar a seca y ocasionalmente a ninfa.
Pescando aguas arriba, aguas abajo y a través alternativamente el tramo de un río, la línea no debe engrasarse. El hándicap que representa pescar aguas arriba queda paliado con una recuperación ordenada de la línea.
Una caña de nueve pies de acción moderada, osea de acción rápida con puntal flexible, nos permitirá colocar las moscas sin falsos lances, lo mismo que hacen los pescadores de salmón con mosca. Utilizar líneas como máximo del cinco, para con la misma caña y línea poder pescar también a seca y ocasionalmente a ninfa lastrada, en este caso solo haría falta engrasar la línea.
No obtante seria conveniente poseer una caña de entre once y doce pies de características similares, y que utilizaríamos en aguas fuertes y tramos que nos permitan pescar aguas abajo, y en general cuando precisos de lances más largos de lo habitual. El carrete no debe ser más que una reserva de línea, por lo que un modelo simple y ligero seria suficiente. Todo lo contrario que para la pesca con buldó donde el carrete tiene que permitirnos mantener en todo momento la tensión del conjunto de "mosquitos", para que sea la trucha la que se clave al intentar capturar la artificial. En este caso no precisamos realizar el "cachete" ya que en realidad es como si la trucha lo realizara por nosotros al encontrarse mordiendo un anzuelo contra un nailon tenso.
Se puede pescar con una o dos moscas ahogadas, pero el bajo de línea más común y el que nos permite la normativa de pesca vigente de esta Comunidad Autónoma de Castilla y León, es de tres moscas o "mosquitos" sin lastrar, y que se encuadra dentro de la modalidad de "PESCA CON MOSCA A LA LEONESA".
Ninfa emergente  (sin lastrar), Nr.20
Cuatro son básicamente las diferencias del montaje de estas moscas con respecto a los tradicionales "mosquitos" leoneses. Primero : los anzuelos para estas moscas son de anilla, de tamaño acorde al insecto a imitar y época de pesca. Segundo : el grado de inclinación de las fibras de la pluma con respecto a la tija del anzuelo  deben quedar posicionadas en torno a los treinta grados con el fin de conseguir una deriva lo más natural posible, mientras que en los "mosquitos" tradicionales pueden llegar a estar en torno a los setenta y más grados. Tercero : la cantidad de fibras deben ser escasas, aproximadamente la mitad que para los "mosquitos", para que el hundimiento se produzca rápido. Cuarto : las fibras deben ser de la máxima calidad, preferentemente de riñonada de los gallos de pluma de León.
Ni que decir tiene que tanto estas moscas como las ninfas y emergentes que empleemos con esta técnica de pesca no deben ir lastradas, y tanto el cuerpo como la brinca se realizarán preferentemente con seda natural, ya que este material dota a la mosca de mayor movilidad y realismo que otros materiales dentro del agua al quedar las fibras uniformemente repartidas, en algunos casos pegadas al cuerpo de la artificial como si de un subimago muerto arrastrado por la corriente se tratara, incluso como insecto emergente o ninfas en periodos de muda. La cabeza es aconsejable no rematarlas con pegamento o barniz, pues estos materiales deterioran y distorsionan tanto la seda como la propia cabeza de la artificial. Los cercos en estas moscas son optativos, si bien los expertos maestros en este arte aconsejan prescindir de ellos.
En los tramos donde este permitida la pesca con muerte, se pueden utilizar anzuelos con arpón o muerte, lo mismo que si pescaramos a "la leonesa" con una cuerda tradicional y boya, solo que con un máximo de tres moscas, pues esta técnica de pesca está considerada una modalidad más dentro de la tradicional "PESCA A LA LEONESA".
Ninfa emergente  (sin lastrar)
En cuanto al montaje de las fibras es muy importante que estas queden siempre con la parte más brillante hacia arriba, y en ningún caso se deben cortar.
La inclinación la fijamos si hiciera falta con el hilo de montaje forzando con algunas vueltas en dirección a la base del cuerpo y presionando para que alcancen el grado de inclinación deseado, y con la uña del dedo gordo presionar también en la base del penacho de fibras a la vez que hacemos un ligero movimiento a un lado y a otro para repartir uniformemente las fibras que deberían quedar con una abertura de ciento ochenta grados (180°) más o menos, formando a continuación la cabeza y asegurando el nudo final.
Dejando a parte la estricta y comprobada productividad de las ahogada respecto de la seca, especialmente durante el primer tercio de la temporada, y juzgando de acuerdo con un número determinado de jornadas dedicadas íntegramente a una u otra modalidad, incluyendo la pesca al "hilo" o a ninfa, es lógico suponer que un pez, en este caso una trucha, se alimentará mejor en su medio que en la superficie del agua, osea en el aire. A pesar de esto me es imposible decidirme abiertamente por uno u otro método sin poder llegar a la orilla del río y ver las circunstancias particulares de la jornada, donde la estrategia a seguír juega un papel determinante.
La pesca es un deporte aveces divertido, pero sobre todo es un deporte serio y una continua enseñanza. Detesto la captura acidental, prefiero la calculada con mérito propio. El solo y exclusivo afán de pescar mucho me produce cierta embriaguez mental, incompatible con mi forma de ser, donde lo que prima es la dificultad y el sacrificio, y también las delicias que me proporciona la pesca deportiva de la trucha.

domingo, 27 de noviembre de 2016

De Pesca por la Ribera Baja del Torío

Cuando los pescadores hablamos o escribimos sobre este río, casi siempre nos referimos al tramo medio y alto, olvidándonos a menudo que existe otro tramo, quizás más humilde, menos conocido, pero no por ello menos interesante para la pesca deportiva y la naturaleza. Por esta razón te sugiero que me acompañes para juntos vadear, observar y conocer cada palmo de este tramo, y de paso si me permites enseñarte mi tierra, colarnos por sus bosques, sus pueblos, costumbres, historia y tradiciones. Quizás mañana esto que te voy a contar no sea lo mismo, y no deberías perder esta oportunidad de conocer este tramo bajo del Torío.

Vista parcial de la ribera baja del Torío 

Lo primero que te sorprenderá de esta ribera es su monte tupido de roble. En Villanueva del Árbol donde comienza nuestra andadura es monte de viejas tierras de centeno con grandes calvas en sus laderas, lo mismo sucede en Villasinta, San Feliz del Torío o Villaverde, sin embargo a la altura de Garrafe y Manzaneda es todo un bosque de respeto. Así es este paisaje por arriba, pero en la vega, el praderio es lo que manda.
Antes de seguir te diré que la vega de los ríos han sido zonas tradicionalmente muy utilizadas por el hombre para sus actividades agrarias y ganaderas. Esto no es casual ya que albergan terrenos especialmente ricos debido al progresivo depósito de materiales por parte del río en sus crecidas. Sin embargo, la cercanía al cauce no está libre de problemas y cada cierto tiempo el río se cobra su tributo ocupando de nuevo lugares que el hombre poco a poco le ha ido arrebatando. Ahora entenderás por que la cultura popular conocedora de estas cuestiones ha tratado de contrarrestarlo construyendo un entramado de sebes a modo de diques hechos con sauces, paleras y zarzas, que además de su utilidad para delimitar la propiedad, sirve también para frenar el ímpetu del río durante las crecidas y dar a la vez cobijo a muchas colonias de pájaros y pequeños mamíferos, y hasta frutos silvestres como las moras y los brunos.

El praderio y las sebes 

Veras pueblos a uno y otro lado del lecho del río, todos muy cerca del agua menos Villasinta, Valderilla y Fontanos que han preferido subirse al monte, quizás por precaución, o tal vez para tomar más el sol. 
El color ocre de la arcilla es el color predominante de las casas que siempre han estado sujetas a los materiales de la zona, y aquí querido amigo, no hay más que arcilla y canto. 
El verde es el color del verano, para recibir al invierno, el monte y la arboleda eligen su capa parda y tostada, y en cualquier caso se percibe que la vida estalla o se contiene, pero siempre se nota.

El monte

Ya sabes que es roble casi todo lo que ves del monte y aun más allá donde no te alcanza la vista, aunque aveces tengas la sensación de estar contemplando un monte apolillado con algunos remiendos como viejos cultivos, laderas repobladas de pinos raros, calveras y cárcavas, torrenteras escarbadas en los lomos del monte por lluvias y temporales, pues tiene mucha vida como veras más adelante.

Típica carcava de este lugar en terreno arcilloso, causada por el agua de las lluvias 

El tojo o aulaga

Compartiendo con el roble esta tierra pedregosa, se extienden unas plantas que llegarán a serte familiar, son las escobas, las urces y las zarzas o majuelos, y una gran variedad de plantas menudas y hierbas como el tojo o aulaga, con su flor amarilla y ramas espinosas, el tomillo, la achicoria dulce, y un largo etcétera que podrás descubrir si tienes la mirada curiosa. 
Este será el cuadro vegetal que podrás contemplar a simple vista practicando la pesca, pero si estas interesado en algo más, entonces tendrás que dejar la caña y adentrarte en el bosque, y verás torrenteras acarcavadas donde se refugian una vegetación profusa como los rosales silvestres o rosa canina, conocida por aquí como " agavanzos ", que florece de mayo a julio y produce frutos al final del verano de color rojo intenso llamado " tapaculos " o " escaramujos ", y es comestible en crudo tras quitar las semillas, también se usa para confeccionar mermeladas, confituras y jaleas. El nombre de rosa canina es un epíteto que se le fue dado por la forma de los aguijones o espinos similares a los caninos de un perro. También podrás ver escardamulas o " amor de hortelano ", de flor color rojo púrpura intenso, el fruto de esta planta es una bola con muchos garfios que se adhieren a los animales para su difusión, y cuando se secan se vuelven de color pardo, los majuelos y su fruto los " majolinos " que se pueden comer, y también se usan para hacer licor de orujo, el tojo espinoso, la zarzamora, la madreselva o " pata de cabra ", la gayuba o " uva de oso " con el fruto de color rojo vivo, la menta silvestre, también llamada " hortelana del perro ", es una hierba típica de humedales, y es que estas laderas brota agua de numerosos manantiales que en muchos casos no se ven, osea, no afloran a la superficie y solo empapan la tierra. La alfombra final la componen musgos, tomillos, achicoria, cardos,brezos rastreros, el gordolobo y cien hierbas más.

Flor de rosa silvestre de color rosa pálido 

Fruto de la rosa silvestre, " tapaculo "o "escaramujo "

Rodeando los pueblos están los huertos que complementan un recurso básico para muchas familias, en ellos se cultivan preferentemente cebollas, berzas, pimientos, tomates, patatas, guisantes y otras hortalizas. Los árboles frutales son manzanos y perales, pero hay también nogales, ciruelos y alguna higuera. 
Ya en el soto del río veras plantas de viva flor, plantas salvajes que medran a sus anchas como la boca del dragón, la viborera o " lengua de vaca "de color púrpura cuando está en capullo, cambiando a violeta o azul cuando florece, la menta de agua, cola de caballo y muchísimas más que seguro colmarán tu interés por la botánica. 
Si a todas estas plantas que puedes ver añades las setas y hongos comprenderás el inmenso cosmos vegetal que puede encerrar esta humilde tierra.

Escardamulas o " amor de hortelano "

La huerta

En el praderio podrás observar que hay arboleda suficiente para albergar colonias de cernícalos, urracas, estorninos o " tordos ", grajos, cuervos, zorzales, pájaro carpintero o " relinchón ", los milanos que anidan en los chopos más altos y más difíciles de trepar, y las precavidas torcaces. 
En los huertos que te cruces podrás contemplar al petirrojo o " pimentero ", un pájaro muy sociable, atrevido y curioso, que acostumbra a salir del bosque para instalarse en los huertos donde marca su territorio, y si presiente algún peligro o invaden su parcela emite una voz de alerta, chip - chip - chip parecida al del ruiseñor. También podrás ver verderones, verdefinos, jilgueros, carboneras, pinzones y hasta cincuenta especies más. 
Dentro de los pueblos, si te da por visitar alguno veras golondrinas, vencejos y muchos, muchos gorriones, amén de palomas caseras y quizás entre ellas alguna tórtola. En los tejados abubillas, lechuzas, y en los atardeceres veraniegos muchos murciélagos.

Cernícalo 

Petirrojo o " pimentero " 

Los mamíferos salvajes quedan prácticamente reducidos a las inmediaciones del lecho fluvial, aunque cuando el río lame la ladera del monte como sucede en Matueca, es buen sitio para el tejón y hasta el propio jabalí baja hasta los huertos y cultivos a hozar en busca de tubérculos y otras presas. El jabalí " solitario " encuentra en estos montes su palacio, feo y repulsivo, de orejas rectas y pequeñas, cabeza enorme y desproporcionada, con un cuerpo al que sostienen cuatro patas muy cortas, tiene el olfato y el oído muy finos y la vista de poco alcance, y como su pescuezo carece de juego, no puede girar a un lado ni a otro su enorme cabeza, esta es la razón por la que embiste siempre de frente. Gusta mucho este animal de hacer un habitáculo en los lugares más recónditos del monte porque detesta el ruido y la vecindad del resto de animales. Errante siempre, persigue a la hembra con ardor, y con sus eróticas andanzas se le erizan las cerdas sobre el cuello como el penacho de un sombrero tirolés, y va regando la tierra con la blanca espuma que sus dientes destilan. Su salvaje y fiera condición, y su valor para hacer frente a su enemigo, hacen de él un feroz y temible adversario, sobre todo desde la edad de los tres a cinco años cuando aún sus colmillos no se han debilitado ni retorcido. Sus costumbres son tan ásperas y duras como su piel, y en cambio tan finos sus sentidos del olfato y el oído que hay que sorprenderle cara al viento en la noche, y en el más absoluto silencio, porque las emanaciones las percibe a gran distancia haciéndole cambiar momentáneamente de ruta. Al llegar la primavera y el verano con sus radiantes campos de trigo y amapolas, el " solitario " saliendo hosco de su guarida, con su aspecto repulsivo, su gran cabezota y la mirada de sus ojos cerdosos y pequeños fijos siempre en la tierra, se acerca a los cultivos, y tal destrozo hace en ellos con sus temibles colmillos que en breve tiempo convierte el lugar en el más desolado del campo. Es pues el javali un puerco salvaje, un feroz animal libre e indómito, que no ha sido ni será jamás esclavo ni amigo del hombre. Sin embargo no es el javali una bestia feroz, sus anhelos son tres : el primero encaramarse plácidamente durante el día en lo más recóndito del monte, el segundo, que no le hostiguen cuando al llegar la noche sale a buscar su alimento cotidiano basado fundamentalmente en raíces, castañas, bellotas, frutos y granos de toda especie, y saciar luego su sed en charcas y regatos, la tercera es perpetuar la especie como cualquier otro animal con el más absoluto respeto.
También algunos ejemplares de oso pardo se acercan hasta esta zona atraídos por las colmenas, algunos no dudan en acercarse a pocos metros de las poblaciones ribereñas para zamparse la miel, una de sus pasiones alimenticias. Son animales muy astutos y cautelosos por lo que resulta difícil sorprenderles, salvo que les esperemos de noche y siempre contra el viento. 
Seria imposible relatarte el mundo de los insectos terrestres, solo decirte que son una parte imprescindible de la vida, sin ellos no verías ni pájaros ni peces en el río, ni plantas florecer en primavera, ni otras vidas.

Manto de Oro ( Lycaena virgaureae )

Este monte que ves a tu alrededor como todo monte leonés tiene inquilinos permanentes entre los que destaca el lobo, el corzo y el raposo, hay también liebres y conejos silvestres, y una larga lista de fauna menor, entre hurones, ardillas, musarañas, lirones, ratones, topillos y alguna culebra de escalera. La ardilla no se contenta con tener una sola casa o nido, sino que se permite el lujo de tener varios, lujo o picardía, lo cierto es que tiene varias casas y con dos puertas : una la principal orientada al mediodía para tomar el sol, y otra de escape, y con mucho confor con musgo y brozas finas que recoge con esmero, y también con plumas de los nidos de los pájaros que roba con astucia. Son tan sensibles a los cambios atmosféricos como las aves acuáticas. A la primera señal de mal tiempo, cada ardilla se introduce en su nido, una vez allí, tapan los agujeros por donde penetra el viento y a dormir hasta que pasa el temporal, aveces se reúnen varias en el mismo nido para ir conllevando el miedo. Cuando huye de un peligro, trepa siempre por el lado del árbol opuesto a donde cree que está su enemigo, se oculta bien y no saca más que la cabecita para enterarse de lo que pasa. Se alimenta con granos, frutas, bayas retoños,y especialmente con piñas. Es cosa muy agradable y entretenida verlas comer, singularmente piñas, se sientan graciosamente en una rama echando la cola sobre la cabeza, sujetan la piña con las patitas delanteras, y después de darla muchas vueltas y mirarla y remirarla, la arrancan las escamas una a una y van sacando los piñones que roen con lentitud y comen con delicadeza de refinado sibarita. En años de mucha nieve que no pueden almacenar provisiones, suelen morir muchas en los nidos. Podrás ver también al arrendajo común o " gayo ", con su plumaje muy llamativo y un obispillo blanco encima de la cola, se trata de un pájaro muy ruidoso y poco sociable, se pasa media vida escondiendo y almacenando bellotas de los robles y las que roba de otros animales como las de la ardilla para consumir en invierno. 
También podrás ver a la lechuza y algún milano real en vuelo de observación, alcotanes, búhos, aguiluchos y otros cincuenta pájaros más vuelan y anidan en esta fronda. Las perdices frecuentan las tierras de labor, si presienten algún peligro, en vez de apeonar como lo hacen en Tierra de Campos, aquí emprenden un vuelo rasante todo el bando hacia el monte donde se sienten seguras. 
Si andas con sigilo, en más de una ocasión te sorprenderá el aleteo explosivo  y ruidoso de las torcaces sesteando a la sombra que las proporciona los robles, y si el paseo es en otoño o invierno posiblemente te tropieces con alguna becada o choca perdiz, pues esta ave tiene en estos montes su hábitat preferido, te resultará difícil distinguirla entre la hojarasca gracias al camuflaje perfecto de su plumaje, aunque es muy raro que a tu paso aguante posada, tan solo aguanta cuando se siente acosada por el perro del cazador. Durante el día permanece escondida, solo al anochecer sale a alimentarse principalmente de lombrices hundiendo su largo y fino pico en la tierra.

Becada o choca perdiz  ( pitorra )

El Torío nace montañero en Piedrafita, se hace callejón en las Hoces de Vegacervera, y se convierte en pura ribera antes de llegar a la ciudad de León donde cada temporada se debate entre las crecidas y el estiaje, pero sigue siendo un río natural en esta ribera baja, y como tal te encontrarás con raseras y corrientes más o menos rápidas, separadas por pozos y tablas de aguas más someras, algunos tramos en escalera, caleños, remansos, tablas profundas, algún puerto y canal de riego.  
El fondo está compuesto de canto rodado, y en algunas partes podrás observar una especie de roca de tonos ocre, que no es otra cosa que un conglomerado de materiales que se han erosionado con el tiempo formando pequeños pozos y cavidades donde se refugian las truchas cuando comienza el estiaje que por aquí suele ser muy severo. 
La vegetación subacuática es escasa, debido entre otras causas a las fuertes crecidas que tiene que soportar este río casi todos los años, incrementando la velocidad del agua desde que los gobernantes se empeñaran en canalizarlo, osea hacerlo recto en algunos tramos, empleando un modelo memo e ingenieril de alicatado a base de grandes piedras y hormigón, provocando que el resultado final sea un caudal perfecto pero que origina cambios radicales en todo el ecosistema del río. Tan solo veras las piedras tapizadas de un alga verde un poco resbaladiza que en ocasiones nos hace perder el equilibrio y bailar por unos momentos el charlestón, pero que tiende a desaparecer a medida que transcurre la temporada de pesca. 
Para algunos gobernantes, esta parte baja del Torío no ha sido más que un montón de agua que había que doblegar y encauzar hasta la extenuación y el estiaje. Debes saber querido amigo que en poco o nada se parece este río a lo que un día fue, es tal la transformación que ha sufrido que será prácticamente imposible que algún día llege a recuperar su pasado esplendor. Sin embargo, a pesar del maltrato que a diario tiene que soportar, siempre se ha caracterizado por la capacidad regeneradora de vida, por eso sigue siendo un río truchero de renombre y lleno de vida.

El Torío a principios de temporada  ( puente de Manzaneda )

A mediados de temporada  ( mismo lugar )

Con las truchas conviven barbos, escallos, bogas y bermejuelas cuya pesca ha sido diversión de pequeños y no tan pequeños, todos ellos tienen una aleta dorsal y no poseen dientes en la boca como las truchas, pero si los tienen en la garganta con los que trituran el alimento. 
Es frecuente ver a los sapos en primavera portando y depositando los huevos fecundados, la " sapina ", tienen mala fama entre los pescadores por que se les achaca el amedrentar a las truchas que dejan de moverse y se refugian en los pozos. 
También la colmilleja tiene aquí su hábitat, es el más humilde y pequeño de nuestros peces, solo mide tres o cuatro centímetros, vive en el fondo del río y se pasa el día rebuscando su alimento en las graveras y arenas del lecho fluvial. Tiene tres pares de barbillones al rededor de la boca, y una espina debajo del ojo alojada en una foseta que puede erguir como elemento defensivo. Carente de interés como especie deportiva por su escasisíma talla, la colmilleja cumple un inestimable papel ecológico, la retirada de material orgánico del río, contribuyendo al mantenimiento de la pureza de las aguas. En todos aquellos remansos limosos donde pueda hozar con sus pequeños barbillones, ella rebuscará desde el crepúsculo hasta el alba diminutas partículas detríticas orgánicas y las transformará en carne de si misma, que un día cualquiera será alimento de la culebra de collar, de la urbana cigüeña, de la garza real, o del martín pescador que siempre presuroso sobrevuela rasante el río, actuando así como almacén temporal del material orgánico que pudriria el agua si se acumulase. Por eso la colmilleja no sólo ha de tener el respeto que toda criatura viva merece, sino aumentado en el más alto grado por ser un eficiente auxiliar en la limpieza de los ríos y que los pescadores siempre hemos valorado, como la sociedad en su conjunto comienza a valorar, por las recurrentes y persistentes sequías que nos flagelan y que seguirán presentes en nuestras vidas, pues son fruto peculiar de nuestro clima agravado por el cambio climático.

La colmilleja 

En los árboles de las orillas que enfajan el río siempre hay una buena pajarada en espera pacienzuda de que los subimagos despierten de su letargo, zarceros, mosquiteros, lavanderas y algún pinzón no paran de saltar nerviosos de rama en rama en espera de que comience el festín diario. 
Cerca del agua anda siempre el avetorillo que además de alimentarse de insectos y crustáceos, también lo hace de pequeños peces a los que captura con un picotazo rápido y preciso. Apeonando incansable por los rabiones anda  el mirlo acuático en busca de larvas de insectos. 
Si tienes surte también podrás ver al chorlito chico sacando adelante la pollada entre los guijarros, al policromado abejaruco, incansable cazador de insectos alados, la urbana cigüeña,  la garza real de plumaje gris azulado y de aspecto elegante y pausado vuelo, la flecha cobalto y roja del martín pescador en vuelo rapidísimo, especialista en arponear en picado alevines de bermejuelas, el ánade real y las pollas de agua son también asiduos de esta ribera. 
El principal concierto pajaril audible lo compone el silbido de la oropéndula, visitante estival de esta parte del Torío, la flauta del ruiseñor, la estrofa explosiva del ruiseñor bastardo denominado por aquí como chiquili-chiquili, el relincho del pájaro carpintero, y otros tantos pájaros más ligados al cauce.

El abejaruco 

El martín pescador en vuelo 

Dos serpientes frecuentan esta ribera, la culebra de collar y la viperina llamadas también culebras de agua, la más común es la viperina de dorso rojizo y negro, es depredadora de pequeños peces,su actitud de defensa es aplastar el cuerpo y hacer ademán de morder como si fuera una víbora, también la inofensiva culebra de collar de tono verde oliva con el collar amarillo anaranjado, al no producir veneno su defensa más frecuente es expeler un fluido de olor fétido, otras veces cuando se siente acosada fingir que esta muerta.

Culebra viperina 

Culebra de collar 

Un sinfín de pequeños animales deambulan entre las piedras del fondo como larvas de insectos, moluscos, crustáceos y algunos más. De este conjunto los más interesantes para ti son los insectos acuáticos como los ephemerópteros, los pérlidos, las friganeas y los mosquitos. 
El ciclo biológico de estos insectos incluye metamorfosis que implica como seguramente tu bien sabes profundos cambios hasta llegar a la false adulta o imago. Si la metamorfosis es completa como sucede con las friganeas o mosquitos, las formas juveniles se llaman larvas que son activas y pupas normalmente inactivas. Si la metamorfosis es incompleta como las efímeras o los pérlidos, toda la etapa juvenil es activa, algunos pescadores las llaman ninfas,mientras otros prefieren reservar este nombre para los individuos que ya tienen esbozos de alas, osea que el saco alar lo tienen más o menos desarrollado, y utilizando el término de larva para los estados previos que carecen de dicho esbozo.

Cangrejo de río autóctono,  en la actualidad con medidas especiales de protección 

Cómo ya te dije al referirme a los insectos terrestres, seria imposible describir cada especie de estos insectos acuáticos, además te resultaría aburrido, solo decirte que necesitarás varios días si quieres conocer y pescar toda esta ribera. 
Los tramos son más o menos todos iguales, personalmente me gusta el tramo que va desde el puente que da acceso al pueblo de Manzaneda, hasta el siguiente puente a la altura de la finca experimental de plantas de la Junta de Castilla y León,  también de Manzaneda. Aguas arriba de este puente hay otro tramo muy bueno hasta Matueca. Antes de la nueva ley de pesca era uno de los más visitados por los pescadores locales. También desde Matueca  hasta el antiguo tramo sin muerte de Pedrún es interesante pescarlo. El tramo que va de Garrafe, hasta el puente colgante de La Flecha y aguas arriba de este, también son muy buenos. 
El primer tercio de la temporada te encontrarás con poca actividad en superficie, si acaso alguna ceba esporádica a pardones y olivas de principio de temporada. Antes, hace algunos años, a mediados del mes de marzo que se producía la desveda, era habitual ver cebarse las truchas al mediodía con verdadero frenesí, algo más adelante, en el mes de abril comenzaba a salir la Brachycentrus subnubilis o " la sarnosa " que llamamos aquí, era una mosca que daba mucha trucha, también la mosca de mayo o mosca de la piedra daba las mayores truchas del río, pero por una razón u otra estos dos insectos acuáticos  han dejado de emerger y prácticamente apenas se ven. 
La verdad es que hecho mucho de menos estas dos moscas, como también hecho de menos a los pescadores que abarrotaban este ribera baja del Torío con todo tipo de cañas y señuelos, pero sobre todo hecho de menos a la cantidad y calidad de las truchas que tenia este tramo. Esta es la razón por la cual solo lo pesco una vez a principios de temporada a ninfa con una caña de once pies y dos perdigones, y avanzada la temporada otra a mosca seca. 
Nunca pensé que llegaría a pescar al " hilo " aunque se trata de una técnica muy antigua, pero hay que adaptarse a las nuevas circunstancias y la verdad es que me sorprendió gratamente la eficacia de esta técnica y no dejo de practicarla cuando las circunstancias lo requieren. Si no la conoces y estas interesado en conocerla, en este mismo blog puedes consultar una reflexión dedicada a esta técnica, solo tienes que ir a etiquetas y hacer clic en " literatura de pesca ". 
En cuanto a los perdigones pesca bien aquí el " púrpura " con bufanda roja, papo anaranjado y de cresta una lágrima de barniz negro. Avanzada la temporada y en ausencia de cebas, lo que más truchas mueve en aguas rápidas son los tricópteros flor de escoba de los números 16 y 18, para aguas más someras alguna emergente preferentemente con pluma clara de los números 18-20. Aquí te dejo un enlace para que hechos un vistazo a esta mosca que aquí es muy efectiva, http://navatejeramoscas.blogspot.com.es/2015/12/serratella-ignita-la-carne.html También da buenos resultados a partir del segundo tercio de la temporada, presentar una hormiga en tamaño pequeño 18-20, montada en parachute con el poste bien visible, por debajo de las ramas de las salgueras que lamen la superficie del agua. 
La pesca en general, pero especialmente en estos tramos debe ser pausada y ordenada, y siempre rodeada de discreción. El fracaso del pescador muchas veces se atribuye a los señuelos mal elegidos o mal utilizados, a la técnica inadecuada, al tiempo o a la mala suerte, sin embargo la razón suele ser una mala aproximación al pez que se asusta y huye antes de que se le pueda tentar. Al río y a la postura de pesca hay que llegar lo más discretamente posible aprovechando la vegetación u otro obstáculo para no ser visto, evitando hacer movimientos bruscos y ruido al andar, y que los cantos del fondo no choquen unos con otros. En aguas lentas procurar no hacer olas, y si es inevitable esperar quietos a que desaparezcan. Pero seguramente tu seras un gran pescador y no necesitarás de estos consejos.

Perdigón púrpura 

Tricóptero flor de escoba 

Este recorrido no estaría completo si no te hablara de la gente, de nuestra historia y nuestras costumbres. No se sabe quién pudo ser el primer poblador de esta ribera baja del Torío, desde luego no fue gente muy establecida porque han dejado escasas huellas. Quienes si dejaron rastro fueron los astures,  pobladores mayoritarios de estas tierras antes de la colonización romana. Los astures vivían en castros construidos sobre estos cerros que ves a tu alrededor,  su agricultura era elemental y se les daba mejor la caza y el pastoreo que la pesca,eran gentes indómitas guerreras que causaron mucho dolor a los romanos que conocieron esta tierra cincuenta años a.d.C. , Roma se dejó notar por estos parajes después de que se construyera el campamento militar por la Legio VII Gemina, en lo que posteriormente seria la ciudad de León en el año 68. 
Toda esta zona fue territorio abandonado, no se instalaron en ella ni árabes ni cristianos, solo a partir de la Reconquista comenzaron a levantarse monasterios, poblados y caseríos. Los dueños de las tierras eran de todo tipo, abades, algún noble con señorío, ciudadanos libres y hasta las hijas del rey, ya que toda esta ribera fue infantado del Torío. 
Como te darás cuenta no es tierra esta de monumentos, se nota que no hubo aquí más señorío que el eclesiástico y algún lugareño enriquecido, los monumentos más destacados son las iglesias, alguna casona blasonada, y quizás las ruinas de anteriores poblados. Las iglesias son construcciones del siglo XVII y XVIII con continuas restauraciones, en su mayoría son iglesias humildes como la de Villarrodrigo de las Regueras donde me bautizaron hace unos cuantos años.

Iglesia de Villarrodrigo de las Regueras 

Anteriores en el tiempo son las ermitas o lo que queda de ellas, hay casi una en cada pueblo, pero la más popular es la de Boínas, último vestigio del antiguo poblado medieval de Godinas, se encuentra escondida en un rincón del valle que divide las dos laderas del monte, justo al lado del río Torío, rodeada de prados y bosques, como si no quisiera enseñar a nadie su belleza, como si quisiera esconderse de miradas curiosas, desde luego, ni San Francisco de Asís hubiera elegido mejor lugar para la oración y el sosiego. Del que no queda ni las ruinas es del monasterio de San Julián cerca de Ruiforco del Torío, fundado por el caballero Runforco a quien le fue encomendado por parte del Rey Alfonso III la repoblación de parte de esta ribera. 
Si tienes interés en el arte religioso, lo más destacado lo puedes encontrar en el santuario de Manzaneda que formó parte de un antiguo cenobio fundado por los monjes mozarabes provenientes del califato de Córdoba, a los que el Rey Alfonso III ordenó instalarse en estas tierras para colonizarlas y repoblarlas. Este santuario bien merece una visita, si te decides a visitarlo te sorprenderá el colorido de la bóveda y el impresionante retablo del templo.

Ermita de Boínas 

Santuario de Manzaneda 

Pero la historia real, la historia de cada día fue y es aunque en menor medida,  la de gentes trabajando de sol a sol la subsistencia, gentes adiestradas en el trabajo duro. 
Tienes que saber querido amigo, que estás recorriendo con migo la patria del ganado y el azadón, la del hocil al cinto y podadera al hombro, vivir aquí ha requerido no poco esfuerzo de las familias, gentes austeras en sus costumbres, aunque no poco alegres en sus fiestas patronales y romerías, y se les nota una vieja hidalguía que da el saberse libre de señoríos desde hace siglos. Tendrán lo justo, pero han sido dueños de su presente y lo notarás en el talante abierto y digno con que te recibirán. 
Como todas las gentes leonesas somos el resultado de cruces y repoblaciones, como las mismas truchas que te deseo pesques. Que nadie te hable de truchas autóctonas o de gentes dominantes, ni descendientes de astures, somos hombres y mujeres nacidos de aquellos pueblos que un día se inventaron en la Reconquista, emparentados con gentes de otras riberas y latitudes.

Aperos agrícolas 

Cuando se instalaron los primeros repobladores medievales, aquellos que inventaron estos pueblos que ahora ves, tuvieron que vivir fundamentalmente del ganado para los que reservaban los mejores pastos, y todo ese praderio que tan familiar no son a los pescadores que llaman comunes, son de todos, y todos los vecinos pueden mandar a ellos sus vacas o caballos. 
En este escenario, el calendario rural estaba marcado por un invierno desde noviembre hasta abril en que las actividades se reducían al pastoreo, limpieza de prados, cuidado de las cuadras, la matanza y las reparaciones o elaboración de utensilios y aperos agrícolas, y todo el material necesario para la temporada agraria que comenzaba en noviembre con la preparación de las tierras de secano, en marzo con el sembrado, y en julio y agosto con la siega del cereal. Antes en junio se le daba el primer corte a la hierba de los prados para secarla al sol y guardarla luego en el pajar, el segundo corte se le daba y se sigue dando en septiembre y octubre con la otoñada. 
Como comprenderás, en una población eminentemente agrícola y ganadera veras poca industria, el arte popular ha sido aquí el nacido de la fragua y la construcción. Cuando se tiene que vivir de los recursos más inmediatos, el ingenio se afila para no tener que pagar lo que uno mismo puede hacer. Hasta no hace mucho, cada hombre de esta ribera sabia algo de carpintería, fontanería, albañilería, electricidad y hasta curtición del cuero,amén de la infinidad de trabajos y manualidades de las mujeres que han sido de siempre más artesanas que los hombres, ellas eran las encargadas de lavar, cardar y tejer la lana, casi todas las tareas de la casa y del corral tenían a la mujer como protagonista, ellas amasaban el pan, adobaban la matanza o hacían mermeladas y conservas, además de cuidar de los hijos. 
Pero el arte popular por excelencia de esta tierra ha sido la construcción, el arte de hacer adobes y tapial, de cantear los cantos del río o de aplomar muros, que prácticamente ha desaparecido.

Típica construcción de adobe y piedra 

Una cultura como esta solo ha podido sobrevivir aferrada a un sistema de tradiciones, de normas comunes y hereditarias, de costumbres que han ido perdiéndose en el tiempo. 
Las tradiciones establecidas fueron las relacionadas con la vida cotidiana y los recursos que ofrecía la tierra como la " vecera " o turno de vecinos para cuidar los ganados del pueblo, los " cotos " o zonas reservadas a pastos de temporada, el " concejo " aun hoy vigente y del que forman parte todos los vecinos cabeza de familia y mayores de edad que vivan solos o en compañía. En estos concejo, la mujer mucho antes que en el resto de Europa podía participar con voz y voto, " el toque de rebato " o repique de campanas para alertar a los vecinos de incendios, tormentas o cualquiera otra desgracia, " hacendera " o trabajo que debían acudir todos los vecinos por ser de utilidad común, aunque no siempre era así, " rebusque " que toleraba que un vecino atropara las patatas o espigas después de haber sido cosechada la finca. 
Como costumbre social destacó en su día la " filandera " o " filandón ", una especie de velada de cháchara y cotilleo en la que se comentaba la vida del pueblo, se tejia, se remendaban calcetines, se apalabraban negocios o simplemente se hilaba una historia con otra. También se pasaba de un vecino a otro " el palo de los pobres " para atender por turnos a los necesitados que llegaran al pueblo, o la " derrota ", costumbre de abrir todas las cercas de los prados para que el ganado de los más pobres del pueblo pudieran aprovechar desde otoño la hierba de la vega. Las tradiciones religiosas han aguantado mejor el paso del tiempo como las fiestas patronales, aunque como el cine, ya no es lo mismo

Filandón, cuadro de 1872, Luis Álvarez Catalá

El modo de vida de estos pueblos castigados por la despoblación ha cambiado sustancialmente, ya no verás tantas tierras de centeno por las laderas del monte como antes, ni parvas en las eras de los pueblos antes de separar el grano, el principal recurso es la ganadería vacuna cumplimentado con los productos de la huerta y el monte, también los recursos sociales de pensiones y trabajos que algunos vecinos pueden hacer en la ciudad de León. 
Querido amigo pescador o no, si te decides a venir y conocer esta humilde tierra de la ribera baja del Torío seguramente habrá cosas que te llamen la atención, informaciones que te de la gente con la que te cruces, quizás oigas alguna canción popular, o tal vez te llame la atención una planta rara o un simple insecto que ha despertado tu curiosidad, sea lo que sea, eso lo tendrás que escribir tu mismo en tu memoria para que algún día puedas contárselo a tus amigos o a tus hijos.

Mi madre,  mi hermano Luís y yo.