BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

sábado, 13 de enero de 2018

Por la senda de la trucha leonesa, "Los praos de guadaña".🌳🍃🐦.🐗🐌🍁

 DEDICADO...

A los pescadores que no tengan como única emoción hacer el cupo o capturar el mayor número de truchas, a los decepcionados que dejaron de pescar o están pesando dejarlo, a los amantes de la Naturaleza : que en el apasionado ejercicio de la pesca deportiva, encuentren la alegría del espíritu con la íntima satisfacción y el goce de las más puras emociones naturales. 🌾 🍀 🐜 🐥

PARA EMPEZAR.


EL PESCADOR...

Vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la melancolía del otoño y la tristeza del invierno. Conoce la afanosa vida de los insectos acuáticos y terrestres, el crecimiento de las plantas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas, la negra espesura de los bosques, la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la Naturaleza.🐝🐞🐛

Los Praos de Guadaña. 🌻🌿🌱


LA MONTAÑA LEONESA...

Valles y prados; caminos y sendas; cañadas y veredas antiquísimas; grutas y cuevas que la Naturaleza con el barreno del tiempo abrió en las rocas y que en los meses de verano sirven de majadas al ganado lanar y cabrio; cortados y abismos que enamoran con risueñas perspectivas, donde pintadas cabras y rebecos pacen saltando agilmente sobre precipicios grandes; merinas y pastores escoltados por mastines y careas que caminan lentamente por escabrosos repechos sin mostrar fatiga; fortalezas y castillos; molinos y hórreos; iglesias y ermitas de modestas capillas con el símbolo de la fe, la cruz de cristo coronando las techumbres, en donde los lugareños celebran romerías y festejos en su entorno; torreones y atalayas; calzadas y puentes construidos por el ejército romano para conquistar el territorio indómito de los astures; ríos a que acuden cientos de arroyos espumosos y alegres, tiernos como niños en verano, y soberbios en época de deshielo, y algunas majestuosas e imponentes cumbres, con la fría nieve entre sus profundas y pintorescas escabrosidades que parecen de lejos las torres de la Pulchra Leonina. Conjunto de grandiosas y desnudas asperezas, por donde surcan el cielo inmensos buitres con sus inconfundibles siluetas que se entregan a frecuentes vuelos de cortejo para reafirmar los lazos de pareja.
El alma aquí se desliga de las inquietudes cotidianas al suave aliento de la admiración por la grandiosidad y belleza del paisaje. Aquí se aprende a pensar despacio bajo el peso de los recuerdos, y de pensamiento en pensamiento, vuela con irresistible rápido empuje, hasta dar gracias al creador por este regalo de la Naturaleza.
Tierra espléndida en colores, donde los pardos barbechos y las amarillas rastrojeras del sur, contrastan con la verde frescura de múltiples praderías y la alegre vejetación de los prados del norte.
Rincón bellísimo la montaña leonesa; por su estructura geológica, espléndido por su privilegiada Naturaleza y notable por los muchos recuerdos históricos, por su cultura y por sus tradiciones. 🌹🐗🎣

"Los Praos de guadaña" en primavera. 🌹🌺 🌻

"LOS PRAOS DE GUADAÑA"...

En la primavera, al verde intenso de la hierba de los prados, el trébol con la corola de pétalos color rosado, la pimpinela de fino tallo y corola de pétalos violeta, se va mezclando el policromado de infinitas corolas : el amarillo de la flor maya, la pequeña flor blanca de los anises, el azul-púrpura de la alverja, el blanco-amarillo de las margaritas, el rojo de las amapolas... y todo crece y se hace grande con el sol también grande, inmenso el de mayo y junio.

Durante los albores primaverales, cuando la vegetación crece exuberante y las flores despiden con mayor intensidad su exquisita fragancia, los prados de siega ofrecen un maravilloso aspecto y un refugio seguro para los animales. La vida vegetal y animal rivaliza en demostrar su pujanza y lozanía en este periodo álgido primaveral. Mayo ha llegado, para la mayoría de las aves es tiempo de encontrar pareja y un lugar seguro donde anidar. La Naturaleza se desprende definitivamente del sudario invernal que hasta hace poco la cubría, para mostrar ahora una faz rebosante de vida, luz y color🌹 🌻.

"Los Praos de guadaña" en primavera. 🐲🐛🐝
Ya se ven las golondrinas sobrevolando el cielo de los pueblos, dando vida a los adustos caserones, a los graneros, cuadras y pajares con sus rápidos vuelos y alegres chillidos ¡ Chiii-chiii! y a las de ribera mojando sus pechugas en vuelo rasante en los remansos del río. La silenciosa y sociable cigüeña, quizás un poco sucia por su reciente baño en la charca, avanza con paso ceremonioso cruzando el prado en busca de algún anfibio con que alimentar a sus hambrientos pollos, o de algún desperdicio humano con que reparar el nido, el hombre rural la respeta con religiosidad, la cigüeña es un habitante más de la aldea, y aunque deja el poblado a finales del verano, siempre cuentan con ella por San Blas.
La abubilla posada en la cerca con su penacho de plumas eréctil, deja oír su monótono ¡ U-pu-bu ! ... ¡ U-pu-bu ! Los policromados abejarucos, incansables cazadores de insectos alados, con su aflautado murmullo ¡ Prruu ! ... ¡ Prruu ! visitan las galerías de antiguos nidos en el talud arenoso del río. No muy lejos de los avejarucos, cruza veloz la fecha cobalto del solitario y arrogante martín pescador, en vuelo rasante, rápido y directo, emitiendo un agudo y penetrante canto ¡ Tiit-tiit! La discreta polla de agua, atareada en la búsqueda de materiales para la construcción de su nido flotante, al ser detectada, corre a esconderse entre la vejetación emitiendo un penetrante y sonoro ¡Curri-Curri! Los trigueros chirrían en las posaderas elevadas batiendo las alas para marcar su territorio, también las alondras defienden su territorio, emitiendo largos y continuos trinos ¡ Chirrrr-Chirrrr! en una sucesión de ascensos y descensos vertiginosos en el aire, o manteniéndose flotando con las alas abiertas sin apartarse del territorio que han elegido para anidar, mientras que los machos de gorrión persiguen a las hembras que responden con el castañeteo de enfado.
Ya se oye el silbo de la oropéndola, el relincho del pájaro carpintero de carcajada larga y resonante ¡ Kaiü-Kaiü-Kaiück! El tamborileo del picapinos, la flauta del chorlitejo ¡ Tuuli-Tuuli! Y la estrofa explosiva del ruiseñor ¡ Chiquili-chiquili! El moscón con su pico corto y puntiagudo, y su voz balbuceante y breve gorjeo ¡ Zii-Zii! comienza a tejer un laborioso nido con forma de manopla que cuelga de las ramas, es un gran arquitecto y su nido una obra de arte, una maravilla de combinación y adorno que le ha costado prodigios de destreza, paciencia y obstinación laboriosa. También el inconfundible herrerillo de librea azul, verde, amarilla y blanquinegra, con babero oscuro, fino collar y boina azul, comienza a tejer su nido con su rítmica y vigorosa melodía ¡ Chi-chi-pán! . . . ¡ Chi-chi-pán! . . . ¡ Chi-chi-pán!
Los verdecillos con sus movimientos rápidos y acrobáticos buscan una horquilla entre las ramas de los sauces para hacer sus nidos de tallos, raicillas, musgos y líquenes, entonando largos trinos y gorjeos cristalinos, y las tortolillas empiezan también a construir sus nidos en lo más alto de los árboles de manera firme pero algo tosca, con unas simples ramitas entrelazadas, a veces, tan poco tupidas que desde abajo se distingue la puesta blanca de los huevos, o los pollos recién salidos del cascarón.
El escribano, entre el límite del prado y del bosque, intenta atraer a la hembra correteando en el suelo cerca de ella, con el plumaje algo erizado y las alas levantadas y extendidas. Y ya se empieza a sentir las primeros chasquidos del gran rey alado del bosque que se expande en el eco del prado, como si alguien chascara la lengua contra el paladar, como taponazos de champán, es la voz del urogallo, todo queda petrificado, ¡ Chac-Chac-Chac ! . . . . ¡ Chrrec-Chrrec-Chrrec ! . . .  ¡Toc-Toc-Toc! El espectáculo no puede ser más hermoso, los pájaros cantan y danzan para nosotros 🎶 🎶 🎶 👏 👏 👏.

Prado de siega, (Boca de Huérgano). 🌼🌺
Los corzos encamados en el frescor de la hierba de los prados, al verse sorprendidos permanecen unos instantes en una especie de inmovilidad plástica, cual si tuvieran conciencia del efecto que producen. Con ojos chispeantes y el cuello en alto huyen dando preciosos saltos sobre las hierbas y mostrando su rosetón blanco.
Se oyen las codornices cantar ¡ Paz-pa-lá! . . . ¡ Paz-pa-lá! que encontraron en este tupido manto vegetal, un lugar seguro para anidar, ahora se dejan acercar mucho, dando ocasión de sentir sus conversaciones y regaños. Es el ave más viciosa de la creación, suyos son los pecados capitales de la humanidad : las dichas de la vida y los esplendores de la Naturaleza, para ellas es la vida una eterna primavera, un suculento festín y un perdurable amor, ignorando las pobres lo que las espera.

El pimentero que ha dejado el melojar, ya empieza a marcar también su territorio en los linderos y huertos colindantes con su voz de alerta ¡ Chip-Chip-Chip! Hasta que por El Corpus, hierbas y flores van desplomándose a golpes de guadaña, hoja fina como la espadaña y curva puntiaguda como la luna en cuarto, las va segando casi en silencio, con ruido mate y piedra sobre el filo, y al troncharlas, las arrastra formando maraños, así se llenan los verdes prados de líneas horizontales, paralelas y equidistantes, donde van poniendo sus notas los grillos, las cigarras y el canto alegre de los jilgueros, en cambio dejan de cantar las codornices, esas deliciosas avecillas que llegaron a estas tierras con energías misteriosas, en busca de clima dulce y cosechas abundantes : grano, agua, hierba, frescura. . . más las heladas de primavera las vuelven tísicas, las sequías prolongadas las pueblan de parásitos, las inundaciones por tormentas las ahogan y el pedrisco las aniquila y destroza sus nidos. Las que se salvan de los rigores del cielo, también tienen que salvarse de los peligros de la tierra : culebras y lagartos, erizos y ratones campestres se empican a los nidos y los atacan con saña, los gatos domésticos se tornan salvajes y cazan por su cuenta con instinto y gula mejor que un perdiguero por enseñanza, los zorros y los tejones, las ginetas y garduñas, piratas del silencio y cazadores de primer orden, devoran las crías y sorben los huevos, y los cuervos y las urracas, perniciosos y mañeros, ni las dejan criar ni vivir.
En esta lucha diaria por la existencia, todos son verdugos y la codorniz la víctima, y como los prados se siegan cuando los pollos no han roto todavía el cascarón, la guadaña, imagen de la muerte, reduce a destiempo lo que es gala de los campos y emblema de la fertilidad. ¡ Cuántas veces hallan los segadores codornices muertas bajo la afilada hoja de la guadaña, o con las alas extendidas cubriendo sus huevos, o amparando a sus polluelos, vivos algunos y en espera de un calor que no les puede ya dar la madre! 🐣 🐥 😢.
Las codornices abandonan los prados, y vuelan lentas y remisas por los nidos que dejan, más si no encuentran siembras cercanas, aprovechan los regueros, rehoyos y barrancos para anidar de nuevo, precisamente lo que serán vías de agua en las tormentas de verano. Siempre van a dar en la flor de hacer el nido donde la exposición y el riesgo son mayores.😕

Prado de siega en verano. 🐀🐍🐞
Esta geometría de paralelas trazadas a golpes de guadaña, van dejando un oleaje de hierbas que el sol reseca hasta hacerlas crujir. Ya no hay trébol ni pimpinela ni flores ni codornices que canten ni mariposas vibrando entre las hojas de las margaritas huyendo del calor, no hay más que heno que impregna el aire con su olor característico, olor de heno seco bajo un sol aplastante, sol y hierba cortada y cantos de chicharra y cielo azul inmenso.🌝
Los prados se quedan desnudos, el rastrillo les va quitando las últimas briznas, los carros lentos y silenciosos se llevan su abultada carga entre las carrizas y los picones, yugo largo y coyunda opresiva. Y ahora sin flores ni heno se vuelven de color pajizo y quedan tristes. Por un tiempo no tendrán otros moradores que saltipajos, chicharras y pequeñas lagartijas tostando su piel al sol entre los tallos cortados y duros de las hierbas. Pájaros que apenas se posan en las paleras, abejas que ya no zumban, y en el río, el craqueo de algunas ranas entre los hierbajos medio secos, o silenciosas truchas que boquean en las tablas de aguas lisas sin arrugas.🐝 🐞 🐜

Encajonados entre abruptas y escarpadas laderas de robles y encinas, resguardados de la envidia de las secas llanuras castellanas, donde aún el fragor de antiguas batallas cristianas resuenan, cuando se barrunta tormenta, en esos días de bochorno en que el cielo se cubre de nubes recortadas y plomizas, se cierne sobre los prados una luz amarillenta, todo se paraliza con temor esperando la violencia de la acción celeste. Los pájaros huyen para ponerse a cubierto, pero los prados no temen los rayos porque saben que cuando se dirigen a tierra buscan las alturas, no les gusta la llanura suave.
Y cuando se desata la tormenta, los truenos retumban atrozmente que parece que te van a quebrar la cabeza, pues cuando cae un rayo se oye un estampido seco que deja a uno sordo, el bosque entero se estremece al atronador ruido que el eco repite de árbol en árbol y de roca en roca. Después se pone tan oscuro que te acuerdas de todos tus antepasados, y no sabes si ya estás con ellos o vas a hacerles una visita de un momento a otro. Luego se levanta un viento que no deja a uno respirar, y el granizo primero te machaca hasta que te atonta, después unas gotas gruesas te azotan y penetran con fuerza y rabia en el suelo, y los prados resecos las reciben con avidez tranquila porque saben que la lluvia les da vida, que de nuevo van a reverdecer, a renacer después de que cese el furor de la tormenta.
El río a quien también vivifica la lluvia, ruge airado y salta de alegría, mientras la soledad, ese estar tan sólo en el campo en medio de la tormenta, arruga a uno hasta dejarlo como un fuelle, mayor miedo no se puede pasar.
Y cuando la tormenta arrecia y el campo vuelve a recobrar su serena calma, parece que resucitas y la mojadura ni la sientes, entonces piensas que hubiera sido mejor no salir de casa, pero. . . ¡ Sí hacia tan buena mañana ! Las tormentas son muy traicioneras y no avisan. ⛅ ⚡

Prado de siega en septiembre.🌼🐜🐌 
Corre el mes de julio, el calor aprieta de firme, está espesa la luz del sol y se siente su gravedad sobre los hombros. El agua es ya imprescindible en estos días largos y calurosos del verano. Del cercano pinar se escapa un fuerte y vigoroso olor de resinas, entremezclado con aromas de tomillo y romero que embriaga los pulmones y ensancha dulcemente el corazón de plácida alegría. Del mismo pinar se oye un grito penetrante de una ardilla que se oculta cuidadosamente entre las ramas sacando la cabecita para enterarse, así va subiendo hasta lo más alto del pino, siempre por el lado opuesto huyendo del peligro.
Las torcaces cruzan veloces el cielo limpio de la mañana en busca de los bebederos, mientras un par de milanos dibujan círculos en el espacio con trazo seguro y suelto. Entre musgos y florecillas, corre la fuente clara y suave, escondiéndose y apareciendo entre floridas revueltas hasta unirse al río en un beso verde de frescura y agua.
Los pardales vivarachos y curiosos se hostigan entre ellos y chirrían esperando su turno, se oye el orruyo machacón e intermitente de la tortolilla ¡ Turrr-Turrr! . . . ¡ Turrr-Turrr! La melodía potente y llamativa de la inquieta castañita, y los pios y revoloteos de los patateros, zarceros, mosquiteros entre las sebes. El príncipe del bosque, elegante y señorial en sus movimientos, también acude al abrevadero, luce ahora sus atributos del sexo en todo su esplendor.
A las doce del mediodía ya da agobio, y enciende los carrillos, y saca sudor de las partes más escondidas del cuerpo, y lo caldea hasta hacerle sentir apetencia de agua fresca. Después, a esa hora en que la mañana abraza la tarde, una calma augusta y virgiliana se extiende sobre los prados, tan sólo turba la serena siesta, las largas e inconfundibles sesiones del cuco ¡ Cuu-cu-Cuu-cu!...¡ Cuu-cu-Cuu-cu! O la llamada del grajo ¡ Coah - Coah - Coah! entremezclada con el chirrio de algún grillo ¡ Criiii - Criii - Criii ! en busca de compañera.
Están ya las vacas recostadas a la sombra y rumiando la hierba seca y pálida de los prados, o algún pascón reseco. Corre el sudor por la cara y echan calor las órbitas de los ojos, la mano arrugada pasa su cansancio por la frente y se moja, y se empapa la corona de la gorra. Sudor y calor, un descanso y un trago de agua fresca que apaga por un instante el rescoldo de la garganta, y da alivio, y se siente descender su frescura pecho abajo.😤 😓

Al madurar la atardecida, después de que el sol ha escondido sus dorados rayos por entre las penumbras de la montaña agreste, a esa hora en que la Naturaleza empieza a adormecerse al asomar los primeros tintes de la noche y la brisa olorosa y tibia se torna húmeda y fresca, cuando despierta el gran duque con su canto profundo y lúgubre ¡ Uhú-oo! y comienza el mágico espectáculo de luciérnagas y cárabos, la luna juguetona y un poco casquivana, como sabe que esperamos su bella presencia para que ilumine el camino, se tapa un poco la cara, otras veces ni se asoma. En esos momentos de oscuridad pesada y densa sin la alegría de estrellas ni luna, cuando el mundo silencioso del bosque es interrumpido por el canto sobrecogedor ululante y trémulo de la coruja ¡ Juu-Juu-Juu! . . . ¡ Ti-uuic ! el prado es tenebroso y da pavor, parece que te metes en las tinieblas y que estas te van a aprisionar con sus brazos invisibles.
En esas noches oscuras de gritos quejumbrosos, siseos, gruñidos, silbidos y maullidos lastimeros, supersticiones y leyendas te vienen al imaginario: ánimas en pena, espectros y apariciones fantasmales. . . de repente, una mano te atenaza con su garfio impidiéndote andar. . . ¡ Que miedo ! Sientes un temor vergonzoso e inexplicable, y todo por una espinosa e inofensiva zarza que se te enganchó del hombro. Después del sobresalto, eres tu quien la domina, y a tu paso se asusta el mirlo negro con potentes y escandalosos cacareos de alarma ¡ Chac-chac-chac ! mientras sale volando a ras del suelo, o se asustan los pájaros que duermen en el suelo y salen rozándote para posarse otra vez junto a ti. El río entonces es de plomo y apenas se mueve, sólo se le oye rugir en los puertos de riego.
A finales del verano, cuando ya ni las ranas croan ni cantan los grillos, ese es el único ruido que se siente, y tan tenuo que desde muchos sitios ni se oye, si acaso el gruñido de algún viejo solitario que dejó su fangoso cubil acompañado de su escudero, marchando entre las tinieblas de la noche con pasos dudosos y mirada fija en el suelo, hozando y levantando con su jeta y sus temibles colmillos los pastizales, y tal destrozo hace en ellos que en poco tiempo los convierte en los lugares más desolados del campo.😲

Prados de Siega, montaña leonesa.🐂🐐🐝 
En septiembre, moza aún la mañana, ya se siente el vientecillo limpio y frío que refresca las mejillas y las manos. Los setos y ribazos se llenan de moras negras, de escaramujos rojos y majolinos tiernos y dulces. Las arandaneras tiñen de color rojo las laderas, y nos recuerda que el otoño ya está entre nosotros.
Los pardillos ahora se han unido en bandos numerosos y conpactos, y surcan los prados en vuelos impulsivos y desordenados, emitiendo un reclamo rápido y rebotante ¡ Ti-ti-tirit! Los ciervos empiezan a salir de los retiros donde han mudado su nueva cornamenta, cayéndoles la borra con el continuo fregoteo en los troncos, ahora los golpes de sus garcetas y de sus cabezas resuenan dolorosamente en mi corazón, se escucha un gemido lastimoso, el vencedor sale para llevar a sus hembras a los prados tapizados de césped, surcados por arroyuelos donde las prepara una encantadora mansión, para hacer menos dura la esclavitud en que las tiene.

En octubre vuelven a poblarse los prados. Un borriquillo juguetón y jovenzuelo, con unos ojos grandes y dorados, ardiéndole su joven sangre de jumento, corre con sonoros rebuznos tras una burra también joven y humilde. Las vacas buscan ahora el pasto verde - pálido retoñado de las lluvias equinociales de finales del verano. Entre tanto ganado mayor pacen las ovejas las frescas y sustanciosas hierbas, y en los lugares tranquilos se oye la ronca de los gamos en celo.

En esos días apacibles de octubre de cielo celajinoso, en la baja luz del otoño, es tan diáfana la atmósfera en los prados de siega, que las ondas sonoras que lleva la brisa, repiten toda clase de sonidos desde muy lejos, ya perceptibles y distintos como las voces de los pastores, el campanillo de alguna res, el canto de las perdices, o el de algún gallo madrugador, ya vagos e indistintos, que no tienen voz y son armoniosos, que suspiran en las hojas de los árboles, que palpitan en las moléculas de luz. . .

Después, en noviembre, en esos días sobrios de luz opaca, viento glaciar y cielo melancólico, cuando el ábrego azota y arremolina las amarillentas hojas y arrastra jirones de blanca niebla enredándola entre las ramas como un sutil velo de encaje, sientes a este enroscarse en el verde y oro ramaje de los chopos hasta hacerles quejarse en agudo y prolongado lamento, y sufres tu mismo su golpe plano y sostenido que te traspasa todo el cuerpo cuando llega a ti, solo los robles después de desprenderse de su follaje cobrizo le muestra su desprecio, ofreciendo al ímpetu de su terquedad las ramas anquilosadas que ni se mueven.  Entonces los prados vuelven a palidecer, y aunque las lluvias de noviembre calen el suelo, no reverdecen, tiemblan ahora cuando llegan los vientos de principios del invierno, y se les heriza las cortas hierbas, y se encogen de frío. . . presienten la nevada que no tardará.🍁 🍄🍃

Prado de siega, montaña leonesa 🌱🌳
En diciembre, en esas noches despejadas de luna llena en que las estrellas manan frío, cuando se oye el ronco ladrido y el agudo aullido del zorro solitario en busca de compañera, los prados tejen una capa blanca muy fina y se cobijan debajo de ella. La escarcha de la fría madrugada invernal llena de brillantes destellos los prados, más el sol siempre sediento la liquida y se la bebe. Suelen pasarse así bajo el cielo sin nubes varios días, hasta que un día se cubre el cielo con nubes blancas, y un viento frío del Noroeste sopla con insistencia hasta cocer bien la nevada. Las bulliciosas cornejas, presagiando la llegada de la nieve, se organizan en bandos multitudinarios sobrevolando cortados y cárcavas mientras realizan acrobáticas maniobras y picados, emitiendo un sonoro y penetrante ¡ Quiack. . . Quiak ! Ahora buscan las inmediaciones de los pueblos aprovechando la gran cantidad de desperdicios generados por el hombre. La nevada no tardará. 🌚 ⛄
Va llegando esta con lentitud, llegan primero minúsculas bolitas blancas y duras que juegan con las hierbas al caer, y ni siquiera llegan a cubrirlas, después el frío cesa, y en un ambiente templado, las nubes espesas van deshaciéndose dejándose caer en copos grandes y perezosos que se acuestan suavemente sobre la hierba, y la van manchando de blancura inmaculada. Los que siguen a estos primeros ya tienen prisa por llegar, otros después aún aceleran más su paso, hasta que por fin, tanto se apresuran que parece se persiguen, y en tal número vienen, que apenas distingues a cuatro pasos de ti, no se oye más que el monótono ruido que ellos producen al caer, un ruido suave y apagado. En esas noches interminables de hogar aislado y solitario, la tormenta de nieve te reconcentra más que nunca con tus sentimientos, siempre te acuerdas de los necesitados, del mendigo que angustiado por la impotencia cae quizás a dos pasos de tu puerta. En algunos pueblos, las mujeres en sus rosarios siempre les dedican una oración. ❄❄❄

Prados y bosques de hayas, abedules, servales, acebos, aranderas y brezos. 
Sale el sol después de que las nubes han exprimido su esencia e inquietas y ligeras se marchan. Las pegas con sus estentóreos y ásperos graznidos son las primeras en poner una nota discordante en la tranquila y limpia mañana. La nieve que es un regalo de la Naturaleza, es también azote de los animales silvestres, los alimentos comienzan a escasear, ya no hay moras negras ni majolinos ni escaramujos rojos ni bayas de enebro ni saltamontes ni grillos ni arañas ni hormigas, ahora las martas y garduñas se dedican a cazar ratones y topillos, y a sorprender a las aves durante el sueño entre las ramas de los árboles donde reposan.
Los tejones limpian la madriguera y esparcen por los alrededores la hojarasca y materiales que sirvieron de cama durante el verano, preparando la nueva para la próxima invernada.
Las ardillas si la nevada ha sido importante, encuentran en las piñas su principal fuente de alimentación. Es cosa muy agradable y entretenida verlas comer singularmente piñas, echando la cola sobre la cabeza, y sujetando la piña con las patitas delanteras, y después de darla muchas vueltas, de mirarla y remirarla, la arranca las escamas una a una y va sacando los piñones que roen con lentitud y comen con delicadeza de refinado sibarita.
El ruidoso y poco sociable arrendajo, se alimenta de las bellotas que almacenó durante el verano, y también de las que robó a otros animales. Al zorro le trae sin cuidao la nevada, este estafador de altos vuelos lo mismo se desayuna un lebratillo, que con el mismo apetito y el mismo cinismo se come una perdiz, y sí en sus correrías nocturnas no encuentra estos manjares, se hace filósofo y se contenta con roer avellanas o desgranar algún fruto que no esté demasiado verde. 

Las codornices y las golondrinas hace tiempo que remontaron el vuelo de regreso a sus tierras de origen, y también hace tiempo que no se oye el canto del escribano ¡Chuí-chuí-chuí! Los animales nativos han protegido sus cuerpos de las inclemencias del tiempo, enriqueciendo en grosor y densidad sus pieles y plumajes.
Es época de celo de los javalies, los solitarios luchan con tesón, infringiéndose profundos puntazos y cortes con las navajas. Las perdices bien emplumadas, baten el viento con bravura y defienden su vida con estrategia maravillosa, ahora buscan las laderas abrigadas del viento frío. Las liebres también se encuentran en celo, hallándose en los linderos del prado mechones de pelo arrancados de las escaramuzas.
El corzo que tiró la cuerna a finales de noviembre, presenta ya a medio crecer la nueva cubierta de terciopelo, ahora su pelaje es más oscuro y busca las vertientes orientadas al mediodía evitando los umbrales. Los ciervos esperan repastando a templarse con los rayos del sol antes de ir al encame, mientras el oso permanece recluido en su osil.🐻🐗🐺

Los estorninos cubren los prados por cientos planeando al unísono, como una serpentina estirada perfectamente coordinada, y las moñudas que llegaron del norte de Europa, danzan suaves por el espacio con el rítmico batir de sus alas. Del mismo lugar de Europa llega la reina alada del bosque, la dulce dama de los ojos de terciopelo, que encuentra en estos montes y prados su hábitat ideal. Al alba y al crepúsculo, corretean confiados los sisones y alcarabanes del prado a las lomas, y del monte a la ribera. Las aves carniceras cortan el aire a su albedrío, cazando de vista como el gavilucho flotando en el aire, aleteando frenéticamente mientras escudriña el prado o el barbecho que se abre bajo el, o se ciernen magestuosas al atisbo de algún ave o roedor desprevenido como el reputado azor. Hasta gachas, malvises, ánades y algún ánsar, hallan en los prados un riconcito donde saciar su gula. 🌰🍄🐦

Los prados ahora están blancos y nítidos, su nitidez solo la mancha la cinta sinuosa azul del río. Los árboles se han dormido, y mientras no se desperecen y sacudan sus cabelleras no se divisan. Todo es blancura pura y limpia en el suelo, azul en el cielo y oro brillante en la atmósfera de crital. Después de que el sol los alumbra varios días, la helada les hacen tersos, espejea en ellos el sol. Por la noche, desde el cielo más claro que de costumbre, la luna llena inunda los prados de luz azul helada. Se oye el río que ahora embraveció y brama de frío, las truchas remontan su curso en busca de los frezaderos, y el lobo que descendió aúlla de hambre, un lamento ronco y desempleado que no olvida jamás quien por primera vez lo haya escuchado ¡ Uuuuh ! ... ¡ Uuuuh !...¡ Uuuuh ! La noche entera parece gemir al unísono ¡ Uuuuh !... ¡ Uuuuh !😲😨

Son los prados sometidos a todos los contrastes que la Naturaleza y el hombre les imponen, más ellos siempre nos ofrecen algo útil o sencillamente grato, por lo menos su belleza siempre nos acompaña. El ejercicio de la pesca de la trucha, te da la oportunidad de conocer mejor la vida animal y vejetal, y te convierte en un verdadero maestro del medio ambiente, solo por eso ya merece la pena ser pescador. 👀🐾

PARA FINALIZAR...

Pescar ! He ahí nuestro placer favorito. Cuando pasamos meses enteros sin pescar, se nos ve con aspecto triste, como si nos faltara algo esencial a nuestro ser... Sin embargo, cuando se habre la veda, apenas dejamos atrás las últimas casas de la población, cuando sentimos en nuestro ser despierto, el apetito de la pesca... Se borra de la mente las sombras de múltiples inquietudes, brillan los ojos con inusitada llama, se despliegan los labios abriéndose a la risa, aspiramos con avidez el aire puro y fresco de la mañana, y la imaginación, soñando con magníficas aventuras, se desborda con la lengua, y a nuestra rápida e inquieta marcha, comienzan las historias y recuerdos de excursiones pasadas.

Nosotros, los pescadores, los aficionados de pura sangre, necesitamos para la vida el contacto con la Naturaleza, con el sol, con el aire purísimo, con el río donde se desarrolla nuestra principal actividad deportiva, necesitamos oír de cuando en cuando la música del agua, sentir la caña en la mano, la dulzura de los lances, las suaves posadas, las duras peleas con las truchas que hagan palpitar el corazón, la sombra acogedora de los árboles, saciar la sed en los días calurosos de verano con el agua pura y fresca de las fuentes recién nacidas escondidas entre los ricos. Necesitamos la buena compañía, los saludables razonamientos, los calmados paseos por el río, así como la bella pesca sin caña, y por supuesto los buenos textos.
Entonces amigo pescador, pesquemos por amor a la pesca, por amor a la Naturaleza y por amor al vivir.   🐞🐝🐛

viernes, 1 de diciembre de 2017

El Ceremonioso Ritual de la Reproducción de las Truchas Leonesas.

Como todos los años por estas fechas, miles de pescadores estamos haciendo nuestras particulares previsiones y concibiendo nuestras secretas esperanzas en lo que nos deparará la próxima temporada. Mientras tanto, las pocas truchas que aún nos quedan, se preparan para el solemne ritual de la reproducción.

Después de meses de asedio y persecución por parte de los apasionados pescadores, las truchas se han ganado un merecido descanso, la "calma" llega de nuevo a los ríos leoneses. Para muchos de nosotros ya ha comenzado los sueños de la próxima temporada, nos dedicaremos a recorrer las zonas trucheras donde en muy poco tiempo las truchas aran acto de presencia en los frezaderos, entonces tendremos que estar muy atentos y vigilantes para que todo el proceso del desove de las truchas transcurra en las mejores condiciones posibles, al menos para que los cormoranes y furtivos tomen nota de nuestra presencia.

"Las puras y cristalinas aguas" de nuestros ríos y arroyos tributarios, se preparan y se visten de gala para recibir en pocas semanas, el magnífico y solemne ritual de la reproducción, convirtiéndose por unos días en testigos de seduciones y romances, un fascinante episodio del ciclo biológico de nuestras populares "pintonas", la reina del reino de los ríos leoneses, la trucha común, (salmo trutta fario), perteneciente a la familia de los salmónidos y seña de identidad de los ríos leoneses, otra de tantas riquezas naturales que atesora esta maravillosa tierra.

El gran instinto de supervivencia conque están dotados estos admirables peces, los hacen celebrar este ritual cada nuevo invierno, solo los ejemplares más fuertes serán capaces de transmitir sus reservas genéticas, es la selección natural.

Llegada de las truchas a los frezaderos. 
Entretanto, el otoño en nuestros ríos es pura armonía y tranquilidad, y las truchas parecen contagiarse de este ritmo de vida. Las riberas poco a poco se van transformando, cambiando el color verde de las hojas de los árboles por tonos amarillos, ocres y vermejos, hasta que se secan y caen al suelo ayudadas por el viento y las primeras lluvias otoñales. La vejetación muda así su vestimenta regalándonos lienzos naturales de belleza insólita.

El suelo agotado y reseco por la insolación del estío y las escasas precipitaciones, cambia su imagen y se transforma en un mullido tapiz con las primeras lluvias otoñales, no se oyen ni las pisadas, sólo el suave susurro de la corriente quiebra el silencio otoñal de los días calmos, parece ahora un campo lleno de flores saturado de aromas de líquenes y hongos, como si la Naturaleza previendo lo que se avecina, nos quisiera agradar con una segunda primavera antes de ponerse el fastuoso vestido de la nostalgia, es uno de los medios de que dispone para hacernos felices, al tiempo que nos prepara admirablemente para el solemne edagio del invierno.

Otoño en el Esla.
Otoño en el Esla. 
Ha llegado el momento de hacer un último acopio de energías, el esfuerzo que las espera no va a ser poca cosa y han de estar pletóricas para cumplir con éxito su objetivo de perpetuar su especie.

Ahora, el nivel de alerta de las "pintonas" es menor que en época de pesca, en estos últimos días del otoño reponen fuerzas con regularidad, de hecho pueden pasarse todo el día alimentándose. Acercarse al río y verlas comer en superficie es todo un espectáculo para la vista, decenas de anillos mágicos dibujan círculos en la superficie del agua, las truchas no se cansan de comer insectos que arrastra la corriente, produciéndose esas ondas que delatan su presencia, dando lugar a uno de los momentos más extraordinarios que se pueden vivir en la pesca con mosca.

Río Porma en otoño. 
Las condiciones ambientales de hoy no son las mismas de hace unas décadas, el aumento progresivo de las temperaturas hace que cada vez nieve menos y los ríos leoneses se resienten de esta realidad. El cambio climático está haciendo que los períodos estivales y otoñales sean cada vez más secos y prolongados, con inviernos más cálidos disminuyendo la frecuencia y amplitud de las crecidas que antaño eran más frecuentes con el deshielo y las lluvias primaverales para limpiar los fondos de los ríos y crear un hábitat ideal para la fauna imbertebrada y la reproducción de las truchas.

En la actualidad existen una gran cantidad de amenazas sobre los ya de por sí frágiles ecosistemas de nuestros ríos : expansión de parásitos, enfermedades que atacan a los peces, colmatación de los fondos etcétera. Con este progresivo deterioro, las truchas tanto alevines como adultas, tienen menos alimento disponible y menos lugares donde desovar de forma adecuada y segura, lo que se traduce en el envejecimiento y desequilibrio de las poblaciones, aumentando cada temporada el riesgo de que nuestras populares " pintonas " puedan llegar a extinguirse a medio y largo plazo, y da igual que se repueblen nuestros ríos, o se declare a la trucha especíe de interés preferente. En nuestro día a día, no nos damos cuenta, pero poco a poco, silenciosamente y de una manera inexorable, estamos destruyendo toda la herencia que nos dejaron nuestros mayores. El falso progreso en el que estamos inmersos nos hace olvidar la obligación de guardar ese legado, y no queremos asumir la necesidad imperiosa que tenemos de proteger nuestro hábitat, nuestros ríos...

Que la pesca de la trucha agoniza, es una dramática realidad. Este bello deporte, arraigado en esta tierra desde hace siglos, y que pertenece a la ocupación más pura de la felicidad humana, se halla a punto del desvanecimiento. Cada temporada, la escasez de truchas en nuestros ríos leoneses  (salvo tramos repoblados), es más extrema y notoria. Cada vez se hacen mayores esfuerzos para contrarrestar esta decadencia : mejores leyes de pesca y mayor rigor en su cumplimiento, creación de tramos sin muerte, vedados, vigilantes de pesca, etcétera, pero con todo ello no se logra contrarrestar el resto del progreso humano, que al ir "humanizando" el planeta desaloja de él la expontaneidad de la Naturaleza. A duras penas se logra sostener la perduración de la trucha, solo a costa de mucho dinero invertido en repoblaciones y cortapisas de todo tipo, provocando con esto que la pesca se vuelva en demasía artificial, y perdiendo su más exquisito sabor : el selvatismo bronco de los ríos de antaño y el salvajismo de los peces.

El hombre está condenado a progresar, no puede volver a ninguna edad pasada, está consignado quiera o no, a un futuro que es siempre nuevo y distinto, llamémosle o no progreso, y esto significa que el pescador está condenado si nadie lo remedia a irse de los ríos y de la Naturaleza. Queda así reducido el deporte de la pesca de la trucha a las competiciones, con peces degenerados como lo es el hombre mismo, peces que han perdido mucho de sus instintos, si bien a fuerza de tanto maniqueo han depurado otros.

El error de creer que nunca faltarán truchas en nuestros ríos, brota de la misma raiz que sustenta la creencia en que antes había muchas, y también de la falsa idea que se tiene de ella. Se la imagina dotada de una enorme resistencia biológica, y no es cierto, todos los seres vivos que habitan nuestros cursos fluviales son de una inestabilidad biológica extrema. Cualquier circunstancia desequilibra su estabilidad y la extingue. Por eso su localización ha sido siempre muy circunscrita a condiciones ambientales precisas : pureza, axigenación y temperatura de las aguas, etcétera. Carecen de la fabulosa plasticidad del hombre que le permite adaptarse a todos los medios. 《... "Derramósele la melancolía por el corazón"》, dice Cervantes con precisión clínica de Don Quijote cuando, vencido por el de la Blanca Luna, se le aparece el mundo desteñido y, devilitado los bríos, va a inclinarse hacia la muerte. Pero esa melancolía de nuestro genial atontolinado es tortas y pan en comparación con la melancolía de nuestras "pintonas", que se nos mueren de tristeza apenas se modifica su hábitat. Por eso es casi imposible mantenerlas en estado salvaje.

La realidad es que hoy no pescamos más que unos cuantos "locos", donde solamente la afición y la siempre esperanza de engañar alguna trucha, hacen llevaderos esos casi continuos fracasos, esperando que la providencia se acuerde de nosotros y haga el milagro de que un día, la situación cambie en bien de todos. La pesca deportiva de la trucha, el único deporte verdaderamente social, el más sano de los ejercicios y el más moral de los placeres, requiere la atención de las administraciones y de los ciudadanos, porque su prosperidad interesa a todas las ramas del comercio, de la industria y del progreso del territorio.  Este panorama de hoy no puede en modo alguno significar desesperanza. Cada hora tiene su afán, como dijo un político de los de antes, y si bien no puede pensarse en que las cosas vuelvan a lo que fueron, pues su momento pasó, hay que tener fe en un porvenir en el cual, quien de ello se encargue, comprenda el interés y la riqueza que la pesca de la trucha representa, y la encauce debidamente, haciéndola resurgir.

Puerto o azud y canal de riego. 

Los bajos niveles de los ríos son ahora el denominador común, tanto los naturales como los regulados por pantanos que ahora mantienen sus compuertas cerradas se encuentran con unos caudales exiguos, en éstas circunstancias apenas pueden esconder sus tesoros, haciendo más visibles y vulnerables las truchas que moran en sus aguas.

Ya desde finales de primavera, tanto machos como hembras comienzan a desarrollar sus órganos sexuales. En esta época que nos encontramos de finales de otoño principios de invierno, las truchas comienzan a reunirse, el instinto de procrear se pone en movimiento para las truchas que han superado la persecución de toda clase de depredadores. Lo normal es que por estas fechas llegen las primeras lluvias que harán aumentar el caudal, el reclamo perfecto para empezar a remontar los ríos que las mostrará el camino a seguir, la vía de acceso a los frezaderos, entonces comenzará el acercamiento a las zonas elegidas para el desove.

Para conseguirlo, las "pintonas" tendrán que realizar largos y complicados desplazamientos en el que encontrarán todo tipo de obtáculos, tanto naturales como artificiales que han de superar, en ocasiones mediante espectaculares saltos que poco o nada tienen en envidiar al de los salmones, otra demostración más de la fuerza y bravura que las caracteriza. Sin embargo, habrá otras barreras infranqueables como los muros de los pantanos y puertos que las impedirán el remonte, teniendo que frezar entonces en lugares inapropiados, o no lo harán, provocando un grave perjuicio para el normal equilibrio de las poblaciones.

Tiempos de amores y cortejos. Los machos buscan ansiosamente a las hembras. 
Los árboles de hoja caduca se aprestan para pasar el frio invierno y se disfrazan de yermos candelabros, indicativo de que el invierno definitivamente ha llegado, y pese al cambio climático y al maltrato que a diario tiene que soportar nuestros ríos, siguen teniendo vida, más vida si cabe que en otras épocas del año, entonces se convierten en testigos de seduciones y romances de machos y hembras que han conseguido llegar a sus destinos.

Es tiempo de amores y cortejos, diciembre y enero son sinónimos de apareamiento de los salmónidos, las primeras "pintonas" ya se encuentran en sus zonas de desove, en unos casos será en las cabeceras de los ríos y arroyos tributarios, en otros en sus cursos medios y bajos, cauces de montaña y de llanura donde tendrá lugar el ceremonioso ritual de la reproducción de las truchas leonesas.

"Las cristalinas aguas" del Torío, Curueño, Yuso, Bernesga, Dueñas, Luna, Valcarce, Burbia, Tuerto, Omaña, Boeza, Valderaduey, Tremor, Valdesamario, Sil, Eria, Duerna, Isoba, Orza, Cabrera, Cea. Esla, Porma, Sella, Porcos, Ancares, y... tantos otros ríos y arroyos que vertebran esta provincia de norte a sur, y de este a oeste, son todos marcos naturales de belleza incomparable, que nos permiten en estas fechas del año, disfrutar por unos días contemplando el fascinante espectáculo del desove de nuestras truchas.

En estas primeras semanas del invierno, generalmente los ríos no guardan ninguno de sus tesoros, ahora enseñan lo que realmente tienen, truchas bonitas como esmeraldas, en las que sobresalen sus libreas verdosas y amarillentas. Los grandes ejemplares que apenas se dejan ver durante el resto del año, pierden parte de su instinto de protección, aciéndoles más vulnerables a los depredadores, consecuencia del amor ciego a la llamada de la reproducción.
En estas circunstancias de alocamiento se comprende sea mayor la facilidad para el furtivo aproximarse a estos grandes ejemplares, no sólo porque la excitación de su estado les hace perder el recelo innato en ellos, sino porque además, con su gran tamaño delatan su presencia. Por desgracia esta época del desove es vista por algunos sin escrúpulos como una gran ocasión para capturar alguno de estos grandes ejemplares, que rara vez se dejan ver y mucho menos pescar.

Pocos depredadores del río pueden compararse con nuestros furtivos, implacable exterminador de truchas y más difícil de descartar que una plaga de topillos de campo. Personaje muy astuto, conocedor perfectamente del río donde actúa, un ser ingenioso para crear todo tipo de utensilios ilegales para capturar truchas, burlador de la ley y de la vigilancia, y un gran estratega para conseguir su propósito.  "A su paso camino del río, con ojos remostados de tragar vinazo, con sus alpargatas toscas, cansadas de aplastar la hierba dura y pisar terrones, va con gran esperanza de las nutridas redadas en los frezaderos serenos, de los repletos garlitos en las chorreras luminosas, de las innumerables sorpresas entre los cantos lisos. Lleva la red al hombro, la nasa reseca y panzuda abrazada por la cintura, el garlito de arcos de madera e hilo invisible pendiente de una mano y la cesta en bandolera, a su paso ladran los perros asustados y, cuando llega a su destino, las nutrias, armiñas y ratas abandonan los despojos de sus presas para volver temerosos a sus guaridas".
Los furtivos del resto del país son unos niños de teta comparados con los nuestros. Es el hombre que al echarse al río tiene recursos para todo, y si la redada con la garrafa en el frezadero ha sido prodiga con algún buen ejemplar entre sus redes, de sus labios se escapa una mueca de cínica satisfacción por el feliz resultado de su azaña. Pero no se altera por la emoción, ni por el ahogo de su esfuerzo, solo piensa en desnucar sus capturas y enrollar la garrafa, le queda aún por registrar las nasas que fabricó el mismo con varas de mimbre y que las colocó estratégicamente en los cañales, a unos metros de los distintos fregones del río.

Se ha llenado la cesta, algunas truchas hincan sus cabezas en la fresca hierba buscando respiro mientras sus elásticos cuerpos se contorsionan ante la falta de oxígeno que las agota, y si alguna extendida yace en el suelo, es porque perdió su vida ya en la húmeda boca del furtivo, que apretó sus agallas con los dientes, no para acortar su agonía, sino para no perderla.  Para el es una práctica casi diaria perseguir truchas.
Pesca destructora egercitada por hombres en cuya sangre se mezcla el elemento celtíbero y el árabe, residuo de razas heroicas y decadentes.  ¡ Que riqueza para un gran pueblo el leonés trabajada con cultura y con amor! Afortunadamente esta escena del furtivo profesional, en la actualidad se ha superado, aunque tal herencia parece que en cierto modo ha pervivido hasta nuestros días a tenor de lo que se escucha de sus correrías, incluso se ha revitalizado con la nueva Ley de Pesca. Ellos saben que no está bien lo que hacen, pero, ¡que reconcho!, para eso prohíbe la nueva ley de pesca de un modo terminante llevarse truchas de los tramos libres.

Pareja de truchas en pleno ritual reproductivo. 
Entretanto, a escasos centímetros de la superficie del agua empiezan a sonar tambores de guerra, se producen las primeras contiendas entre los machos generalmente más numerosos que las hembras, comienza la pugna por ganarse la compañía de la hembra reproductora. Los machos con más posibilidades de aparearse deforman ligeramente sus maxilares inferiores en forma de gancho, el cual emplean como arma de ataque en las disputas con otros machos, no es raro que alguno de los contendientes termine seriamente dañado, con señales de peleas por el cuerpo y cicatrices que atestiguan pasados enfrentamientos. Cicatrices, mordeduras y rasguños es el peaje que tendrán que pagar algunos para determinar la jerarquía genética. Las infecciones pueden encontrar un hogar en estas heridas, y no es raro ver las secuelas en sus cuerpos que en ocasiones pagarán con su propia vida.

Los machos más grandes hacen ostentación de poder, se aproximan unos con otros, hasta que de esta fase ritual pasan a la fase activa, observándose expectaculares persecuciones y continuos enfrentamientos por cubrir la dorada puesta de la hembra. En este escenario, el macho ganador se llevará la gloria, estableciendo así un orden jerárquico. Los ejemplares que no salgan airosos de estos combates y aquellos otros machos denominados "satélites" que durante todo el proceso de apareamiento han permanecido a cierta distancia, esperarán su oprtunidad y cumplirán un importante y necesario papel de actores secundarios.

La dorada puesta de la hembra. 
Las hembras, cuando las circunstancias se lo permitan, buscarán para sus nidos una zona soleada y oculta, de aguas someras poco profundas, de poca corriente pero bien oxigenadas, y suelo de arena salpicado de pequeñas piedras, esto permitirá una correcta filtración del agua en el nido y una adecuada oxigenación de las huevas, siendo la temperatura obtima de la misma entre los cinco y diez grados C.

Estas posibles ubicaciones de los nidos, provocará en muchos casos que los frezaderos estén en zonas potencialmente peligrosas de fácil arrastramiento por aumento repentino del caudal, y constantemente expuestos a las eventuales riadas invernales.

Las hembras presentan entonces su abdomen abultado por el aumento de los ovarios, desarrollando una papila genital muy prominente a la altura del ano por donde expulsará las huevas al exterior.

Las hembras harán todo el trabajo pesado, ellas serán las encargadas de escoger el lugar adecuado para hacer el nido, de hecho son ellas las primeras en remontar el río seguidas de los machos. El roce constante con las piedras y arena del lecho del río, hace mella en sus cuerpos al desaparecer parcialmente la capa protectora, permitiendo a los microbios atacar más fácilmente sus cuerpos, las lesiones más visibles son una vez más las causadas por infecciones bacterianas.

Un manto blanco cubre la dorada puesta de la hembra. 
Una vez elegido el lugar donde harán el nido, las hembras se ponen de costado y mediante enérgicas y rápidas batidas de la aleta caudal, sacuden las pequeñas piedras del lecho del río haciendo una "cama" donde posteriormente depositarán las huevas.

Estas zonas del río denominadas "fregones", quedarán entonces más claras diferenciándose del resto, siendo por tanto fácil localizarlas, especialmente para los astutos depredadores, entre los que destaca el desmán Ibérico, una prodigiosa criatura ligada a nuestros cursos fluviales sin contaminar, capaz de andar bajo el agua y de nadar con suma facilidad.

En los instantes previos a la puesta, la hembra permanece en posición arqueada con su aleta anal apoyada en el lecho, el macho cada cierto tiempo coquetea con ella, se aproxima, y mediante vibraciones de su cuerpo tratará de estimularla, juegos de seduciones que no tardarán en dar sus frutos. El momento cumbre se acerca, ambos ejemplares ponen sus cuerpos paralelos, completamente excitados con sus mandíbulas abiertas, la hembra entonces despide la vida que lleva dentro expulsando parte de las huevas, al tiempo que el macho hace lo propio con el esperma. Un manto blanco cubre el escenario durante unos breves Instantes, un baile nupcial de apenas unos segundos que dará comienzo a una nueva vida, a un nuevo ciclo vital, todo el esfuerzo realizado se resumirá en un efímero momento.

La fecundación sólo podrá ser posible en los segundos posteriores a la puesta. Los actores secundarios atentos en todo momento a los acontecimientos, también acudirán a expulsar el esperma, reclamando así su parte de protagonismo. La puesta de una hembra puede ser cubierta por el esperma de tres o cuatro machos, de esta manera se evita que las huevas queden sin fertilizar ante una posible esterilidad del macho dominante, es la ley de la Naturaleza.

Hembrión saliendo del huevo 
Embrión a punto de salir totalmente del huevo. 
Mediante el mismo sistema con que hizo la "cama", la hembra cubre las huevas para protegerlas de posibles peligros, descansará el tiempo necesario y volverá a repetir el proceso hasta que haya depositado todos los huevos que lleva en su interior. La segunda y sucesivas puestas las hará en nuevos nidos, generalmente delante del primero. Todos estos nidos hechos por una o varias hebras es lo que popularmente se conoce por "frezadero", y este proceso puede durar unos días, con más actividades a partir del mediodía.

Una vez la freza a finalizado, la hembra deja el nido o los nidos, y no se queda para defenderlos de posibles depredadores, abandona el lugar,  mientras los machos permanecen más tiempo, y si tienen la posibilidad frezarán con otras hembras.

Larva con el cuerpo transparente  (filiforme), y el saco vitelino. 
En condiciones normales, las hembras ponen entre mil y dos mil huevos por kilo de peso, pero un elevado número de ellos, al rededor de un noventa por ciento (90%), serán víctimas de crecidas y pasto de distintos depredadores entre ellos las propias truchas, y se estima que sólo el dos por ciento (2%) del resto llegará a su fase adulta.

El potencial reproductivo de una hembra está determinado por el número y calidad de sus huevas, y consecuentemente por el entorno donde vive y se alimenta. Los huevos grandes y sanos producen alevines fuertes que crecen y compiten mejor que otros por la comida y los recursos que ofrece el río.

El desgaste ha sido desmesurado, tanto machos como hembras descansarán tratando de recuperar fuerzas, permaneciendo aletargados pegados a los fondos de los grandes pozos o entre la maleza sin apenas alimentarse, será con la llegada de temperaturas más cálidas cuando aumente de nuevo su actividad.

Alevines pigmentados con restos del vitelo. 
Las pequeñas piedras depositadas por las hembras sobre las huevas, guardan y protegen con mimo una nueva generación de truchas que están a punto de nacer, aproximadamente dos meses dependiendo de la temperatura del agua, eclosionarán los pequeños embriones denominados "larvas". Estas "larvas" tienen un aspecto inicial bien distinto al que adquirirán días después, la cabeza es relativamente gruesa y el cuerpo es filiforme, osea con apariencia de hilo, en el que apenas se ven las aletas que son rudimentarias, y que en el vientre tienen un gran saco vitelino ocupado por un líquido anaranjado que contiene pequeñas gotas de grasa rojizas que son los restos del vitelo del huevo, y que poco a poco son reabsorbidos para atender las primeras necesidades alimentarias.

Estas larvas inicialmente son muy torpes, no nadan, y se mantienen en los lugares de alevinaje en reposo. A medida que transcurren los días, la cabeza se termina de formar, y las aletas están ahora más definidas, se engrosa el cuerpo al mismo tiempo que disminuye la bolsa con el vitelo, se hacen más activas realizando una natación cada vez más perfeccionada, y ya no se agrupan como al principio, al no ser que sean molestadas.

Alevin con algún resto del vitelo. 
Antes de la total reabsorción del vitelo, los alevines están ya muy pigmentados, pierden su transparencia, se oscurecen cada vez más, empiezan a nadar activamente, se disponen ya en contra de las suaves corrientes y buscan la luz. El alevin todavía con algún resto del vitelo tiene un comportamiento dirigido fundamentalmente a la captura de alimento que le ofrece el río, de esta manera es sustituido progresivamente el alimento procedente del saco vitelino.

Ya en la primera semana de haber comenzado la alimentación que les ofrece el río, comienza la ribalidad entre ellos, de tal manera,  que aquellos de mejor aspecto y más vigorosos, ocupan los espacios acuáticos que les ofrecen condiciones más idóneas, como son los que corresponden a las cabeceras de los remansos o entradas de aguas de algún reguero. Por el contrario, los alevines más pequeños y menos formados,  son relegados a los lugares no deseados por los demás, donde el agua suele estar menos oxigenada y más cargada de materiales en suspensión, como en aguas paradas.

Entre unos y otros, el río vuelve a llenarse de nuevas vidas, una nueva generación de truchas que deberán emular a sus progenitores, y tendrán que enfrentarse a todos los peligros que anteriormente sus padres superaron con éxito, deberán ser tan fuertes como ellos, tan listos y astutos como ellos, y tendrán la obligación de dar continuidad a su especie, y nosotros tendremos la obligación de velar porque todo el proceso de la reproducción transcurra en las mejores condiciones posibles con total normalidad, derribando si fuera preciso barreras infranqueables para facilitarlas el remonte, como son los puertos o azudes obsoletos o fuera de servicio, tendremos además la obligación de proteger y cuidar del medio donde viven. Un tesoro natural que estamos obligados a conservar y entregar a las nuevas generaciones futuras.

En tiempos de veda,  se puede igualmente disfrutar del río y de las truchas. 

Más allá de su pesca, podemos disfrutar de ellas todo el año, es solo cuestión de cambiar la caña por un bastón.
Para el aficionado que no cifre como única emoción la captura y posterior suelta del pez, para el que con ansia desea cada día aprender algo nuevo de las truchas, la época de reproducción es una buena ocasión. Estudiar su comportamiento y necesidades, nos ayudará a conocerlas y comprenderlas mejor, y a respetarlas como se merecen.

En la pesca deportiva de la trucha, (salvo  las competiciones), no es el objeto  a mi juicio  capturar el mayor número de piezas, aunque por desgracia se dé mucho este tipo de aficionado, que solo busca la cantidad, y si además puede, con comodidad y rapidez. Hay otros muchos lances que representan para el verdadero aficionado motivo de diversión, de interés, de aprendizaje y de recuerdos inolvidables, recuerdos que ningún dinero puede comprar, tiempos que han pasado con desolada rapidez, amistades entrañables que han soportado la prueba del tiempo, amaneceres y puestas de sol... Lances como seguir la reproducción de las truchas, donde el simple hecho de contemplarlas, nos hacen olvidar  frustraciones y desencantos de temporadas pasadas y frecuentemente con un remordimiento de conciencia pensar las matanzas que se hicieron en el pasado y se hacen en el presente de tan bello animal, que en estos frezaderos parece que las puso Dios para recreo de los sentidos.
Es el paisaje, el aislamiento que no la soledad, es la actuación personal, el olor a hierba recién cortada de los verdes prados.  Es el contacto y la convivencia con los demás animales que frecuentan los cursos fluviales, y con la propia Naturaleza de la que tanto se aprende en todo orden de ideas, es el reposo bien ganado después de un día duro de trabajo en que hemos puesto todas nuestras facultades físicas y mentales.

Para llegar a disfrutar de este bello deporte de la pesca, para lograr paladear los mil matices que son motivo de interés y de diversión, para conllevar con estoicismo y sin protesta las penalidades, las adversidades y aveces el aburrimiento, tendrás que ir amigo pescador provisto de algo sin lo cual será inútil cuanta buena voluntad pongas por tu parte, ese algo es una simple santa palabra que se llama AFICIÓN.

viernes, 14 de julio de 2017

La Trucha de Sardonedo y Yo.

Con la sonrisa en el pecho y la ilusión del niño que sale a jugar al recreo, y con la secreta esperanza de que alguna trucha tomara la "zanahoria", vadeé el río hasta alcanzar la cabecera de la tablada que había estado observando mientras me cambiaba. Me aproximé con sigilo a un pozo alimentado por una torrentera y me dispuse a estudiar la situación.

La mayoría de los pescadores que practicamos abitualmente esta técnica de pesca " al hilo ", tenemos una fascinación, una especie de atracción mística por los pozos y aguas profundas, intuimos que allí, en las profundidades, puede estar oculta la trucha de nuestra vida, por eso cuándo hoy entré al río, después de percatarme de que no había ningún pescador a la vista, me fuí derecho al pozo, a ese oscuro objeto del deseo.

Coto de Sardonedo. 
El monótono rugir de la torrentera, junto con el oscilante verde follaje de la orilla, el silvar pausado de las hojas de los árboles, y todo un mar de ramajes que cimbreaba a impulsos de la brisa, imperaban en la atmósfera de una mañana fresca y ventosa saturada por los aromas de las matas silvestres.  Iluminándolo todo, un sol receloso que empezaba a entonarse entre nubes blancas que iban apareciendo en el mar azul del cielo en cuya inmensidad flotaban algunas estrellas rezagadas, como esas hermosas mujeres que después de una noche de orgía se dirigen soñolientas al hogar, con el vestido deslucido, las flores marchitas y los ojos empañados por el desvelo.

En realidad más que un pozo era un tramo largo de aguas profundas,  protegidas por una exhuverante vejetación, así que puse especial cuidado en no enredar en las ramas el aparejo de dos perdigones, una zanahoria en punta, y un plátano más arriba.
Estos lances con un hilo tan fino y dos bolas de tungsteno, no te permiten rectificar en el aire como una mosca seca y una línea convencional, si calculas mal y el lance te sale largo, lo más probable es que los perdigones terminen enredados en alguna rama de la orilla.

La postura y la torrentera al fondo. 
La zona cubierta por la vejetación era la más profunda, por lo que decidí que los perdigones deberían pasar rozando el ramaje semisumergido. El lance fué preciso y perfecto, yendo a parar a la cabecera de la torrentera, haciendo que los perdigones ganasen profundidad a medida que derivaban hacia la postura elegida.
Al llegar los perdigones a mi altura, sentí un toque muy suave, casi imperceptible que me hizo pensar que las truchas no estaban ni por las frutas ni por las hortalizas, volví de nuevo a lanzar al mismo sitio y esta vez noté un tirón fuerte y seco al final del recorrido, justo cuando los perdigones comenzaban a ascender a la superficie por el efecto de la presión que egercia la corriente sobre ellos.

El hilo quedó entonces fijo en un punto del lecho del río, sin moverse en ninguna dirección, levanté la caña casi en vertical y apreté con fuerza el hilo contra el corcho de la empuñadura, el puntal se arqueó como una vilorta, parecía un penitente sediento de clemencia. Ya la tengo pensé... sin duda debe ser grande; pero seguía sin haber ninguna reacción, destensé y volví a tensar un par de veces, el hilo silvaba al cortar el agua pero todo seguía igual, pensé que quizás había enganchado en alguna rama sumergida, volví a tensar y destensar varias veces más inclinando ligeramente la caña hacia uno y otro lado con el fin de recuperar los perdigones o perderlos definitivamente.

Al cabo de un rato, mientras pensaba como salir mejor de aquella situación, noté una leve vibración en la mano que sujetaba la caña, una especie de traqueteo que me resultó familiar, fué entonces cuando supe que tenía clavada una trucha, y mi semblante cambió de repente, pero el hilo seguía fijo bajo la vena gruesa de la corriente que empujaba con fuerza en aquel tramo profundo, y no había forma de moverla, había allí algo mitad mío que tiraba con furia sin doblegarse en lo más hondo del agua, era consciente de que un movimiento violento de la trucha o de lo que fuera, sería suficiente para romper el fino terminal, así que procuré no hacer nada extraño que la asustara.

Coto de pesca de Sardonedo. 
Quieto como una estatua, intentaba recuperar algo de hilo para probocar que se moviera, pero no podía, la tensión hacía que continuamente se resbalara de entre mis dedos, aveces, ni siquiera sabía dónde lo tenía, pensé para consolarme que seguramente era el precio que había que pagar por pescar con hilos tan finos, sí pescara con hilos más gruesos, no me pasaría esto, pero entonces no sería igual, esta técnica perdería parte de su efectividad.

Después de cinco o tal vez diez interminables minutos empezó a moverse. De repente todo sucedió muy rápido, no se como, pero en décimas de segundo se llevó quince o vente metros de hilo, haciendo alarde de una increíble fuerza, fué maravilloso verla descolgarse aguas abajo a toda velocidad, al son de la ronca sinfonía como de tela rasgada que entonaba el vivarelli, regalándome al final del viaje una expectacular cabriola en el aire decorada con un gran aro de espuma que recordaré por mucho tiempo.

Ahora estaba seguro de que la vista no me engañaba, de que se trataba de un hermoso ejemplar de trucha. La dirección del hilo indicaba que todo seguía su curso normal, pero inesperadamente se volvió a clavar en el fondo como una roca, y eran inútiles cuantos esfuerzos hacia para moverla. De nuevo otra vez el hilo zigzagueaba en el agua, y otra vez volvía a resbalarse de entre mis dedos, parecía que el mismísimo diablo disfrazado de trucha tirase desde las profundidades, empezaba a sentirme algo excitado, pero aún podía mantener firme mi brazo, me acordaba en ese momento de MacLean y sus pozos del tiempo, pero no era capaz de saber si estaba entrando en uno de ellos o simplemente estaba inmerso en un fugaz estallido de la vida.

Pasaba el tiempo y los segundos se hacían interminables, el hilo seguía tenso y el puntal arqueado, empezaba a dudar si la trucha seguiría clavada o se habría liberado del anzuelo enredando el bajo en alguna de las raíces sumergidas, ahora si empezaba a sentir el brazo agarrotado y la mano algo entumecida, como si me faltaran fuerzas para seguir manteniendo el hilo en tensión, y como en tantas ocasiones me vino a la memoria los recuerdos de mi juventud, de aquellos años locos lanzando y vadeando el río todo el día sin parar, saltando cercas y torrenteras acarcavadas, descrestando peñas por riberas encañonadas y barrancos profundos, avanzando entre juncos y espadañas, caminando por sendas y atajos separando las traicioneras zarzas rastreras y mil herbazales que se agarraban al vadeador como lapas, cruzando praderios y maizales interminables, y cientos de pequeños arroyos,  bajo la lluvia y el sol, entre tormentas y heladas, entre el fango y el barro, entre ilusiones y ensoñaciones pueriles, ¡Dios mío! ¡que tiempos aquellos!

Coto de Sardonedo. 
Siempre recurro a la  melancolía para  relajarme, los recuerdos del pasado se aferran a uno como si formaran parte del cuerpo, pero no puedo permitir que se transforme en un vicio, no me ha llegado aún ese triste periodo de la vida de los recuerdos, en que el hombre pasa largas horas con la mirada puesta en el ocaso, pensando lo que hizo y no volvería a hacer, si bien es verdad que el pescador por viejo que sea, siempre tiene algún resto de esperanza en el santuario de su corazón, para disculpar su decadencia y rechazar la jubilación que el despiadado tiempo le presenta.
Pero... ¡que le vamos hacer! El hombre es débil, vive siempre soñando con la perfección humana que no consigue jamás, llega a la vejez y se irrita contra las anomalías y caprichos de la naturaleza, busca excusa a sus debilidades, a sus torpezas y a sus chocheces, sin poderse explicar por qué a manera que se caen los pelos de la cabeza dejándola semicalva, crecen con más fuerza y vigor los de las cejas, cuando tan poca distancia hay entre ellos. ¡ay amigo pescador si yo le contara! Esos pelos rebeldes, cuantos disgustos han causado y causan a los pescadores mayores. Yo por mí se decir que cuando en la superficie del agua veo varias moscas juntas flotando, no se cual es la mía, y cualquier sombra sospechosa me parece una trucha, los pelos de las cejas me desconciertan y la vista me engaña. Muchas veces he estado a punto de afeitarme las cejas, pero la pícara vanidad me ha hecho dejar las tijeras en el estuche, pues reconozco que estaría más feo de lo que soy con las cejas rapadas.

La Trucha.
Mientras me sentía enfrascado en estos pensamientos, el pequeño milagro ocurrió, la trucha empezó a moverse y sentí de nuevo un gran alivio. Entonces la vi por primera vez a pocos centímetros de la superficie, su cuerpo totalmente aerodinámico, me pareció un obús con aletas, me fijé en su cola que era tan grande como la palma de mi mano, casi no lo podía creer, era la trucha más grande que había visto en mucho tiempo, y me sentía feliz.
Después de algunas cortas carreras y coletazos, fué perdiendo vigor en su porfiria por desprenderse del traicionero perdigón que prendía de su boca, sus movimientos empezaban a volverse lentos y torpes y, poco a poco pude acercarla a la orilla para poder sacarla por la cola, pensé que así sufriría menos su cuerpo y, sobre todo su piel que con la red.

La emoción del momento me embargaba, apenas podía manipular el teléfono para inmortalizar con una fotografía el instante tan maravilloso que estaba viviendo, ni fuerzas me quedaban para levantarla.
Mientras la observaba boquiabierto como si fuera la primera vez que veía una trucha, bendije el día que vino al mundo un animal tan bello, era como una llama expuesta a los rayos del sol, en la que sobresalía una librea dorada de color amarillo ámbar florecida de rubíes, con escamas centellantes que parecían pequeñas pepitas de oro incrustadas en su resbaladiza piel, ocelada de pintas rojas y negras, ribeteadas de un aro blanco pálido.
¡Que grande es la Naturaleza! que se emplea a fondo para protegerlas, facilitándolas el engaño con los disfraces de formas y colores tan diversos  como el propio lecho del río donde viven. Así son las truchas de Sardonedo, por que así lo ha dispuesto sabiamente la Naturaleza, fuertes y bonitas.

La "Zanahoria"
Me dispuse a devolverla la libertad en la soledad más sublime y pasmosa, más admirable y epléndida, sin más testigos que la propia conciencia ni más jueces que Dios, tan solo la cámara de fotos del teléfono como notario de excepción.
Ya dentro del agua, muy cerca de la orilla donde la corriente perdía fuerza, la retuve cuidadosamente entre mis manos, y empecé a moverla hacia adelante y hacia atrás para que el agua hiciera su trabajo.
La trucha al principio parecía no racionar, como si no quisiera luchar por conservar la existencia, como si estuviera cansada de soportar tantos desengaños sufridos a lo largo de los años, pero la realidad era distinta, el esfuerzo por liberarse del falso alimento no había sido poca cosa y estaba agotada, tanto como lo estaba yo que tuve que arrodillarme para poder seguir reabilitándola, pero no la iba a dejar a su suerte, estaría todo el tiempo necesario hasta que notara que ya estaba lo suficientemente fuerte para soltarla.
Después de cinco o tal vez diez minutos empezó a mover languidamente su cuerpo, al principio eran sólo tímidos movimientos, pero pronto fueron incrementándose y las branquias empezaron a bombear, hasta que noté que quería marcharse, entonces la solté para que se recuperara definitivamente en las profundidades del río donde tenía su morada.

Para el pescador deportivo, hay pocas situaciones que le proporcionen tanta satisfacción como ver a la trucha que ha tenido entre sus manos alejarse desde la orilla resignada pero con nobleza y dignidad, después de haber luchado hasta la estenuación por conservar su libertad. Nada puede compararse, entonces es cuando comprendemos que el pez en si mismo no es el objetivo de nuestra pasión, ni un trofeo de pesca, ni una captura para medir nuestra vanidad, para el pescador deportivo, el pez es su amigo, capaz de brindarle recuerdos y momentos que guardará para siempre en su memoria. Es aquí cuando el espíritu deportivo del pescador alcanza su máxima expresión, que no en balde el hombre siente su superioridad sobre los demás animales, no cuando los mata, sino cuando una vez dominados es capaz de conservarles la vida. El pescador entonces se eleva sobre si mismo y se convierte un poco en aprendiz de los dioses, o tal vez de ese mismo y único Dios creador.

El "plátano"
Mientras la contemplaba alejarse, pensaba la suerte que había tenido ese día, en otras circunstancias lo más probable es que hubiera terminado en la cesta de algún pescador y luego en algún contenedor. Pienso que es injusta la vida con estas truchas, porque su único pecado ha sido tener la mala suerte de vivir y crecer en un determinado tramo del río, a muy pocos metros del límite que separa la vida de la muerte.

La emoción se reflejaba en mi rostro, había conseguido engañarla con una "zanahoria" en su propio medio, allí donde ella se setía segura y, vencerla en su estrategia de defensa, y la había devuelto su libertad para que de nuevo se convirtiera en un desafío para otro pescador, y poder soñar como yo, porque en la pesca participan pescador y pez, y si no hay pez no puede haber pescador.

¿Quién me iba a decir después de tantos años pescando el Órbigo que estaría engañando a las truchas de Sardonedo con una "zanahoria"? ¿ Quién iba a pensar que aquellas enormes truchas, invulnerables entonces se las podía engañar con esta mortífera mostacilla? Cuanto tiempo perdido haciendo la "garita", y cuanto tiempo malgastado dedicado a montar complicadas imitaciones de rancajos, gusarapines y frailucos. Sin embargo sigo pensando que no existe más arte en la pesca con mosca que montar en el torno varios gusarapines con pelos y plumas, y luego pescar con ellos en torrenteras y aguas agitadas de nuestros ríos, pero justo es reconocer que estos artilugios son muy efectivos, casi tanto como el propio gusarapin natural.

No me entraba en el cuerpo tanta alegría, me sentía como un torero dando la vuelta al ruedo con una oreja en cada mano, un hecho tan simple como capturar una hermosa trucha, es capaz de crearme un estado de ánimo particular, una especie de estado de gracia, ¡cuántas enfermedades se curarian si pudieran someterse los hombres al tratamiento de la pesca! De repente se olvidan de un plumazo tantos y tantos sinsabores, tantos días de acabar con el brazo roto y la espalda deshecha, tantas frustraciones y tantos esfuerzos. Es increíble que a estas alturas de la vida, uno todavía siga disfrutando de estas cosas, tratando de engañar un pez que luego devolvemos al agua. ¡Pero es que en el seno de esta naturaleza el hombre es otro! ¡olvida las penas! ¡se cree que está en otro mundo!

Con el brazo aún caliente y los recientes recuerdos de la lucha con la trucha, me senté en la orilla y respiré con avidez el aire puro y fresco de la mañana, seguido de un instante que me pareció eterno, en el que nada necesitaba ni nada añoraba, el Órbigo de nuevo me había regalado unos minutos únicos, de esos que todos los pescadores soñamos tener alguna vez. Me sentía a gusto y dueño del tiempo, como si tubiera toda la eternidad por delante para disfrutar de momentos como este, al fin y al cabo, quien más quien menos en alguna ocasión se ha sentido un poco niño por la ilusión de capturar una hermosa trucha, y un poco Dios por la grandeza infinita de devolverla la libertad.

Acaso sea aquí, en la soledad del río donde me sienta más vivo, la ciudad me quita el humor y me arrebata los placeres de la pesca y de la Naturaleza. Cada vez más, necesito oír la solemne sencillez del rugir de la torrentera y el silvido de las hojas de los árboles, y hallo en cada captura una nueva historia que contar, y en cada salida de pesca una nueva aventura para recordar, esto hace que mis pensamientos se desligen de las inquietudes cotidianas por agitadas que estas sean.

Seria estupendo que la Junta gestionara este tramo como sin muerte, es uno de los últimos reductos que nos queda para recordar viejas glorias, si no, muy pronto solo nos quedará esa mirada fría y hueca para recordarnos lo mucho que hemos perdido. De la misma manera que un día alguien eligió pescar y devolver en lugar de pescar y matar, debemos continuar evolucionando, es a mi juicio el único modo de seguir creciendo en la educación de una pesca deportiva, el único modo de asegurar y transmitir a las nuevas generaciones nuestra pasión por la pesca.