BIENVENIDO AL MAGICO MUNDO DE LA PESCA CON MOSCA

《 Hay que ser, o haber sido pescador, para conocer el goce infinito de la integración del hombre en la Naturaleza. El pescador vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la suavidad del otoño y la tristeza del invierno, conoce la afanosa vida de los insectos, el crecimiento de las plantas, el jugueteo de las aguas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas y la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la naturaleza...》
Prologo del libro LA PESCA DE LA TRUCHA en los rios de León, de Jesus Pariente Diez.

viernes, 7 de septiembre de 2018

¡ A POR LAS GRANDES... CON ALGUNOS CONSEJOS !

A ti, amigo pescador, dedico estos ligeros apuntes, hijos de mi afición a la pesca, y de la observación de ese incomparable egercicio que me domina desde muy joven.
Al Esla, mí río predilecto, del que tanto he disfrutado y tantos recuerdos dejó en mi juventud. En el queda la mitad de mi alma y los mejores momentos de mí vida.

Al ir abandonando paulatinamente con la carga de los años, lo que ha constituido el ideal de mi vida, me queda el consuelo de saber que no han sido inútiles mis esfuerzos empleados en observar y conocer este maravilloso río, que para mí fué y en menor medida sigue siendo, un río de primer orden para la práctica de la pesca de la trucha con mosca, y que tantos pescadores notables han tenido el placer de conocer la belleza de sus tablas y raseras, su fauna y su flora ribereña... y sobre todo, sus truchas.
Precisamente ahora, cuando en otros tiempos estaría pescando, me pongo a escribir sobre pesca. No me propongo hacer un estudio serio porque no soy especialista en la materia, solo trazar algunos apuntes para los iniciados, fruto de la observación y la práctica de tantos años pescando estos escenarios de aguas profundas donde las truchas grandes tienen su particular edén.

Tucha del Esla. Hasta las grandes se confunden.

Río Esla, en un lugar de cuyo nombre prefiero no acordarme. Ante mí, una enorme y profunda tabla de aguas lentas. En la margen derecha, a unos quince o vente metros, justo bajo las ramas de una salguera, observo las sutiles cebadas de una trucha, son cebadas rítmicas, incesantes, casi imperceptibles, con esas burbujas que nos indican la presencia de un pez serio. Las pulsaciones aumentan, da igual los años que lleve pescando, estas situaciones me siguen poniendo nervioso. Trato de mejorar mi posición, pero el agua me lame los primeros bolsillos del chaleco, me mojo el codo derecho, noto un pequeño escalofrío que recorre mi cuerpo, el agua está fría, aunque no me importa, ya estoy acostumbrado a pescar en estas situaciones, con el agua al límite del vadeador. Algunos me dicen que debería pescar en otros sitios menos peligrosos, que algún día me va a pasar algo, pero yo no les hago caso, se muy bien que las truchas grandes les gusta el agua abundante, que se sienten más confiadas, aveces descuidando parte de sus instintos de protección, aunque casi siempre están en posturas difíciles, poniendo a prueba nuestra capacidad y habilidad como pescadores con mosca. Sin embargo, son estas truchas las que me gusta pescar, porque son las que me han hecho evolucionar como pescador y tal vez como persona.
 
Tablada del Esla, protagonista de la historia. 

... La trucha no para de cebarse. Lanzo una pequeña emergente, la mosca se ha posado bien, donde yo quería, un metro por delante de las cebadas. No veo bien la deriva de la pequeña emergente, el día está algo nublado y la visibilidad en la sombra agrava la situación. Me hubiera gustado presentarla una mosca más grande, con el collar de flotación más claro, pero seguramente me la rechazaría, eso me dice la experiencia y no quiero desperdiciar el primer lance.
La pequeña emergente se aproxima a los diminutos aros producidos por las reiteradas cebas, contengo la respiración... nada. Vuelvo a lanzar, esta vez algo más arriba, también posa bien, suave como una pluma, quizás algo escorada a la izquierda de su carril de alimentación... nada de nuevo. Repito la operación varias veces más, y nada de nada, ni cebada ni movimiento alguno en los siguientes quince minutos, sólo las hojas de los chopos ponen algo de música con su rumor, queriendo hacer la tarea que no hace el agua en esta tablada de aguas mansas y mudas. Me huelo lo peor, ¡la he cagado, lo sé! Abandono. ¿Que pasó?

La pesca con mosca de lo que se trata es de engañar a los peces haciéndoles creer que la mosca que les presentamos es real. Y para hacer eso debes saber como piensan los peces. Pescar truchas grandes y difíciles en estos escenarios, requiere además de saber como piensan, tener experiencia, tener bien amaestrada la vista, poseer unas buenas condiciones físicas y aún morales, sin las cuales no es posible ni tan siquiera intentar capturar alguno de estos ejemplares.

Río Esla en verano. 

Algunos consejos básicos para los que comienzan o llevan poco tiempo pescando estos escenarios.
1. Localizar al pez : lo mejor para localizar los peces grandes es conocer el tramo, saber donde están, tener buena vista y algo de paciencia. Dicho esto, si pescas al agua puede que captures más truchas, pero será difícil que te suba una realmente buena, las truchas grandes suelen hacer pocos aspavientos, están generalmente en posturas complicadas, rozando el límite, poniendo a prueba las aptitudes del pescador, no han llegado a ser grandes por casualidad.
Busca sus tenues cebadas bajo la vejetación de las orillas, o mejor, intenta ver a la propia trucha. Entrena bien la vista y utiliza las mejores polarizadas que te puedas permitir, será una buena inversión y notarás una gran diferencia en ojear y encontrar peces.

2. La aproximación : El fracaso del pescador muchas veces se atribuye a las moscas mal elegidas o mal utilizadas, a la técnica inadecuada, al tiempo o al agua que está muy fría, aveces también a la mala suerte, sin embargo la razón suele ser una mala aproximación al pez que se asusta y huye antes de que se le puede tentar.
2a. Aproxímate a la trucha con sigilo, aprovechando cualquier obtáculo para no ser visto, sin ruido, sin provocar ondas en la superficie del agua, sin proyectar tu sombra sobre la postura donde se encuentra la trucha. Las sombras son quizás el indicador más obvio para ahuyentar a los peces y muy especialmente a las truchas, con águilas, garzas y un número incalculable de otros depredadores, incluidos los humanos que al mínimo descuido se ciernen sobre ellas. Las truchas están instintivamente concienciadas para dejar de alimentarse cuando ven una sombra y refugiarse. Lo mismo sucede con los reflejos producidos por los aparejos y utensilios del pescador, son también otra de las causas de huida de las truchas. Aproxímate con la caña baja, que no vea ni el fugaz resplandor de tu caña o carrete.

Rio Esla, remanso ideal para albergar grandes truchas. 

3. La situación : una vez que has llegado al sitio deseado, evita la tentación de lanzar a la primera. A uno lo quiera o no, le encanta lanzar la mosca, sentirse el protagonista principal de una obra maestra, aunque a veces acabe en un fracaso.
3a. Mira primero a tu alrededor por si tienes algún obtáculo que te impida hacer un lance normal, estudia como y donde posará la mosca, evita el posible dragado, no lances a través del río si no es necesario, lanza desde detrás de la trucha y un poco lateral a su posición, ligeramente en diagonal aguas arriba.
3b. Si observas las cebadas delante de un obtáculo grande que te impide lanzar la mosca, o al final de un pozo donde no puedes llegar con ella, sitúate aguas arriba y lateral a la posición de la trucha, teniendo en cuenta la distancia de seguridad mínima para no ser detectado. Lanza la mosca aguas abajo, también ligeramente en diagonal, saca línea si es necesario y deja la mosca que derive hasta la boca de la trucha.
3c. Observa detenidamente la situación, si sigue cebándose, no te ha visto, calma, no se irá. Ya sabes, si produce burbujas las cebadas, seguramente coma arriba, si la ves la cola, osea la aleta caudal o la dorsal, ponte en lo peor, está comiendo emergentes. Este dato se pone aún más de manifiesto, cuando las eclosiones son de insectos pequeños como los mosquitos o Quironómidos, sobre todo en tramos de aguas semiparadas, lugares cercanos a cañaverales o cubiertos de vejetación. Son eclosiones generalmente más copiosas, aunque menos prolongadas en el tiempo que las de los insectos más grandes. Las ninfas de estos mosquitos eclosionan siempre con la cabeza hacia arriba y haciendo movimientos bruscos con sus cuerpos hasta llegar a la superficie, sólo Una vez finalizada la eclosión, el festín termina, luego otra vez el río parece muerto.
3d. Mira la superficie del agua, ¿que ves? Seguramente muchas cosas o nada, decide con tranquilidad. Los que llevamos muchos años pescando estos escenarios, tenemos en ocasiones tantas dudas como los que comienzan.
Desearía en este aspecto poder ayudarte, poder ofrecerte una lista de al menos media docena de patrones de moscas que te garantizaran tener éxito con estas truchas, pero eso simplemente no es factible, cada río es único, las moscas y las técnicas que funcionan en un río, pueden no ser tan efectivas en otro. Lo mejor es tomar nota de los insectos que polulan por los ríos que frecuentas. Observa y deja que broten ideas de tu imaginación, cree en lo que haces, en el río encontrarás el mejor laboratorio para confeccionar tus moscas y probarlas con total libertad.
Si alguna vez pescas este río, ten en cuenta que estas truchas tienen especial tendencia a comer insectos en estado de emergencia, insectos que no han superado la película superficial del agua o que habiéndola superado, todavía no se han desprendido en su totalidad de la exhuvia o envoltorio ninfal. En esta fase de emergencia es cuando el insecto se muestra más vulnerable, porque o bien no han podido romper la tensión superficial del agua o habiéndola superado, aún no puede volar. Precisamente por eso, las moscas emergentes bienen a cubrir la necesidad del pescador en ese crítico y difícil momento del insecto.
La superficie del agua en estos escenarios se comporta como una película, como una especie de lámina capaz de alargarse y al mismo tiempo ofrecer cierta resistencia. Debido a la elevada tensión de la superficie en estas tabladas de aguas frías, algunos insectos pueden estar sobre ella sin sumergirse, incluso hay animales que corren sobre ella. No es pues de extrañar, que los insectos acuáticos, especialmente los Dípteros encuentren muchas dificultades para romper esa barrera de moléculas fuertemente cohesionadas, tanto más cuanto más fría este el agua, y la temperatura del agua en los ríos regulados, especialmente en el Esla es muy baja en verano.
Las eclosiones de estos pequeños insectos son lentas debido a su poco peso, y cuando llegan arriba encuentran muchas dificultades para romper la película superficial del agua, entonces empiezan a desprenderse de su saco pupal, sacando primero su cabeza y las patas delanteras, con las que se ayudan para zafarse de su característica exhuvia rayada. Esto les supone un gran esfuerzo y les obliga a permanecer por largo rato encima de la superficie o en deriva.
Desde el inicio de la eclosión hasta su vuelo, los Dípteros se muestran muy vulnerables, momento que aprovechan las truchas y otros predadores para deleitarse con tan exquisito bocado.

La idea de una mosca mágica es tan antigua como la pesca con mosca. 

4. La Observación: todos alguna vez hemos pasado por esos delirantes momentos en los que una trucha no hace caso de una mosca seca que la presentamos, y la ponemos otra, y otra y otra seca, quizás lo único que estamos haciendo es molestarla, ya que aunque creamos que está comiendo arriba, realmente no es así. Comer arriba es ver desaparecer el insecto que deriva por la corriente. Por eso, la observación de los movimientos que las truchas hacen para atrapar insectos y los diferentes boqueos es determinante en estos escenarios, por lo menos para tener un punto de referencia fiable.

5. Montaje de una emergente : cuanta razón llevaba Malford cuando decía que lo menos parecido a una mosca natural es la imitación artificial que nosotros montamos. Y quien puede dudar que esta afirmación no se mantiene hoy en día, incluso a pesar en los avances en materiales y nuevas técnicas.
La constante búsqueda de la mosca perfecta, ha traído a la mesa de los montadores una amplia oferta de materiales e ideas tendentes a imitar insectos lo más parecidos a los naturales. El pescador de mosca se encuentra a menudo indefenso ante cebadas llenas de incógnitas y concentra toda su pericia en presentar de forma perfecta su mosca, evitando en todo momento el dragado de la misma. La trucha aveces sube convencida a por la mosca, pero nota algo raro y la desprecia. Esto unido a la merma de eclosiones que en el pasado eran tan abundantes y frecuentes, nos lleva a la conclusión de que la forma de comer de las truchas en estos escenarios ha cambiado, y esto ha calado entre los pescadores con mosca que han desarrollado otro concepto de la pesca, en que las imitaciones de emergentes han adquirido un protagonismo absoluto.
Sin entrar a valorar la capacidad de imaginación que cada uno tiene para imitar insectos en cualquiera de sus fases, el pescador debe tener en cuenta cuando se dispone a montar una emergente, varios aspectos encaminados a imitar una fase muy fugaz del insecto. Tendrá que tener en cuenta la capacidad de absorción de los materiales, el aspecto que ofrecerá cuando esté en el agua, así como la testura en consonancia con los insectos naturales. También tendrá que tener en cuenta que las ninfas emergentes a imitar están vivas, y los factores que esto implica, como los movimientos al emerger de los diferentes insectos acuáticos, que son prácticamente imposibles de conocer por el pescador, y menos de representar en sus artificiales. También la traslucidez de los cuerpos es otra pieza del rompecabezas del montaje. El como la luz atraviesa un cuerpo natural, es algo que hasta hoy no se ha podido representar en una artificial, entre otras razones porque el anzuelo está siempre en el interior del cuerpo de la artificial, incluso en montajes de cuerpos separados.
Cuando lo que pretendemos es imitar emergentes para usarlas en la misma película superficial del agua, justo en los momentos previos a la eclosión, se hace aún más difícil su correcta imitación, pues al estar tan próxima al menisco, es cuando se pone más de manifiesto la traslucidez de los cuerpos de las ninfas emergentes, debido al efecto de la luz solar, que hace de estos insectos, su casi total transparencia. Por eso, lo único que podemos hacer al montar nuestras emergentes, es crear ilusiones ópticas incorporando algunos elementos al montaje para intentar engañar a estas truchas, como es la exhuvia, el saco alar o"chepa", etcétera.
5a. Los tonos: en gran medida, la supervivencia de los insectos acuáticos depende del mimetismo, del parecido con el medio donde viven. Por eso, la mayoría tienen tonos que pueden ir desde los olivas o grises oscuros, pasando por colores más cálidos como el tabaco o el beige marrón, colores que no abandonarán hasta que se desprendan de la camisa o envoltorio ninfal. Por eso los subimagos, todavía vulnerables tras el primer vuelo, carecen de brillos llamativos, y sus colores son tenuos y apagados, con el fin de pasar lo más desapercibidos posible en su primera aparición fuera del agua.
5b. La silueta: los cuerpos rechonchos, collares abultados o cercos repletos de fibras de pluma o pelos, son malos consejeros para el montaje de estas artificiales. Por el contrario, cuerpos finos, lo más traslúcidos posibles, trabajados con sedas extrafinas, con poco volumen, delicados y blandos, nos darán como resultado emergentes más sutiles, casi con vida propia, más parecidos a los naturales y por tanto preparados para engañar estas grandes truchas, que es en definitiva de lo que se trata.
De lo que no cabe ninguna duda, es de que el montaje de emergentes ha derivado en la creación de moscas de conjunto, precisamente porque ese momento de emergencia es mucho más subjetivo, más fugaz en el tiempo, y es más difícil de observar como puede ser un subimago. Ese es el motivo por lo que la variedad de emergentes artificiales se ha disparado, de tal manera que cada pescador dispone de emergentes diferentes a las de cualquier otro pescador, incluso aunque los materiales sean los mismos. Las imitaciones tienen siempre ese toque personal de cada uno.

Tablada del Esla, donde las truchas se sienten seguras. 

6. El lance : una vez que estas en posición de lanzar la mosca, cuanto menos manipules los aparejos mejor. Se que aveces es tentador dar un paso o dos para obtener un ángulo diferente para el siguiente lanzamiento, pero ten en cuenta que la línea lateral de la trucha ( órgano sensorial), la permite detectar incluso el menor movimiento bajo el agua, muy especialmente en tabladas de aguas someras. Por lo tanto, una vez que estés cerca de la trucha, haz que cada paso cuente, ya que el siguiente paso podría ser el que envíe esa trucha trofeo a su refugio.
6a. Cuida tu primer lance. La imitación incorrecta raramente ahuyenta a la trucha, un mal lance, si. Decía Marriat, 《... el gran secreto para hacer subir una trucha a la mosca consiste en combinar la ligereza y la precisión en nuestro primer lance 》. Prueba a lanzar como si fuera el lance definitivo, evita en lo posible los falsos lances, y sobre todo el dragado de la mosca, alarga si es necesario el bajo de línea, o el terminal. También es importante a considerar el tipo de lanzamiento. Un lanzamiento estándar o normal, implica una cantidad significativa de movimientos, tanto sobre el agua como por encima de nosotros, con el consiguiente riesgo de espantar a las truchas cautelosas. Los lances rodados son una buena solución para reducir la cantidad de movimientos de la caña durante el lanzamiento, yo los uso habitualmente, también empleo a menudo el lance de curva o curvado cuando las circunstancias lo requieren, por ejemplo en situaciones complicadas de presentación de la artificial, antes de que el bajo de línea o la propia línea entren en el campo de visión de la trucha.
6b. Las truchas en general, y en particular las grandes y viejas, son en ocasiones conscientes de nuestra presencia, saben que intentamos engañarlas con alguna mosca falsa, estas truchas conocen perfectamente las intenciones del pescador y han aprendido de anteriores experiencias, que tienen memoria y saben el estrés que produce un anzuelo clavado en el morro. Estas truchas denominadas comúnmente "truchas del turista", siguen cebándose como si tal cosa en nuestra presencia, se hacen las "suecas". Hay pescadores que ignorando el comportamiento de estas truchas, o por ser la primera vez que pescan el tramo, se pasan horas cambiando de mosca, pensando tal vez acertar en algún momento con la mosca adecuada. Ten cuidado con estas truchas, no menosprecies su inteligencia. Algunas, a base de tanto " catch and release " han aprendido latín.
6c. Otro aspecto a tener en cuenta cuando se pescan estos escenarios, es que las truchas a menudo, para tomar un insecto que deriva por la superficie del agua, se eleva al tiempo que se deja retroceder por la corriente. Teniendo en cuenta este detalle, entre más agua traiga el río, más fuerte es la corriente, y por consiguiente más largo será el retroceso de la trucha para tomar la mosca. Después de tomar el insecto, la trucha nadará de vuelta a su posición original, osea, a su postura inicial. Este comportamiento se manifiesta especialmente en tablas de aguas lisas y profundas con fuertes corrientes, por lo que nuestra mosca debería posarse más adelante de lo abitual, para que la trucha vea la mosca venir. Si posamos la mosca justo donde se formó el aro de la cebada o un poco por delante, lo más probable es que la trucha no vea la mosca al posarse esta fuera de su campo de visión, osea, por detrás de la trucha. Esta forma de alimentarse no se da en todas las situaciones, pero es lo suficientemente común como para tenerlo en cuenta.

No todo son tabladas, también hay otras posturas no menos interesantes. 

7. La mosca : las truchas grandes no son tan selectivas si tienen ganas de comer y se ceban regularmente. Pon la mosca que te de más confianza y observa como reacciona, te dará pistas. Si no se interesa por tu mosca, cambia de mosca y de modelo. Si sube a por la mosca y la rechaza, estás muy cerca de acertar con la mosca adecuada. Si la clavas ligeramente por el morro y se suelta, o en alguna otra parte del cuerpo, seguramente hayas acertado con la mosca y el modelo, pero no con el tamaño, cambia a uno más pequeño, generalmente esa es la mejor solución. Si consigues que la trucha tome la mosca, eleva ligeramente la caña con un movimiento sutil, no tires nunca hacia atrás, lo único que conseguirás es sacar la mosca de la boca del pez, o en último caso solo conseguirás un deficiente clavado, que tendrá como consecuencia que la trucha se suelte antes de meterla en la sacadera. Aunque tardes una hora en el proceso, si consigues llevarla a la sacadera, habrá merecido la pena, si no, siempre te quedará el consuelo de saber que el cerebro más grande, a pesar de todo, es el tuyo.

Las posturas sombreadas en verano son buenas, tanto para seca como para ninfa. 

8. El camuflaje : las truchas siempre miran o casi siempre miran hacia arriba, ya sea para ver lo que arrastra la corriente o para detectar predadores en busca de comida, incluso cuando se dedican a rebuscar ninfas bajo de las piedras. A los humanos, especialmente a los pescadores, nos deben ver como enormes depredadores, y si una trucha te ve, no tardará mucho en desaparecer de tu vista.
Para hacer menos obvio tu presencia en el río, usa ropa de colores acordes al entorno donde te mueves, pero sin brillos, para ayudar que se mezclen con el cielo y el follaje de las orillas. Evita camisas de colores brillantes como el amarillo, naranja o rojo, en su lugar usa colores verdes opacos, marrones o grises. Las aves que frecuentan los ríos trucheros suelen tener un plumaje en estos colores, todo por una buena razón, pasar lo más desapercibido posible de los depredadores.
Una camisa de pescar de manga larga que aleje la humedad y ofrezca protección solar, de colores acordes al entorno, es una buena solución. La manga larga evita los efectos a corto plazo de las quemaduras solares, y a largo plazo cáncer de piel producido por los rayos del sol, además, una camisa de manga larga también ofrece protección contra los mosquitos.
Las polainas de cuello o buff de pesca, proporcionan a tu cuello la misma protección contra el sol y los insectos que una camisa para los brazos. No pases por alto esta pequeña prenda.

 Tablada del Esla con una buena población de grandes truchas.

Temo resultar pesado y termino. Para los que comienzan y gusten de estos escenarios, ahí tienen algunos consejos. A los pescadores experimentados para que refresquen su memoria. A los demás  pescadores, para que  dejen algún comentario ampliando estos modestos apuntes.

sábado, 24 de marzo de 2018

LANCES DE PESCA CON MOSCA.

En este bello rincón de la geografía leonesa, remanso de paz y soledad, por el que discurren alegres y bulliciosas las frías y cristalinas aguas del Omaña, el encuentro entre el pescador y el pez una vez más va a tener lugar. . .
Firme la mano y preciso el lance, la mosca comienza a descender provocativa por las ondulantes aguas recorriendo una y otra vez los lugares estratégicos donde la " picada " puede intuirse, el ansiado momento está a punto de llegar.
Con un gesto rápido y sutil, el pescador eleva la caña, esta se arquea al tiempo que la línea se tensa, y el pez comienza a romper con acrobáticos saltos la superficie de las rápidas aguas antes de terminar en las manos del pescador.

Desafiando la fuerza del agua en su puesto de caza, otro pez aguarda inquieto atento a todo lo que la corriente transporta. La presencia de una mosca artificial flotando en la superficie de las ondulantes aguas llama su atención, provocando una rápida y decidida reacción para capturarla. Ha tomado el señuelo, y en su lucha por desprenderse de el, va a vender cara su vida hasta el último momento.
La fuerza de la corriente y la envergadura de la trucha que se descuelga aguas abajo, va a obligar al pescador a descender para contrarrestar el efecto y evitar así la rotura del fino nailon que sujeta la mosca, comenzando una emocionante pelea de incierto desenlace.
Ese bravísimo pez como bien habéis adivinado todos vosotros no es otro que nuestra bellísima " pintona ", la trucha común, reina indiscutible de nuestros ríos, que tras la reñida batalla va a recobrar de las manos de un pescador deportivo como premio a su esfuerzo por liberarse del anzuelo su libertad.

Tranquilas y confiadas aveces, son en otras ocasiones esquivas y huidizas ante la presencia de algún objeto extraño. No siempre resulta fácil engañarlas con alguna mosca artificial, muchas veces su agudo sentido de la vista y su extremada desconfianza, dan lugar a aparatosos rechazos si la mosca no es la adecuada o la deriva no es la correcta.
Su comportamiento aveces impredecible es bien distinto según los diferentes momentos del día. Cuando están en actividad dedican la práctica totalidad del tiempo a la caza y captura de sus presas, entre las que figuran principalmente peces e invertebrados de todo tipo, desde la captura en superficie de insectos alados, pasando por el rastreo incansable removiendo piedras del lecho del río en busca de larvas y pequeños crustáceos, su enorme voracidad las lleva a ingerir alimentos en algunas fases de su crecimiento de hasta el diez por ciento de su peso.

Los pescadores hemos venido observando con atención sus movimientos y reacciones, buscando siempre la forma más eficaz de capturarlas. Es en el lecho del río donde la pesca guarda para el pescador sus más recónditos secretos. Larvas de tricópteros ( las friganeas ), en busca de asentamiento donde fijar su estuche, o evolucionando libremente por los fondos. Cantos de caprichosas formas y colores caminando con su casa a cuestas o fijados al lecho del río con sus larvas en su interior.
Poderosas e incansables larvas de plecópteros ( los pérlidos ), rastreando los fondos en constante búsqueda de alimentos, respirando con su peculiar forma de bombear el oxígeno a las branquias filamentosas que llevan en su zona ventral hasta alcanzar la madurez, momento en que saldrán al exterior reptando por las piedras y rompiendo la cutícula ninfal que las envuelve para transformarse en insectos alados y afrontar la reproducción como última fase de su corta existencia.
Inquietas larvas planas de Efemerópteros ( los Heptagénidos ), popularmente conocidos como " pardones ", agitando sus branquias para respirar el oxígeno del agua.
Finas y delicadas larvas de Quironómidos ( los Dípteros ), caracterizados por su abultado tórax, por la estrechez de sus alas y las antenas plumosas de los machos, los conocidos como mosquitos inofensivos, emergiendo en vertical ayudados por los gases que produce la crisálida dentro del envoltorio pupal.
Todas estas larvas y muchas más, en un prodigio de la Naturaleza, se van a convertir tras sucesivas mutaciones condicionadas a su crecimiento en insectos alados.

Entre los principales ordenes de insectos que habitan nuestras aguas se encuentran los Efemerópteros, que son los más representativos de todos los insectos conocidos por el pescador, fáciles de identificar por sus cuerpos estilizados, sus largas colas y sus delgadas alas membranosas que mantienen erguidas verticalmente cuando se encuentran en posición de reposo sobre la superficie del agua o posadas en la vejetación de la orilla.
Cuando las larvas de estos insectos acuáticos maduran y forman su paquete alar que adquiere una tonalidad más oscura, es el momento en el que van a salir de entre las piedras y las hierbas de los fondos soltándose por la corriente para ascender a la superficie después de traspasar la siempre difícil película superficial del agua, en un proceso conocido como " emergencia ". Algunas especies como la Caenis Moesta o la Oligoneuriella rhenana (la palometa), iniciarán el vuelo al instante de emerger, transformándose en insectos adultos en el aire, otras especies lo harán derivando por la corriente con sus alas arrugadas mientras bombean la sangre a través de las venas reticulares para endurecerlas antes de iniciar el vuelo, momento en que las truchas situadas muy cerca de la superficie aprovechan para comerse con absoluta tranquilidad las indefensas efímeras.

Apenas han transcurrido veinticuatro horas desde la eclosión como insectos alados ( subimagos ), cuando comienza otro curioso e interesante proceso de mutación, único entre todas las especies de insectos existentes, la transformación de los subimagos insectos aún no adultos, en imagos, insectos adultos actos para la reproducción.
Los subimagos que han sobrevivido al ataque de las truchas y de otros predadores como los pájaros, tras afianzarse con sus patas en algún elemento sólido, el subimago va a mudar todo su antiguo envoltorio en un proceso más lento y costoso que el de la eclosión. Mediante movimientos ondulantes de su abdomen y empujando todo su cuerpo hacia su abultado tórax, va a desgarrarse este obligado por la presión, dando paso a la salida del insecto al exterior con una tonalidad de color mucho más clara y brillante que irá variando paulatinamente a lo largo de las horas siguientes, explicando este fenómeno los diferentes matices de colores que el pescador se ve obligado a tener en cuenta a la hora de montar sus moscas artificiales.

Agruparse es la mejor estrategia de supervivencia para estas efímeras, muchas de ellas acabarán siendo devoradas por los depredadores, pero eclosionado todas juntas es un seguro de vida para perpetuar la especie, las eclosiones pueden ser tan densas en algunas especies de insectos, que aveces hasta los propios depredadores quedan sorprendidos, son sencillamente demasiadas para comérselas a todas.
Con otras de su misma especie va a comenzar de inmediato sus vuelos nupciales, en el transcurso de los cuales tiene lugar el apareamiento y la cópula, al final de la cual van a sobrevolar o a posarse sobre la superficie del agua derivando por la corriente hasta encontrar un lugar adecuado donde las hembras realizarán la puesta de los huevos. Algunas especies lo harán soltando su paquete de huevos muy cerca o al contacto con el agua, que por su mayor densidad se depositarán sobre el fondo del río, otras especies como los Bétidos lo harán introduciendo las hembras todo su cuerpo bajo el agua. De estos huevos nacerán las nuevas larvas que van a vivir bajo el agua un periodo de un año o más, iniciándose con ello un nuevo ciclo vital.
Todo este maravilloso espectáculo de vida y color que alegra y deslumbra la vista del pescador, parece una orgía de efímeras apareándose disfrutando del último día de sus vidas.

Con las alas extendidas flotando arrastradas por la corriente, los frágiles cuerpos sin vida de machos y hembras de estas especies, en el último viaje de su corta existencia como insectos adultos, van a servir nuevamente de cebo a las ambrientas truchas.
La actividad de los peces en el río se multiplica, imagos que se precipitan sobre la corriente al tiempo que otros subimagos emergen, van a conseguir que las truchas no dejen en un buen rato de comer.
Las reiteradas cebas que van formando ondulantes aros sobre la superficie del agua delatan su presencia, atrayendo la atención del pescador avispado, que no va a tardar en presentar su mosca artificial a las voraces truchas, que finalmente irán quedando prendidas del anzuelo víctimas del engaño.

Unas veces con imitaciones de ninfas, otras con ahogadas o emergentes, y algunas más con secas, las capturas pueden prodigarse si se aprovecha el momento. Para ello es necesario observar con atención lo que las truchas estén tomando en cada momento, dispuestos y preparados para cambiar de mosca cuando los primeros rechazos comiencen a producirse, o cuando no tengamos resultados positivos en los primeros lances.

Es en la Naturaleza donde sin duda el pescador encontrará los mejores modelos para confeccionar sus moscas artificiales.
De la observación minuciosa de los insectos han nacido en el transcurso del tiempo imitaciones de todo tipo con las que el pescador ha tratado de atraer sin recelo a las más desconfiadas truchas. El comportamiento aveces misterioso de estos peces nos obliga cada día a agudizar más y más el ingenio para capturarlas, al tiempo que las dificultades que nos presentan nos estimulan a superarlas.

Moscas de las más variadas formas y estilos salen a diario de las manos de sus creadores, desde imitaciones aladas que han de navegar sobre la superficie del agua, a las imitaciones de ahogadas, emergentes y ninfas que tienen que derivar por debajo. La desbordante imaginación de los montadores no parece llegar a tener límite.

Pero no es sólo la voracidad de las truchas la que motiva el ataque hacia una mosca artificial, otros señuelos objetos extraños con apariencia de vida pueden provocarlas una tremenda agresividad que las impulsa a arremeter contra todo elemento intruso que invada su territorio. Ello ha dado lugar a una técnica diferente de pesca, bien conocida por los pescadores de mosca, pero poco practicada en nuestros ríos, y que sirve igualmente para las aguas tranquilas que para las rápidas corrientes, me refiero al streamer, un señuelo creado para provocar en la trucha tanto la voracidad como la agresividad.
La movilidad que le proporcionan los materiales de montaje como son las plumas de ciertas aves y pelos de mamíferos, junto con los nuevos materiales reflectantes cristal flash o cristal chenille, al que se añaden aveces otros exóticos materiales, le confieren un atractivo irresistible para las truchas que en ocasiones le confundirán con grandes larvas acuáticas, orugas o peces, pero que fundamentalmente lo atacarán como un elemento extraño al que deben ahuyentar o destruir.

El concepto de una mosca artificial es mucho más amplio de lo que generalmente podemos creer, y no tiene porque circunscribirse solamente a los insectos naturales por muchos que la Naturaleza nos pueda ofrecer, un ratón artificial o una mosca atractora pueden igualmente provocar el ataque de las truchas.



Todo este mundo de fantasía y color que gira alrededor de la pesca de la trucha, solo es posible si ese maravilloso pez existe.
Tremendamente amenazada por una brutal e incontrolada contaminación de las aguas, hasta hace poco fuente inagotable de vida subacuática, y un salvaje furtivismo que con las más modernas y sofisticadas técnicas han esquilmado importantes tramos de nuestros ríos, perseguida y acosada por pescadores, por administradores públicos incapaces de gestionar los recursos, y por multitud de depredadores naturales y especies invasoras, la trucha, ese bravísimo pez, se refugia en sus últimos reductos en un desesperado intento por sobrevivir.
Es necesario cambiar nuestra mentalidad de pescadores forjada en los años de la abundancia por otra filosofía en consonancia con los tiempos que nos toca vivir. La pesca con muerte es un anacronismo que tiene que desaparecer, nuestros ríos no pueden seguir siendo ejemplo de degradación y muerte.

A punto de comenzar una nueva temporada de pesca en nuestra provincia, ahora más que nunca queridos amigos, debemos pensar en el pescador que viene detrás y devolver estos bellos ejemplares en las mejores condiciones, solo así será posible que todos podamos participar de esa inmensa riqueza sin precio alguno que son los ríos y las truchas.

sábado, 13 de enero de 2018

Por la senda de la trucha leonesa, "Los praos de guadaña".🌳🍃🐦.🐗🐌🍁

 DEDICADO...

A los pescadores que no tengan como única emoción hacer el cupo o capturar el mayor número de truchas, a los decepcionados que dejaron de pescar o están pesando dejarlo, a los amantes de la Naturaleza : que en el apasionado ejercicio de la pesca deportiva, encuentren la alegría del espíritu con la íntima satisfacción y el goce de las más puras emociones naturales. 🌾 🍀 🐜 🐥

PARA EMPEZAR.


EL PESCADOR...

Vive la explosión de la primavera, el rigor del verano, la melancolía del otoño y la tristeza del invierno. Conoce la afanosa vida de los insectos acuáticos y terrestres, el crecimiento de las plantas, el instinto y la astucia de los animales silvestres, la imponente majestuosidad de las montañas, la negra espesura de los bosques, la sencillez de los prados y las tremendas fuerzas desencadenadas de la Naturaleza.🐝🐞🐛

Los Praos de Guadaña. 🌻🌿🌱


LA MONTAÑA LEONESA...

Valles y prados; caminos y sendas; cañadas y veredas antiquísimas; grutas y cuevas que la Naturaleza con el barreno del tiempo abrió en las rocas y que en los meses de verano sirven de majadas al ganado lanar y cabrio; cortados y abismos que enamoran con risueñas perspectivas, donde pintadas cabras y rebecos pacen saltando agilmente sobre precipicios grandes; merinas y pastores escoltados por mastines y careas que caminan lentamente por escabrosos repechos sin mostrar fatiga; fortalezas y castillos; molinos y hórreos; iglesias y ermitas de modestas capillas con el símbolo de la fe, la cruz de cristo coronando las techumbres, en donde los lugareños celebran romerías y festejos en su entorno; torreones y atalayas; calzadas y puentes construidos por el ejército romano para conquistar el territorio indómito de los astures; ríos a que acuden cientos de arroyos espumosos y alegres, tiernos como niños en verano, y soberbios en época de deshielo, y algunas majestuosas e imponentes cumbres, con la fría nieve entre sus profundas y pintorescas escabrosidades que parecen de lejos las torres de la Pulchra Leonina. Conjunto de grandiosas y desnudas asperezas, por donde surcan el cielo inmensos buitres con sus inconfundibles siluetas que se entregan a frecuentes vuelos de cortejo para reafirmar los lazos de pareja.
El alma aquí se desliga de las inquietudes cotidianas al suave aliento de la admiración por la grandiosidad y belleza del paisaje. Aquí se aprende a pensar despacio bajo el peso de los recuerdos, y de pensamiento en pensamiento, vuela con irresistible rápido empuje, hasta dar gracias al creador por este regalo de la Naturaleza.
Tierra espléndida en colores, donde los pardos barbechos y las amarillas rastrojeras del sur, contrastan con la verde frescura de múltiples praderías y la alegre vejetación de los prados del norte.
Rincón bellísimo la montaña leonesa; por su estructura geológica, espléndido por su privilegiada Naturaleza y notable por los muchos recuerdos históricos, por su cultura y por sus tradiciones. 🌹🐗🎣

"Los Praos de guadaña" en primavera. 🌹🌺 🌻

"LOS PRAOS DE GUADAÑA"...

En la primavera, al verde intenso de la hierba de los prados, el trébol con la corola de pétalos color rosado, la pimpinela de fino tallo y corola de pétalos violeta, se va mezclando el policromado de infinitas corolas : el amarillo de la flor maya, la pequeña flor blanca de los anises, el azul-púrpura de la alverja, el blanco-amarillo de las margaritas, el rojo de las amapolas... y todo crece y se hace grande con el sol también grande, inmenso el de mayo y junio.

Durante los albores primaverales, cuando la vegetación crece exuberante y las flores despiden con mayor intensidad su exquisita fragancia, los prados de siega ofrecen un maravilloso aspecto y un refugio seguro para los animales. La vida vegetal y animal rivaliza en demostrar su pujanza y lozanía en este periodo álgido primaveral. Mayo ha llegado, para la mayoría de las aves es tiempo de encontrar pareja y un lugar seguro donde anidar. La Naturaleza se desprende definitivamente del sudario invernal que hasta hace poco la cubría, para mostrar ahora una faz rebosante de vida, luz y color🌹 🌻.

"Los Praos de guadaña" en primavera. 🐲🐛🐝
Ya se ven las golondrinas sobrevolando el cielo de los pueblos, dando vida a los adustos caserones, a los graneros, cuadras y pajares con sus rápidos vuelos y alegres chillidos ¡ Chiii-chiii! y a las de ribera mojando sus pechugas en vuelo rasante en los remansos del río. La silenciosa y sociable cigüeña, quizás un poco sucia por su reciente baño en la charca, avanza con paso ceremonioso cruzando el prado en busca de algún anfibio con que alimentar a sus hambrientos pollos, o de algún desperdicio humano con que reparar el nido, el hombre rural la respeta con religiosidad, la cigüeña es un habitante más de la aldea, y aunque deja el poblado a finales del verano, siempre cuentan con ella por San Blas.
La abubilla posada en la cerca con su penacho de plumas eréctil, deja oír su monótono ¡ U-pu-bu ! ... ¡ U-pu-bu ! Los policromados abejarucos, incansables cazadores de insectos alados, con su aflautado murmullo ¡ Prruu ! ... ¡ Prruu ! visitan las galerías de antiguos nidos en el talud arenoso del río. No muy lejos de los avejarucos, cruza veloz la fecha cobalto del solitario y arrogante martín pescador, en vuelo rasante, rápido y directo, emitiendo un agudo y penetrante canto ¡ Tiit-tiit! La discreta polla de agua, atareada en la búsqueda de materiales para la construcción de su nido flotante, al ser detectada, corre a esconderse entre la vejetación emitiendo un penetrante y sonoro ¡Curri-Curri! Los trigueros chirrían en las posaderas elevadas batiendo las alas para marcar su territorio, también las alondras defienden su territorio, emitiendo largos y continuos trinos ¡ Chirrrr-Chirrrr! en una sucesión de ascensos y descensos vertiginosos en el aire, o manteniéndose flotando con las alas abiertas sin apartarse del territorio que han elegido para anidar, mientras que los machos de gorrión persiguen a las hembras que responden con el castañeteo de enfado.
Ya se oye el silbo de la oropéndola, el relincho del pájaro carpintero de carcajada larga y resonante ¡ Kaiü-Kaiü-Kaiück! El tamborileo del picapinos, la flauta del chorlitejo ¡ Tuuli-Tuuli! Y la estrofa explosiva del ruiseñor ¡ Chiquili-chiquili! El moscón con su pico corto y puntiagudo, y su voz balbuceante y breve gorjeo ¡ Zii-Zii! comienza a tejer un laborioso nido con forma de manopla que cuelga de las ramas, es un gran arquitecto y su nido una obra de arte, una maravilla de combinación y adorno que le ha costado prodigios de destreza, paciencia y obstinación laboriosa. También el inconfundible herrerillo de librea azul, verde, amarilla y blanquinegra, con babero oscuro, fino collar y boina azul, comienza a tejer su nido con su rítmica y vigorosa melodía ¡ Chi-chi-pán! . . . ¡ Chi-chi-pán! . . . ¡ Chi-chi-pán!
Los verdecillos con sus movimientos rápidos y acrobáticos buscan una horquilla entre las ramas de los sauces para hacer sus nidos de tallos, raicillas, musgos y líquenes, entonando largos trinos y gorjeos cristalinos, y las tortolillas empiezan también a construir sus nidos en lo más alto de los árboles de manera firme pero algo tosca, con unas simples ramitas entrelazadas, a veces, tan poco tupidas que desde abajo se distingue la puesta blanca de los huevos, o los pollos recién salidos del cascarón.
El escribano, entre el límite del prado y del bosque, intenta atraer a la hembra correteando en el suelo cerca de ella, con el plumaje algo erizado y las alas levantadas y extendidas. Y ya se empieza a sentir las primeros chasquidos del gran rey alado del bosque que se expande en el eco del prado, como si alguien chascara la lengua contra el paladar, como taponazos de champán, es la voz del urogallo, todo queda petrificado, ¡ Chac-Chac-Chac ! . . . . ¡ Chrrec-Chrrec-Chrrec ! . . .  ¡Toc-Toc-Toc! El espectáculo no puede ser más hermoso, los pájaros cantan y danzan para nosotros 🎶 🎶 🎶 👏 👏 👏.

Prado de siega, (Boca de Huérgano). 🌼🌺
Los corzos encamados en el frescor de la hierba de los prados, al verse sorprendidos permanecen unos instantes en una especie de inmovilidad plástica, cual si tuvieran conciencia del efecto que producen. Con ojos chispeantes y el cuello en alto huyen dando preciosos saltos sobre las hierbas y mostrando su rosetón blanco.
Se oyen las codornices cantar ¡ Paz-pa-lá! . . . ¡ Paz-pa-lá! que encontraron en este tupido manto vegetal, un lugar seguro para anidar, ahora se dejan acercar mucho, dando ocasión de sentir sus conversaciones y regaños. Es el ave más viciosa de la creación, suyos son los pecados capitales de la humanidad : las dichas de la vida y los esplendores de la Naturaleza, para ellas es la vida una eterna primavera, un suculento festín y un perdurable amor, ignorando las pobres lo que las espera.

El pimentero que ha dejado el melojar, ya empieza a marcar también su territorio en los linderos y huertos colindantes con su voz de alerta ¡ Chip-Chip-Chip! Hasta que por El Corpus, hierbas y flores van desplomándose a golpes de guadaña, hoja fina como la espadaña y curva puntiaguda como la luna en cuarto, las va segando casi en silencio, con ruido mate y piedra sobre el filo, y al troncharlas, las arrastra formando maraños, así se llenan los verdes prados de líneas horizontales, paralelas y equidistantes, donde van poniendo sus notas los grillos, las cigarras y el canto alegre de los jilgueros, en cambio dejan de cantar las codornices, esas deliciosas avecillas que llegaron a estas tierras con energías misteriosas, en busca de clima dulce y cosechas abundantes : grano, agua, hierba, frescura. . . más las heladas de primavera las vuelven tísicas, las sequías prolongadas las pueblan de parásitos, las inundaciones por tormentas las ahogan y el pedrisco las aniquila y destroza sus nidos. Las que se salvan de los rigores del cielo, también tienen que salvarse de los peligros de la tierra : culebras y lagartos, erizos y ratones campestres se empican a los nidos y los atacan con saña, los gatos domésticos se tornan salvajes y cazan por su cuenta con instinto y gula mejor que un perdiguero por enseñanza, los zorros y los tejones, las ginetas y garduñas, piratas del silencio y cazadores de primer orden, devoran las crías y sorben los huevos, y los cuervos y las urracas, perniciosos y mañeros, ni las dejan criar ni vivir.
En esta lucha diaria por la existencia, todos son verdugos y la codorniz la víctima, y como los prados se siegan cuando los pollos no han roto todavía el cascarón, la guadaña, imagen de la muerte, reduce a destiempo lo que es gala de los campos y emblema de la fertilidad. ¡ Cuántas veces hallan los segadores codornices muertas bajo la afilada hoja de la guadaña, o con las alas extendidas cubriendo sus huevos, o amparando a sus polluelos, vivos algunos y en espera de un calor que no les puede ya dar la madre! 🐣 🐥 😢.
Las codornices abandonan los prados, y vuelan lentas y remisas por los nidos que dejan, más si no encuentran siembras cercanas, aprovechan los regueros, rehoyos y barrancos para anidar de nuevo, precisamente lo que serán vías de agua en las tormentas de verano. Siempre van a dar en la flor de hacer el nido donde la exposición y el riesgo son mayores.😕

Prado de siega en verano. 🐀🐍🐞
Esta geometría de paralelas trazadas a golpes de guadaña, van dejando un oleaje de hierbas que el sol reseca hasta hacerlas crujir. Ya no hay trébol ni pimpinela ni flores ni codornices que canten ni mariposas vibrando entre las hojas de las margaritas huyendo del calor, no hay más que heno que impregna el aire con su olor característico, olor de heno seco bajo un sol aplastante, sol y hierba cortada y cantos de chicharra y cielo azul inmenso.🌝
Los prados se quedan desnudos, el rastrillo les va quitando las últimas briznas, los carros lentos y silenciosos se llevan su abultada carga entre las carrizas y los picones, yugo largo y coyunda opresiva. Y ahora sin flores ni heno se vuelven de color pajizo y quedan tristes. Por un tiempo no tendrán otros moradores que saltipajos, chicharras y pequeñas lagartijas tostando su piel al sol entre los tallos cortados y duros de las hierbas. Pájaros que apenas se posan en las paleras, abejas que ya no zumban, y en el río, el craqueo de algunas ranas entre los hierbajos medio secos, o silenciosas truchas que boquean en las tablas de aguas lisas sin arrugas.🐝 🐞 🐜

Encajonados entre abruptas y escarpadas laderas de robles y encinas, resguardados de la envidia de las secas llanuras castellanas, donde aún el fragor de antiguas batallas cristianas resuenan, cuando se barrunta tormenta, en esos días de bochorno en que el cielo se cubre de nubes recortadas y plomizas, se cierne sobre los prados una luz amarillenta, todo se paraliza con temor esperando la violencia de la acción celeste. Los pájaros huyen para ponerse a cubierto, pero los prados no temen los rayos porque saben que cuando se dirigen a tierra buscan las alturas, no les gusta la llanura suave.
Y cuando se desata la tormenta, los truenos retumban atrozmente que parece que te van a quebrar la cabeza, pues cuando cae un rayo se oye un estampido seco que deja a uno sordo, el bosque entero se estremece al atronador ruido que el eco repite de árbol en árbol y de roca en roca. Después se pone tan oscuro que te acuerdas de todos tus antepasados, y no sabes si ya estás con ellos o vas a hacerles una visita de un momento a otro. Luego se levanta un viento que no deja a uno respirar, y el granizo primero te machaca hasta que te atonta, después unas gotas gruesas te azotan y penetran con fuerza y rabia en el suelo, y los prados resecos las reciben con avidez tranquila porque saben que la lluvia les da vida, que de nuevo van a reverdecer, a renacer después de que cese el furor de la tormenta.
El río a quien también vivifica la lluvia, ruge airado y salta de alegría, mientras la soledad, ese estar tan sólo en el campo en medio de la tormenta, arruga a uno hasta dejarlo como un fuelle, mayor miedo no se puede pasar.
Y cuando la tormenta arrecia y el campo vuelve a recobrar su serena calma, parece que resucitas y la mojadura ni la sientes, entonces piensas que hubiera sido mejor no salir de casa, pero. . . ¡ Sí hacia tan buena mañana ! Las tormentas son muy traicioneras y no avisan. ⛅ ⚡

Prado de siega en septiembre.🌼🐜🐌 
Corre el mes de julio, el calor aprieta de firme, está espesa la luz del sol y se siente su gravedad sobre los hombros. El agua es ya imprescindible en estos días largos y calurosos del verano. Del cercano pinar se escapa un fuerte y vigoroso olor de resinas, entremezclado con aromas de tomillo y romero que embriaga los pulmones y ensancha dulcemente el corazón de plácida alegría. Del mismo pinar se oye un grito penetrante de una ardilla que se oculta cuidadosamente entre las ramas sacando la cabecita para enterarse, así va subiendo hasta lo más alto del pino, siempre por el lado opuesto huyendo del peligro.
Las torcaces cruzan veloces el cielo limpio de la mañana en busca de los bebederos, mientras un par de milanos dibujan círculos en el espacio con trazo seguro y suelto. Entre musgos y florecillas, corre la fuente clara y suave, escondiéndose y apareciendo entre floridas revueltas hasta unirse al río en un beso verde de frescura y agua.
Los pardales vivarachos y curiosos se hostigan entre ellos y chirrían esperando su turno, se oye el orruyo machacón e intermitente de la tortolilla ¡ Turrr-Turrr! . . . ¡ Turrr-Turrr! La melodía potente y llamativa de la inquieta castañita, y los pios y revoloteos de los patateros, zarceros, mosquiteros entre las sebes. El príncipe del bosque, elegante y señorial en sus movimientos, también acude al abrevadero, luce ahora sus atributos del sexo en todo su esplendor.
A las doce del mediodía ya da agobio, y enciende los carrillos, y saca sudor de las partes más escondidas del cuerpo, y lo caldea hasta hacerle sentir apetencia de agua fresca. Después, a esa hora en que la mañana abraza la tarde, una calma augusta y virgiliana se extiende sobre los prados, tan sólo turba la serena siesta, las largas e inconfundibles sesiones del cuco ¡ Cuu-cu-Cuu-cu!...¡ Cuu-cu-Cuu-cu! O la llamada del grajo ¡ Coah - Coah - Coah! entremezclada con el chirrio de algún grillo ¡ Criiii - Criii - Criii ! en busca de compañera.
Están ya las vacas recostadas a la sombra y rumiando la hierba seca y pálida de los prados, o algún pascón reseco. Corre el sudor por la cara y echan calor las órbitas de los ojos, la mano arrugada pasa su cansancio por la frente y se moja, y se empapa la corona de la gorra. Sudor y calor, un descanso y un trago de agua fresca que apaga por un instante el rescoldo de la garganta, y da alivio, y se siente descender su frescura pecho abajo.😤 😓

Al madurar la atardecida, después de que el sol ha escondido sus dorados rayos por entre las penumbras de la montaña agreste, a esa hora en que la Naturaleza empieza a adormecerse al asomar los primeros tintes de la noche y la brisa olorosa y tibia se torna húmeda y fresca, cuando despierta el gran duque con su canto profundo y lúgubre ¡ Uhú-oo! y comienza el mágico espectáculo de luciérnagas y cárabos, la luna juguetona y un poco casquivana, como sabe que esperamos su bella presencia para que ilumine el camino, se tapa un poco la cara, otras veces ni se asoma. En esos momentos de oscuridad pesada y densa sin la alegría de estrellas ni luna, cuando el mundo silencioso del bosque es interrumpido por el canto sobrecogedor ululante y trémulo de la coruja ¡ Juu-Juu-Juu! . . . ¡ Ti-uuic ! el prado es tenebroso y da pavor, parece que te metes en las tinieblas y que estas te van a aprisionar con sus brazos invisibles.
En esas noches oscuras de gritos quejumbrosos, siseos, gruñidos, silbidos y maullidos lastimeros, supersticiones y leyendas te vienen al imaginario: ánimas en pena, espectros y apariciones fantasmales. . . de repente, una mano te atenaza con su garfio impidiéndote andar. . . ¡ Que miedo ! Sientes un temor vergonzoso e inexplicable, y todo por una espinosa e inofensiva zarza que se te enganchó del hombro. Después del sobresalto, eres tu quien la domina, y a tu paso se asusta el mirlo negro con potentes y escandalosos cacareos de alarma ¡ Chac-chac-chac ! mientras sale volando a ras del suelo, o se asustan los pájaros que duermen en el suelo y salen rozándote para posarse otra vez junto a ti. El río entonces es de plomo y apenas se mueve, sólo se le oye rugir en los puertos de riego.
A finales del verano, cuando ya ni las ranas croan ni cantan los grillos, ese es el único ruido que se siente, y tan tenuo que desde muchos sitios ni se oye, si acaso el gruñido de algún viejo solitario que dejó su fangoso cubil acompañado de su escudero, marchando entre las tinieblas de la noche con pasos dudosos y mirada fija en el suelo, hozando y levantando con su jeta y sus temibles colmillos los pastizales, y tal destrozo hace en ellos que en poco tiempo los convierte en los lugares más desolados del campo.😲

Prados de Siega, montaña leonesa.🐂🐐🐝 
En septiembre, moza aún la mañana, ya se siente el vientecillo limpio y frío que refresca las mejillas y las manos. Los setos y ribazos se llenan de moras negras, de escaramujos rojos y majolinos tiernos y dulces. Las arandaneras tiñen de color rojo las laderas, y nos recuerda que el otoño ya está entre nosotros.
Los pardillos ahora se han unido en bandos numerosos y conpactos, y surcan los prados en vuelos impulsivos y desordenados, emitiendo un reclamo rápido y rebotante ¡ Ti-ti-tirit! Los ciervos empiezan a salir de los retiros donde han mudado su nueva cornamenta, cayéndoles la borra con el continuo fregoteo en los troncos, ahora los golpes de sus garcetas y de sus cabezas resuenan dolorosamente en mi corazón, se escucha un gemido lastimoso, el vencedor sale para llevar a sus hembras a los prados tapizados de césped, surcados por arroyuelos donde las prepara una encantadora mansión, para hacer menos dura la esclavitud en que las tiene.

En octubre vuelven a poblarse los prados. Un borriquillo juguetón y jovenzuelo, con unos ojos grandes y dorados, ardiéndole su joven sangre de jumento, corre con sonoros rebuznos tras una burra también joven y humilde. Las vacas buscan ahora el pasto verde - pálido retoñado de las lluvias equinociales de finales del verano. Entre tanto ganado mayor pacen las ovejas las frescas y sustanciosas hierbas, y en los lugares tranquilos se oye la ronca de los gamos en celo.

En esos días apacibles de octubre de cielo celajinoso, en la baja luz del otoño, es tan diáfana la atmósfera en los prados de siega, que las ondas sonoras que lleva la brisa, repiten toda clase de sonidos desde muy lejos, ya perceptibles y distintos como las voces de los pastores, el campanillo de alguna res, el canto de las perdices, o el de algún gallo madrugador, ya vagos e indistintos, que no tienen voz y son armoniosos, que suspiran en las hojas de los árboles, que palpitan en las moléculas de luz. . .

Después, en noviembre, en esos días sobrios de luz opaca, viento glaciar y cielo melancólico, cuando el ábrego azota y arremolina las amarillentas hojas y arrastra jirones de blanca niebla enredándola entre las ramas como un sutil velo de encaje, sientes a este enroscarse en el verde y oro ramaje de los chopos hasta hacerles quejarse en agudo y prolongado lamento, y sufres tu mismo su golpe plano y sostenido que te traspasa todo el cuerpo cuando llega a ti, solo los robles después de desprenderse de su follaje cobrizo le muestra su desprecio, ofreciendo al ímpetu de su terquedad las ramas anquilosadas que ni se mueven.  Entonces el frio viento borra las hojas llevándose los colores del otoño  y los prados vuelven a palidecer, y aunque las lluvias de noviembre calen el suelo, no reverdecen, tiemblan ahora cuando llegan los vientos de principios del invierno, y se les heriza las cortas hierbas, y se encogen de frío. . . presienten la nevada que no tardará.🍁 🍄🍃

Prado de siega, montaña leonesa 🌱🌳
En diciembre, en esas noches despejadas de luna llena en que las estrellas manan frío, cuando se oye el ronco ladrido y el agudo aullido del zorro solitario en busca de compañera, los prados tejen una capa blanca muy fina y se cobijan debajo de ella. La escarcha de la fría madrugada invernal llena de brillantes destellos los prados, más el sol siempre sediento la liquida y se la bebe. Suelen pasarse así bajo el cielo sin nubes varios días, hasta que un día se cubre el cielo con nubes blancas, y un viento frío del Noroeste sopla con insistencia hasta cocer bien la nevada. Las bulliciosas cornejas, presagiando la llegada de la nieve, se organizan en bandos multitudinarios sobrevolando cortados y cárcavas mientras realizan acrobáticas maniobras y picados, emitiendo un sonoro y penetrante ¡ Quiack. . . Quiak ! Ahora buscan las inmediaciones de los pueblos aprovechando la gran cantidad de desperdicios generados por el hombre. La nevada no tardará. 🌚 ⛄
Va llegando esta con lentitud, llegan primero minúsculas bolitas blancas y duras que juegan con las hierbas al caer, y ni siquiera llegan a cubrirlas, después el frío cesa, y en un ambiente templado, las nubes espesas van deshaciéndose dejándose caer en copos grandes y perezosos que se acuestan suavemente sobre la hierba, y la van manchando de blancura inmaculada. Los que siguen a estos primeros ya tienen prisa por llegar, otros después aún aceleran más su paso, hasta que por fin, tanto se apresuran que parece se persiguen, y en tal número vienen, que apenas distingues a cuatro pasos de ti, no se oye más que el monótono ruido que ellos producen al caer, un ruido suave y apagado. En esas noches interminables de hogar aislado y solitario, la tormenta de nieve te reconcentra más que nunca con tus sentimientos, siempre te acuerdas de los necesitados, del mendigo que angustiado por la impotencia cae quizás a dos pasos de tu puerta. En algunos pueblos, las mujeres en sus rosarios siempre les dedican una oración. ❄❄❄

Prados y bosques de hayas, abedules, servales, acebos, aranderas y brezos. 
Sale el sol después de que las nubes han exprimido su esencia e inquietas y ligeras se marchan. Las pegas con sus estentóreos y ásperos graznidos son las primeras en poner una nota discordante en la tranquila y limpia mañana. La magia flota en el aire, pero en este rincón fascinante de la montaña leonesa, los animales tienen que luchar para sobrevivir, empleando habilidades para ganar la batalla al frío invierno, se avecinan tiempos difíciles.
La nieve que es un regalo de la Naturaleza, es también azote de los animales silvestres, de la noche a la mañana el paisaje se transforma y la abundancia se convierte en escasez. Ya no hay moras negras ni majolinos ni escaramujos rojos ni bayas de enebro ni saltamontes ni grillos ni arañas ni hormigas, ahora las martas y garduñas se dedican a cazar ratones y topillos, y a sorprender a las aves durante el sueño entre las ramas de los árboles donde reposan.
Los tejones se pasaron todo el verano trabajando incansablemente en el acondicionamiento de su guarida, ahora cuando las cosas se ponen feas en el exterior, cuentan con un confortable refugio. Las garduñas y ginetas  limpian apresuradamente las madrigueras  y esparcen por los alrededores la hojarasca y materiales que sirvieron de cama durante el verano, preparando la nueva para la próxima invernada.
Las ardillas si la nevada ha sido importante, encuentran en las piñas su principal fuente de alimentación. Es cosa muy agradable y entretenida verlas comer singularmente piñas, echando la cola sobre la cabeza, y sujetando la piña con las patitas delanteras, y después de darla muchas vueltas, de mirarla y remirarla, la arranca las escamas una a una y va sacando los piñones que roen con lentitud y comen con delicadeza de refinado sibarita. Los pinos segregan unas resinas ricas en azúcar que impregnan sus hojas y actúan como un anticongelante protegiéndolas del frío, un santuario siempre verde para muchos animales entre los que se encuentra el urogallo. Su denso plumaje que cubre incluso sus patas, impide que pierda temperatura al caminar por la nieve, y con su poderoso pico le permite sobrevivir a base de una frugal dieta de piñas y agujas de pino.
Los roedores pueden mantenerse activos bajo la manta protectora de la nieve, pero eso no impide que los detecte el finísimo oído del cárabo o la vista aguda de la dama blanca de los bosques, siempre atentos a una posible presa. Sus caras chatas en forma de corazón, actúan como una pantalla de radar que captan hasta los sonidos más insignificantes, permitiéndoles localizar a sus presas y ajustar sus ataques una y otra vez hasta dar con la víctima.
El resistente mirlo acuático busca insectos e invertebrados bajo el agua. Su plumaje atrapa burbujas de aire manteniéndolo seco y caliente. Estos valientes pajarillos son muy quisquillosos respecto a su territorio, no le hace ninguna gracia la competencia. La nutria con su denso pelaje impermeable no parece afectarla el frío. Al remover el fondo del río en busca de peces y crustáceos, deja a la vista larvas y canutillos de tricópteros, de modo que quizás no esté tan mal tener vecinos.
Durante el otoño, el pico picarrobles almacenó bellotas y avellanas en los huecos de los árboles, y ahora se alimenta de ellas. Todos los restos que caen al suelo atraen a otros pájaros hambrientos, hay que pelear hasta por el bocado más insignificante. El ruidoso y poco sociable arrendajo, también se alimenta de las bellotas que almacenó durante el verano, y también de las que robó a otros animales. El gato montés, con su agudo oído y su profunda percepción, es un maestro de la emboscada, sus patas almohadilladas le permiten moverse sin hacer apenas ruido. Al zorro le trae sin cuidao la nevada, este estafador de altos vuelos lo mismo se desayuna un lebratillo, que con el mismo apetito y el mismo cinismo se come una perdiz, y sí en sus correrías nocturnas no encuentra estos manjares, se hace filósofo y se contenta con roer avellanas o desgranar algún fruto que no esté demasiado verde. 

Las codornices y las golondrinas hace tiempo que remontaron el vuelo de regreso a sus tierras de origen, y también hace tiempo que no se oye el canto del escribano ¡Chuí-chuí-chuí! La emigración es una táctica más para sobrevivir al invierno, pero no todo el mundo puede echar a volar. Los animales nativos han protegido sus cuerpos de las inclemencias del tiempo, enriqueciendo en grosor y densidad sus pieles y plumajes.
Es época de celo de los javalies, los solitarios luchan con tesón, infringiéndose profundos puntazos y cortes con las navajas. Las perdices bien emplumadas, baten el viento con bravura y defienden su vida con estrategia maravillosa, ahora buscan las laderas abrigadas del viento frío. Las liebres también se encuentran en celo, hallándose en los linderos del prado mechones de pelo arrancados de las escaramuzas.
El corzo que tiró la cuerna a finales de noviembre, presenta ya a medio crecer la nueva cubierta de terciopelo, ahora su pelaje es más oscuro y busca las vertientes orientadas al mediodía evitando los umbrales. Para los animales grandes es difícil encontrar suficiente comida, tienen que moverse constantemente en busca de alimento. Los ciervos ya no encuentran las hierbas verdes y tiernas del verano, ahora tienen que comer ramitas y cortezas. En los prados, las cortas hierbas están enterradas bajo la nieve, y los corzos suelen desenterrarlas, no es la forma más agradable de alimentarse pero es lo que queda, así esperan repastando a templarse con los rayos del sol antes de ir al encame, mientras el oso permanece recluido en su osil.🐻🐗🐺

Los estorninos cubren los prados por cientos planeando al unísono, como una serpentina estirada perfectamente coordinada, y las moñudas que llegaron del norte de Europa, danzan suaves por el espacio con el rítmico batir de sus alas. Del mismo lugar de Europa llega la reina alada del bosque, la dulce dama de los ojos de terciopelo, que encuentra en estos montes y prados su hábitat ideal. Al alba y al crepúsculo, corretean confiados los sisones y alcarabanes del prado a las lomas, y del monte a la ribera. Las aves carniceras cortan el aire a su albedrío, cazando de vista como el gavilucho flotando en el aire, aleteando frenéticamente mientras escudriña el prado o el barbecho que se abre bajo el, o se ciernen magestuosas al atisbo de algún ave o roedor desprevenido como el reputado azor. Hasta gachas, malvises, ánades y algún ánsar, hallan en los prados un riconcito donde saciar su gula. 🌰🍄🐦

Los prados ahora están blancos y nítidos, su nitidez solo la mancha la cinta sinuosa azul del río. Los árboles se han dormido, y mientras no se desperecen y sacudan sus cabelleras no se divisan. Todo es blancura pura y limpia en el suelo, azul en el cielo y oro brillante en la atmósfera de crital. Después de que el sol los alumbra varios días, la helada les hacen tersos, espejea en ellos el sol esculpiendo cristales de hielo de exquisita belleza. Por la noche, desde el cielo más claro que de costumbre, la luna llena inunda los prados de luz azul helada. Se oye el río que ahora embraveció y brama de frío, las truchas remontan su curso en busca de los frezaderos, y el lobo que descendió aúlla de hambre, un lamento ronco y desempleado que no olvida jamás quien por primera vez lo haya escuchado ¡ Uuuuh ! ... ¡ Uuuuh !...¡ Uuuuh ! La noche entera parece gemir al unísono ¡ Uuuuh !... ¡ Uuuuh !😲😨

En marzo, la coraza que impone el invierno sobre el paisaje empieza a desaparecer. Es un fin... o un nuevo comienzo. La nieve que ha protegido las semillas durante la estación invernal se funde poco a poco, aportando agua para potenciar su crecimiento. Los animales empiezan a percibir que los días se alargan y las temperaturas se suavizan, e instantáneamente comienza de nuevo la planificación familiar. A pesar del frío, la Naturaleza ha seguido nutriendo los prados, protegiéndolos con la nieve y regándolos con el deshielo. Este es el regalo del invierno para una nueva estación que comienza.🌱🌷

Son los prados sometidos a todos los contrastes que la Naturaleza y el hombre les imponen, más ellos siempre nos ofrecen algo útil o sencillamente grato, por lo menos su belleza siempre nos acompaña. El ejercicio de la pesca de la trucha, te da la oportunidad de conocer mejor la vida animal y vejetal, y te convierte en un verdadero maestro del medio ambiente, solo por eso ya merece la pena ser pescador. 👀🐾

PARA FINALIZAR...

Pescar ! He ahí nuestro placer favorito. Cuando pasamos meses enteros sin pescar, se nos ve con aspecto triste, como si nos faltara algo esencial a nuestro ser... Sin embargo, cuando se habre la veda, apenas dejamos atrás las últimas casas de la población, cuando sentimos en nuestro ser despierto, el apetito de la pesca... Se borra de la mente las sombras de múltiples inquietudes, brillan los ojos con inusitada llama, se despliegan los labios abriéndose a la risa, aspiramos con avidez el aire puro y fresco de la mañana, y la imaginación, soñando con magníficas aventuras, se desborda con la lengua, y a nuestra rápida e inquieta marcha, comienzan las historias y recuerdos de excursiones pasadas.

Nosotros, los pescadores, los aficionados de pura sangre, necesitamos para la vida el contacto con la Naturaleza, con el sol, con el aire purísimo, con el río donde se desarrolla nuestra principal actividad deportiva, necesitamos oír de cuando en cuando la música del agua, sentir la caña en la mano, la dulzura de los lances, las suaves posadas, las duras peleas con las truchas que hagan palpitar el corazón, la sombra acogedora de los árboles, saciar la sed en los días calurosos de verano con el agua pura y fresca de las fuentes recién nacidas escondidas entre los ricos. Necesitamos la buena compañía, los saludables razonamientos, los calmados paseos por el río, así como la bella pesca sin caña, y por supuesto los buenos textos.
Entonces amigo pescador, pesquemos por amor a la pesca, por amor a la Naturaleza y por amor al vivir.   🐞🐝🐛

viernes, 1 de diciembre de 2017

El Ceremonioso Ritual de la Reproducción de las Truchas Leonesas.

Como todos los años por estas fechas, miles de pescadores estamos haciendo nuestras particulares previsiones y concibiendo nuestras secretas esperanzas en lo que nos deparará la próxima temporada. Mientras tanto, las pocas truchas que aún nos quedan, se preparan para el solemne ritual de la reproducción.

Después de meses de asedio y persecución por parte de los apasionados pescadores, las truchas se han ganado un merecido descanso, la "calma" llega de nuevo a los ríos leoneses. Para muchos de nosotros ya ha comenzado los sueños de la próxima temporada, nos dedicaremos a recorrer las zonas trucheras donde en muy poco tiempo las truchas aran acto de presencia en los frezaderos, entonces tendremos que estar muy atentos y vigilantes para que todo el proceso del desove de las truchas transcurra en las mejores condiciones posibles, al menos para que los cormoranes y furtivos tomen nota de nuestra presencia.

"Las puras y cristalinas aguas" de nuestros ríos y arroyos tributarios, se preparan y se visten de gala para recibir en pocas semanas, el magnífico y solemne ritual de la reproducción, convirtiéndose por unos días en testigos de seduciones y romances, un fascinante episodio del ciclo biológico de nuestras populares "pintonas", la reina del reino de los ríos leoneses, la trucha común, (salmo trutta fario), perteneciente a la familia de los salmónidos y seña de identidad de los ríos leoneses, otra de tantas riquezas naturales que atesora esta maravillosa tierra.

El gran instinto de supervivencia conque están dotados estos admirables peces, los hacen celebrar este ritual cada nuevo invierno, solo los ejemplares más fuertes serán capaces de transmitir sus reservas genéticas, es la selección natural.

Llegada de las truchas a los frezaderos. 
Entretanto, el otoño en nuestros ríos es pura armonía y tranquilidad, y las truchas parecen contagiarse de este ritmo de vida. Las riberas poco a poco se van transformando, cambiando el color verde de las hojas de los árboles por tonos amarillos, ocres y vermejos, hasta que se secan y caen al suelo ayudadas por el viento y las primeras lluvias otoñales. La vejetación muda así su vestimenta regalándonos lienzos naturales de belleza insólita.

El suelo agotado y reseco por la insolación del estío y las escasas precipitaciones, cambia su imagen y se transforma en un mullido tapiz con las primeras lluvias otoñales, no se oyen ni las pisadas, sólo el suave susurro de la corriente quiebra el silencio otoñal de los días calmos, parece ahora un campo lleno de flores saturado de aromas de líquenes y hongos, como si la Naturaleza previendo lo que se avecina, nos quisiera agradar con una segunda primavera antes de ponerse el fastuoso vestido de la nostalgia, es uno de los medios de que dispone para hacernos felices, al tiempo que nos prepara admirablemente para el solemne edagio del invierno.

Otoño en el Esla.
Otoño en el Esla. 
Ha llegado el momento de hacer un último acopio de energías, el esfuerzo que las espera no va a ser poca cosa y han de estar pletóricas para cumplir con éxito su objetivo de perpetuar su especie.

Ahora, el nivel de alerta de las "pintonas" es menor que en época de pesca, en estos últimos días del otoño reponen fuerzas con regularidad, de hecho pueden pasarse todo el día alimentándose. Acercarse al río y verlas comer en superficie es todo un espectáculo para la vista, decenas de anillos mágicos dibujan círculos en la superficie del agua, las truchas no se cansan de comer insectos que arrastra la corriente, produciéndose esas ondas que delatan su presencia, dando lugar a uno de los momentos más extraordinarios que se pueden vivir en la pesca con mosca.

Río Porma en otoño. 
Las condiciones ambientales de hoy no son las mismas de hace unas décadas, el aumento progresivo de las temperaturas hace que cada vez nieve menos y los ríos leoneses se resienten de esta realidad. El cambio climático está haciendo que los períodos estivales y otoñales sean cada vez más secos y prolongados, con inviernos más cálidos disminuyendo la frecuencia y amplitud de las crecidas que antaño eran más frecuentes con el deshielo y las lluvias primaverales para limpiar los fondos de los ríos y crear un hábitat ideal para la fauna imbertebrada y la reproducción de las truchas.

En la actualidad existen una gran cantidad de amenazas sobre los ya de por sí frágiles ecosistemas de nuestros ríos : expansión de parásitos, enfermedades que atacan a los peces, colmatación de los fondos etcétera. Con este progresivo deterioro, las truchas tanto alevines como adultas, tienen menos alimento disponible y menos lugares donde desovar de forma adecuada y segura, lo que se traduce en el envejecimiento y desequilibrio de las poblaciones, aumentando cada temporada el riesgo de que nuestras populares " pintonas " puedan llegar a extinguirse a medio y largo plazo, y da igual que se repueblen nuestros ríos, o se declare a la trucha especíe de interés preferente. En nuestro día a día, no nos damos cuenta, pero poco a poco, silenciosamente y de una manera inexorable, estamos destruyendo toda la herencia que nos dejaron nuestros mayores. El falso progreso en el que estamos inmersos nos hace olvidar la obligación de guardar ese legado, y no queremos asumir la necesidad imperiosa que tenemos de proteger nuestro hábitat, nuestros ríos...

Que la pesca de la trucha agoniza, es una dramática realidad. Este bello deporte, arraigado en esta tierra desde hace siglos, y que pertenece a la ocupación más pura de la felicidad humana, se halla a punto del desvanecimiento. Cada temporada, la escasez de truchas en nuestros ríos leoneses  (salvo tramos repoblados), es más extrema y notoria. Cada vez se hacen mayores esfuerzos para contrarrestar esta decadencia : mejores leyes de pesca y mayor rigor en su cumplimiento, creación de tramos sin muerte, vedados, vigilantes de pesca, etcétera, pero con todo ello no se logra contrarrestar el resto del progreso humano, que al ir "humanizando" el planeta desaloja de él la expontaneidad de la Naturaleza. A duras penas se logra sostener la perduración de la trucha, solo a costa de mucho dinero invertido en repoblaciones y cortapisas de todo tipo, provocando con esto que la pesca se vuelva en demasía artificial, y perdiendo su más exquisito sabor : el selvatismo bronco de los ríos de antaño y el salvajismo de los peces.

El hombre está condenado a progresar, no puede volver a ninguna edad pasada, está consignado quiera o no, a un futuro que es siempre nuevo y distinto, llamémosle o no progreso, y esto significa que el pescador está condenado si nadie lo remedia a irse de los ríos y de la Naturaleza. Queda así reducido el deporte de la pesca de la trucha a las competiciones, con peces degenerados como lo es el hombre mismo, peces que han perdido mucho de sus instintos, si bien a fuerza de tanto maniqueo han depurado otros.

El error de creer que nunca faltarán truchas en nuestros ríos, brota de la misma raiz que sustenta la creencia en que antes había muchas, y también de la falsa idea que se tiene de ella. Se la imagina dotada de una enorme resistencia biológica, y no es cierto, todos los seres vivos que habitan nuestros cursos fluviales son de una inestabilidad biológica extrema. Cualquier circunstancia desequilibra su estabilidad y la extingue. Por eso su localización ha sido siempre muy circunscrita a condiciones ambientales precisas : pureza, axigenación y temperatura de las aguas, etcétera. Carecen de la fabulosa plasticidad del hombre que le permite adaptarse a todos los medios. 《... "Derramósele la melancolía por el corazón"》, dice Cervantes con precisión clínica de Don Quijote cuando, vencido por el de la Blanca Luna, se le aparece el mundo desteñido y, devilitado los bríos, va a inclinarse hacia la muerte. Pero esa melancolía de nuestro genial atontolinado es tortas y pan en comparación con la melancolía de nuestras "pintonas", que se nos mueren de tristeza apenas se modifica su hábitat. Por eso es casi imposible mantenerlas en estado salvaje.

La realidad es que hoy no pescamos más que unos cuantos "locos", donde solamente la afición y la siempre esperanza de engañar alguna trucha, hacen llevaderos esos casi continuos fracasos, esperando que la providencia se acuerde de nosotros y haga el milagro de que un día, la situación cambie en bien de todos. La pesca deportiva de la trucha, el único deporte verdaderamente social, el más sano de los ejercicios y el más moral de los placeres, requiere la atención de las administraciones y de los ciudadanos, porque su prosperidad interesa a todas las ramas del comercio, de la industria y del progreso del territorio.  Este panorama de hoy no puede en modo alguno significar desesperanza. Cada hora tiene su afán, como dijo un político de los de antes, y si bien no puede pensarse en que las cosas vuelvan a lo que fueron, pues su momento pasó, hay que tener fe en un porvenir en el cual, quien de ello se encargue, comprenda el interés y la riqueza que la pesca de la trucha representa, y la encauce debidamente, haciéndola resurgir.

Puerto o azud y canal de riego. 

Los bajos niveles de los ríos son ahora el denominador común, tanto los naturales como los regulados por pantanos que ahora mantienen sus compuertas cerradas se encuentran con unos caudales exiguos, en éstas circunstancias apenas pueden esconder sus tesoros, haciendo más visibles y vulnerables las truchas que moran en sus aguas.

Ya desde finales de primavera, tanto machos como hembras comienzan a desarrollar sus órganos sexuales. En esta época que nos encontramos de finales de otoño principios de invierno, las truchas comienzan a reunirse, el instinto de procrear se pone en movimiento para las truchas que han superado la persecución de toda clase de depredadores. Lo normal es que por estas fechas llegen las primeras lluvias que harán aumentar el caudal, el reclamo perfecto para empezar a remontar los ríos que las mostrará el camino a seguir, la vía de acceso a los frezaderos, entonces comenzará el acercamiento a las zonas elegidas para el desove.

Para conseguirlo, las "pintonas" tendrán que realizar largos y complicados desplazamientos en el que encontrarán todo tipo de obtáculos, tanto naturales como artificiales que han de superar, en ocasiones mediante espectaculares saltos que poco o nada tienen en envidiar al de los salmones, otra demostración más de la fuerza y bravura que las caracteriza. Sin embargo, habrá otras barreras infranqueables como los muros de los pantanos y puertos que las impedirán el remonte, teniendo que frezar entonces en lugares inapropiados, o no lo harán, provocando un grave perjuicio para el normal equilibrio de las poblaciones.

Tiempos de amores y cortejos. Los machos buscan ansiosamente a las hembras. 
Los árboles de hoja caduca se aprestan para pasar el frio invierno y se disfrazan de yermos candelabros, indicativo de que el invierno definitivamente ha llegado, y pese al cambio climático y al maltrato que a diario tiene que soportar nuestros ríos, siguen teniendo vida, más vida si cabe que en otras épocas del año, entonces se convierten en testigos de seduciones y romances de machos y hembras que han conseguido llegar a sus destinos.

Es tiempo de amores y cortejos, diciembre y enero son sinónimos de apareamiento de los salmónidos, las primeras "pintonas" ya se encuentran en sus zonas de desove, en unos casos será en las cabeceras de los ríos y arroyos tributarios, en otros en sus cursos medios y bajos, cauces de montaña y de llanura donde tendrá lugar el ceremonioso ritual de la reproducción de las truchas leonesas.

"Las cristalinas aguas" del Torío, Curueño, Yuso, Bernesga, Dueñas, Luna, Valcarce, Burbia, Tuerto, Omaña, Boeza, Valderaduey, Tremor, Valdesamario, Sil, Eria, Duerna, Isoba, Orza, Cabrera, Cea. Esla, Porma, Sella, Porcos, Ancares, y... tantos otros ríos y arroyos que vertebran esta provincia de norte a sur, y de este a oeste, son todos marcos naturales de belleza incomparable, que nos permiten en estas fechas del año, disfrutar por unos días contemplando el fascinante espectáculo del desove de nuestras truchas.

En estas primeras semanas del invierno, generalmente los ríos no guardan ninguno de sus tesoros, ahora enseñan lo que realmente tienen, truchas bonitas como esmeraldas, en las que sobresalen sus libreas verdosas y amarillentas. Los grandes ejemplares que apenas se dejan ver durante el resto del año, pierden parte de su instinto de protección, aciéndoles más vulnerables a los depredadores, consecuencia del amor ciego a la llamada de la reproducción.
En estas circunstancias de alocamiento se comprende sea mayor la facilidad para el furtivo aproximarse a estos grandes ejemplares, no sólo porque la excitación de su estado les hace perder el recelo innato en ellos, sino porque además, con su gran tamaño delatan su presencia. Por desgracia esta época del desove es vista por algunos sin escrúpulos como una gran ocasión para capturar alguno de estos grandes ejemplares, que rara vez se dejan ver y mucho menos pescar.

Pocos depredadores del río pueden compararse con nuestros furtivos, implacable exterminador de truchas y más difícil de descartar que una plaga de topillos de campo. Personaje muy astuto, conocedor perfectamente del río donde actúa, un ser ingenioso para crear todo tipo de utensilios ilegales para capturar truchas, burlador de la ley y de la vigilancia, y un gran estratega para conseguir su propósito.  "A su paso camino del río, con ojos remostados de tragar vinazo, con sus alpargatas toscas, cansadas de aplastar la hierba dura y pisar terrones, va con gran esperanza de las nutridas redadas en los frezaderos serenos, de los repletos garlitos en las chorreras luminosas, de las innumerables sorpresas entre los cantos lisos. Lleva la red al hombro, la nasa reseca y panzuda abrazada por la cintura, el garlito de arcos de madera e hilo invisible pendiente de una mano y la cesta en bandolera, a su paso ladran los perros asustados y, cuando llega a su destino, las nutrias, armiñas y ratas abandonan los despojos de sus presas para volver temerosos a sus guaridas".
Los furtivos del resto del país son unos niños de teta comparados con los nuestros. Es el hombre que al echarse al río tiene recursos para todo, y si la redada con la garrafa en el frezadero ha sido prodiga con algún buen ejemplar entre sus redes, de sus labios se escapa una mueca de cínica satisfacción por el feliz resultado de su azaña. Pero no se altera por la emoción, ni por el ahogo de su esfuerzo, solo piensa en desnucar sus capturas y enrollar la garrafa, le queda aún por registrar las nasas que fabricó el mismo con varas de mimbre y que las colocó estratégicamente en los cañales, a unos metros de los distintos fregones del río.

Se ha llenado la cesta, algunas truchas hincan sus cabezas en la fresca hierba buscando respiro mientras sus elásticos cuerpos se contorsionan ante la falta de oxígeno que las agota, y si alguna extendida yace en el suelo, es porque perdió su vida ya en la húmeda boca del furtivo, que apretó sus agallas con los dientes, no para acortar su agonía, sino para no perderla.  Para el es una práctica casi diaria perseguir truchas.
Pesca destructora egercitada por hombres en cuya sangre se mezcla el elemento celtíbero y el árabe, residuo de razas heroicas y decadentes.  ¡ Que riqueza para un gran pueblo el leonés trabajada con cultura y con amor! Afortunadamente esta escena del furtivo profesional, en la actualidad se ha superado, aunque tal herencia parece que en cierto modo ha pervivido hasta nuestros días a tenor de lo que se escucha de sus correrías, incluso se ha revitalizado con la nueva Ley de Pesca. Ellos saben que no está bien lo que hacen, pero, ¡que reconcho!, para eso prohíbe la nueva ley de pesca de un modo terminante llevarse truchas de los tramos libres.

Pareja de truchas en pleno ritual reproductivo. 
Entretanto, a escasos centímetros de la superficie del agua empiezan a sonar tambores de guerra, se producen las primeras contiendas entre los machos generalmente más numerosos que las hembras, comienza la pugna por ganarse la compañía de la hembra reproductora. Los machos con más posibilidades de aparearse deforman ligeramente sus maxilares inferiores en forma de gancho, el cual emplean como arma de ataque en las disputas con otros machos, no es raro que alguno de los contendientes termine seriamente dañado, con señales de peleas por el cuerpo y cicatrices que atestiguan pasados enfrentamientos. Cicatrices, mordeduras y rasguños es el peaje que tendrán que pagar algunos para determinar la jerarquía genética. Las infecciones pueden encontrar un hogar en estas heridas, y no es raro ver las secuelas en sus cuerpos que en ocasiones pagarán con su propia vida.

Los machos más grandes hacen ostentación de poder, se aproximan unos con otros, hasta que de esta fase ritual pasan a la fase activa, observándose expectaculares persecuciones y continuos enfrentamientos por cubrir la dorada puesta de la hembra. En este escenario, el macho ganador se llevará la gloria, estableciendo así un orden jerárquico. Los ejemplares que no salgan airosos de estos combates y aquellos otros machos denominados "satélites" que durante todo el proceso de apareamiento han permanecido a cierta distancia, esperarán su oprtunidad y cumplirán un importante y necesario papel de actores secundarios.

La dorada puesta de la hembra. 
Las hembras, cuando las circunstancias se lo permitan, buscarán para sus nidos una zona soleada y oculta, de aguas someras poco profundas, de poca corriente pero bien oxigenadas, y suelo de arena salpicado de pequeñas piedras, esto permitirá una correcta filtración del agua en el nido y una adecuada oxigenación de las huevas, siendo la temperatura obtima de la misma entre los cinco y diez grados C.

Estas posibles ubicaciones de los nidos, provocará en muchos casos que los frezaderos estén en zonas potencialmente peligrosas de fácil arrastramiento por aumento repentino del caudal, y constantemente expuestos a las eventuales riadas invernales.

Las hembras presentan entonces su abdomen abultado por el aumento de los ovarios, desarrollando una papila genital muy prominente a la altura del ano por donde expulsará las huevas al exterior.

Las hembras harán todo el trabajo pesado, ellas serán las encargadas de escoger el lugar adecuado para hacer el nido, de hecho son ellas las primeras en remontar el río seguidas de los machos. El roce constante con las piedras y arena del lecho del río, hace mella en sus cuerpos al desaparecer parcialmente la capa protectora, permitiendo a los microbios atacar más fácilmente sus cuerpos, las lesiones más visibles son una vez más las causadas por infecciones bacterianas.

Un manto blanco cubre la dorada puesta de la hembra. 
Una vez elegido el lugar donde harán el nido, las hembras se ponen de costado y mediante enérgicas y rápidas batidas de la aleta caudal, sacuden las pequeñas piedras del lecho del río haciendo una "cama" donde posteriormente depositarán las huevas.

Estas zonas del río denominadas "fregones", quedarán entonces más claras diferenciándose del resto, siendo por tanto fácil localizarlas, especialmente para los astutos depredadores, entre los que destaca el desmán Ibérico, una prodigiosa criatura ligada a nuestros cursos fluviales sin contaminar, capaz de andar bajo el agua y de nadar con suma facilidad.

En los instantes previos a la puesta, la hembra permanece en posición arqueada con su aleta anal apoyada en el lecho, el macho cada cierto tiempo coquetea con ella, se aproxima, y mediante vibraciones de su cuerpo tratará de estimularla, juegos de seduciones que no tardarán en dar sus frutos. El momento cumbre se acerca, ambos ejemplares ponen sus cuerpos paralelos, completamente excitados con sus mandíbulas abiertas, la hembra entonces despide la vida que lleva dentro expulsando parte de las huevas, al tiempo que el macho hace lo propio con el esperma. Un manto blanco cubre el escenario durante unos breves Instantes, un baile nupcial de apenas unos segundos que dará comienzo a una nueva vida, a un nuevo ciclo vital, todo el esfuerzo realizado se resumirá en un efímero momento.

La fecundación sólo podrá ser posible en los segundos posteriores a la puesta. Los actores secundarios atentos en todo momento a los acontecimientos, también acudirán a expulsar el esperma, reclamando así su parte de protagonismo. La puesta de una hembra puede ser cubierta por el esperma de tres o cuatro machos, de esta manera se evita que las huevas queden sin fertilizar ante una posible esterilidad del macho dominante, es la ley de la Naturaleza.

Hembrión saliendo del huevo 
Embrión a punto de salir totalmente del huevo. 
Mediante el mismo sistema con que hizo la "cama", la hembra cubre las huevas para protegerlas de posibles peligros, descansará el tiempo necesario y volverá a repetir el proceso hasta que haya depositado todos los huevos que lleva en su interior. La segunda y sucesivas puestas las hará en nuevos nidos, generalmente delante del primero. Todos estos nidos hechos por una o varias hebras es lo que popularmente se conoce por "frezadero", y este proceso puede durar unos días, con más actividades a partir del mediodía.

Una vez la freza a finalizado, la hembra deja el nido o los nidos, y no se queda para defenderlos de posibles depredadores, abandona el lugar,  mientras los machos permanecen más tiempo, y si tienen la posibilidad frezarán con otras hembras.

Larva con el cuerpo transparente  (filiforme), y el saco vitelino. 
En condiciones normales, las hembras ponen entre mil y dos mil huevos por kilo de peso, pero un elevado número de ellos, al rededor de un noventa por ciento (90%), serán víctimas de crecidas y pasto de distintos depredadores entre ellos las propias truchas, y se estima que sólo el dos por ciento (2%) del resto llegará a su fase adulta.

El potencial reproductivo de una hembra está determinado por el número y calidad de sus huevas, y consecuentemente por el entorno donde vive y se alimenta. Los huevos grandes y sanos producen alevines fuertes que crecen y compiten mejor que otros por la comida y los recursos que ofrece el río.

El desgaste ha sido desmesurado, tanto machos como hembras descansarán tratando de recuperar fuerzas, permaneciendo aletargados pegados a los fondos de los grandes pozos o entre la maleza sin apenas alimentarse, será con la llegada de temperaturas más cálidas cuando aumente de nuevo su actividad.

Alevines pigmentados con restos del vitelo. 
Las pequeñas piedras depositadas por las hembras sobre las huevas, guardan y protegen con mimo una nueva generación de truchas que están a punto de nacer, aproximadamente dos meses dependiendo de la temperatura del agua, eclosionarán los pequeños embriones denominados "larvas". Estas "larvas" tienen un aspecto inicial bien distinto al que adquirirán días después, la cabeza es relativamente gruesa y el cuerpo es filiforme, osea con apariencia de hilo, en el que apenas se ven las aletas que son rudimentarias, y que en el vientre tienen un gran saco vitelino ocupado por un líquido anaranjado que contiene pequeñas gotas de grasa rojizas que son los restos del vitelo del huevo, y que poco a poco son reabsorbidos para atender las primeras necesidades alimentarias.

Estas larvas inicialmente son muy torpes, no nadan, y se mantienen en los lugares de alevinaje en reposo. A medida que transcurren los días, la cabeza se termina de formar, y las aletas están ahora más definidas, se engrosa el cuerpo al mismo tiempo que disminuye la bolsa con el vitelo, se hacen más activas realizando una natación cada vez más perfeccionada, y ya no se agrupan como al principio, al no ser que sean molestadas.

Alevin con algún resto del vitelo. 
Antes de la total reabsorción del vitelo, los alevines están ya muy pigmentados, pierden su transparencia, se oscurecen cada vez más, empiezan a nadar activamente, se disponen ya en contra de las suaves corrientes y buscan la luz. El alevin todavía con algún resto del vitelo tiene un comportamiento dirigido fundamentalmente a la captura de alimento que le ofrece el río, de esta manera es sustituido progresivamente el alimento procedente del saco vitelino.

Ya en la primera semana de haber comenzado la alimentación que les ofrece el río, comienza la ribalidad entre ellos, de tal manera,  que aquellos de mejor aspecto y más vigorosos, ocupan los espacios acuáticos que les ofrecen condiciones más idóneas, como son los que corresponden a las cabeceras de los remansos o entradas de aguas de algún reguero. Por el contrario, los alevines más pequeños y menos formados,  son relegados a los lugares no deseados por los demás, donde el agua suele estar menos oxigenada y más cargada de materiales en suspensión, como en aguas paradas.

Entre unos y otros, el río vuelve a llenarse de nuevas vidas, una nueva generación de truchas que deberán emular a sus progenitores, y tendrán que enfrentarse a todos los peligros que anteriormente sus padres superaron con éxito, deberán ser tan fuertes como ellos, tan listos y astutos como ellos, y tendrán la obligación de dar continuidad a su especie, y nosotros tendremos la obligación de velar porque todo el proceso de la reproducción transcurra en las mejores condiciones posibles con total normalidad, derribando si fuera preciso barreras infranqueables para facilitarlas el remonte, como son los puertos o azudes obsoletos o fuera de servicio, tendremos además la obligación de proteger y cuidar del medio donde viven. Un tesoro natural que estamos obligados a conservar y entregar a las nuevas generaciones futuras.

En tiempos de veda,  se puede igualmente disfrutar del río y de las truchas. 

Más allá de su pesca, podemos disfrutar de ellas todo el año, es solo cuestión de cambiar la caña por un bastón.
Para el aficionado que no cifre como única emoción la captura y posterior suelta del pez, para el que con ansia desea cada día aprender algo nuevo de las truchas, la época de reproducción es una buena ocasión. Estudiar su comportamiento y necesidades, nos ayudará a conocerlas y comprenderlas mejor, y a respetarlas como se merecen.

En la pesca deportiva de la trucha, (salvo  las competiciones), no es el objeto  a mi juicio  capturar el mayor número de piezas, aunque por desgracia se dé mucho este tipo de aficionado, que solo busca la cantidad, y si además puede, con comodidad y rapidez. Hay otros muchos lances que representan para el verdadero aficionado motivo de diversión, de interés, de aprendizaje y de recuerdos inolvidables, recuerdos que ningún dinero puede comprar, tiempos que han pasado con desolada rapidez, amistades entrañables que han soportado la prueba del tiempo, amaneceres y puestas de sol... Lances como seguir la reproducción de las truchas, donde el simple hecho de contemplarlas, nos hacen olvidar  frustraciones y desencantos de temporadas pasadas y frecuentemente con un remordimiento de conciencia pensar las matanzas que se hicieron en el pasado y se hacen en el presente de tan bello animal, que en estos frezaderos parece que las puso Dios para recreo de los sentidos.
Es el paisaje, el aislamiento que no la soledad, es la actuación personal, el olor a hierba recién cortada de los verdes prados.  Es el contacto y la convivencia con los demás animales que frecuentan los cursos fluviales, y con la propia Naturaleza de la que tanto se aprende en todo orden de ideas, es el reposo bien ganado después de un día duro de trabajo en que hemos puesto todas nuestras facultades físicas y mentales.

Para llegar a disfrutar de este bello deporte de la pesca, para lograr paladear los mil matices que son motivo de interés y de diversión, para conllevar con estoicismo y sin protesta las penalidades, las adversidades y aveces el aburrimiento, tendrás que ir amigo pescador provisto de algo sin lo cual será inútil cuanta buena voluntad pongas por tu parte, ese algo es una simple santa palabra que se llama AFICIÓN.